Artículo de • Publicado el 19/03/2013

1920-1930: La modernidad al poder. 1) Introducción

A modo de introducción, este es el primero de la serie de artículos centrados básicamente en la extraordinaria década de los años 20 del siglo pasado, y que tratarán del contexto en el que se desarrolló el jazz, el blues y el gospel, en una época de una emergente industria del espectáculo.

Foto de 1925 de una familia de Oregon reunida alrededor de la radio.

Foto de 1925 de una familia de Oregon reunida alrededor de la radio.

Vaya de aviso que la atención de estos recortes no se centrará en sus protagonistas, sino en el escenario en el que se desarrollaron sus actividades. De hecho se mencionarán muy pocos nombres propios, de manera que si uno está interesado en ampliar información sobre compositores, músicos, etc, deberá recurrir a los manuales o biografías que se disponen en el mercado o que están repetidos hasta la saciedad —con más o menos rigor— en los contenidos de la red.

Pocas décadas han experimentado novedades tan relevantes para el desarrollo de la música popular como la de 1920-1930 en EEUU, no sé si en general los aficionados somos conscientes de nuestra deuda con la actividad creativa de una sociedad que en esos años consolidó todo aquello que se venía cociendo desde hacía pocas décadas y se fijaron los fundamentos sobre los cuales se ha edificado el soberbio cuerpo de la música popular contemporánea, no solamente fue el producto del talento de unos cuantos hombres y mujeres osados e ingeniosos, sino también de toda una sociedad deseosa de que eso ocurriera. Esa sociedad estaba compuesta por descendientes de colonos europeos y descendientes de esclavos africanos, con la posterior incorporación de inmigrantes procedentes principalmente de Europa y en menor medida del resto del continente americano y sus islas.

Por supuesto esta extraordinaria aventura encajaba en el marco capitalista de la industria del entretenimiento y cultura del ocio, sus primeros rasgos modernos se acabaron de definir en esta década, y obviamente esta aventura tenía un carácter comercial, y si no hubiera contado con el favor del público consumidor que le daba sentido a ese mercado emergente, hoy la historia de la música popular hubiera sido otra. La necesaria participación de la industria —las multinacionales y todo eso— es percibida por muchos aficionados como el enemigo público nº 1 para el desarrollo de la música como un producto auténtico y de calidad, pero sin sus iniciativas es imposible imaginar qué hubiera sucedido, mi postura es considerar que todo lo que ocurrió, y todos los actores que intervinieron, fueron necesarios. Como dice el filósofo judío Woody Allen “Lo que es, es. Y ese es buen punto de partida”.

El desarrollo del blues, el jazz y el gospel en sus orígenes se produjo en un país muy concreto, EEUU, y los diferentes aspectos que se relatarán en los siguientes recortes fijan su atención en lo que sucedía en este país en esos años de principios del siglo XX, fundamentalmente entre 1920 y 1930. Es complicado poner en duda la enorme influencia de la música de raíz afroamericana en la música popular norteamericana, y por extensión en la del resto del mundo. Además de la música ligera imperante en EEUU que producían los autores de Tin Pan Alley, y la folklórica de tradiciones europeas de muchas regiones del interior, la materia principal de la música popular entrado el siglo XX fueron gospel, blues y jazz, tres géneros de raíces afroamericanas que perduran hasta nuestros días, y ellos serán el eje de los más de treinta recortes de texto que se publicarán bajo el título general de “1920-1930: La modernidad al poder” y que se estructuran de la siguiente forma:

1920-1930: La modernidad al poder (subrayados los recortes publicados, con enlace a su página.)
1) Introducción
2) Algunas cosas quedaban atrás
3) Minstrels y coon songs, una caricatura lamentable (I)
3) Minstrels y coon songs, una caricatura lamentable (y II)
4) Tin Pan Alley, factoría de éxitos (I)
4) Tin Pan Alley, factoría de éxitos (II)
4) Tin Pan Alley, factoría de éxitos (y III)
5) Con el ragtime la cosa empieza a teñirse de negro
6) El ocaso de Nueva Orleans
7) Viaje a La Tierra Prometida
8) La Tierra Prometida era de cemento
9) Primer destino: el South Side
10) Jazz en el negocio
11) El color del jazz
12) La síncopa desborda fronteras
13) Let’s dance!
14) El blues clásico en el negocio
15) Blues tradicional en el negocio
16) Grabando blues
17) La música religiosa negra, un mundo paralelo
18) Gospel en el cambio de siglo
19) Gospel en el negocio
20) Y el jazz continúa su viaje
21) Harlem: capital de Afroamérica
22) Caminos del piano jazz y del piano blues
23) Preparados… 3… 2… 1… grabando
24) El gramófono
25) La era moderna y la industria del disco
26) Por fin se graba a una banda de jazz negra
27) La era moderna y la industria del cine
28) La era moderna y la industria de la radio
29) Jazz en los años locos
30) Blues rural en los años locos
31) Y llegó el Jueves Negro

Tal como se ha apuntado, tanto el jazz como el blues y el gospel, estarán tratados aquí como fenómenos integrados en la industria del entretenimiento, sin perder de vista que la razón de su existencia responde fundamentalmente a una necesidad expresiva individual o colectiva, pero naturalmente vinculada a su tiempo, por lo tanto estrechamente relacionados con un contexto socioeconómico y unas condiciones tecnológicas determinadas externas a ellos, los artistas creativos, y son estos aspectos los que determinarán el enfoque de los textos que siguen.

A lo largo del viaje que emprendieron jazz, blues y gospel a principios del siglo pasado —y que felizmente continúa con suficiente vitalidad a día de hoy— experimentaron múltiples procesos evolutivos y transformadores diferenciados, a pesar de que se desarrollaron en escenarios próximos y que la influencia de uno sobre otro se producía con mucha fluidez. La opción de distinguir los tres géneros ayuda a comprender los complejos procesos que se produjeron, sin esa precaución es más complicado entenderlo, y sobre todo explicarlo, a pesar de que todo es música y que la distinción de géneros, en la que se insiste más de una vez a lo largo de estos textos, es simplemente un recurso para comprender, no para crear cajones mentales estancos. Si uno hace cajones estancos seguramente no ha comprendido nada, pero si no se aprecian las características diferenciales entre cada uno de los tres géneros, tampoco. En definitiva, jazz, blues y gospel son cosas diferentes, pero forman parte de lo mismo: música popular de raíz afroamericana.

Los nuevos estilos del jazz, blues y gospel que se sucederán a lo largo de los años no sustituirán a los anteriores estilos, de manera que la interpretación de la historia de la música cómo un proceso de perfeccionamiento en el transcurso del tiempo —es decir, cómo un progreso lineal a la manera de, por decir algo, la evolución de la tecnología— no es una idea compartida por el autor de este texto. Tampoco comparte con algunos aficionados al jazz moderno el principio de que “el verdadero espíritu del jazz se encuentra en las vanguardias”, y aún coincide menos con la defensa de otros aficionados al jazz clásico con el juicio de que “el verdadero jazz es el que se hacía antes”.

Acabo esta introducción aclarando que, a pesar de tener unos años, yo no viví en esta época (además no estoy seguro de que me hubiera gustado vivirla, por muy apasionante que fuera), y lo que explico no es producto de la inspiración divina, sino fundamentalmente de la consulta a una bibliografía que se reseñará al final del último capítulo por si a alguien le mueve la curiosidad de profundizar en algún aspecto. No todos los historiadores coinciden en sus interpretaciones, ante esas contradicciones y discrepancias, en este texto se ha optado por evitar hacer afirmaciones demasiado rotundas si la cosa no está clara, aunque alguna vez me he dejado llevar por intuiciones y me he inclinado por alguna versión que, o bien es la más compartida, o bien me ha parecido la más razonable, normalmente las investigaciones más recientes son las más rigurosas. Inventar, lo que se dice inventar, no lo he hecho, pero no he podido resistirme a poner un poco de pimienta totalmente inofensiva aquí o allá, espero que esta confesión no debilite la credibilidad de lo que se explicará a partir de ahora.

Mi agradecimiento a Ezequiel “Umba” Regidor por la riqueza de sus aportaciones y por soportar estoicamente la frecuencia de mis consultas, y a Alejandro “Rumeinia” Díaz por su inestimable asesoramiento en el capítulo dedicado al cine.

Gracias por haber leído hasta aquí, tengo alguna esperanza de que quién tenga la paciencia de leer alguno de los treinta capítulos que siguen a este, se lo pase bien.

© 2013 Tocho

 

Autor: Carles "Tocho" Gardeta

Nacido en Barcelona de toda la vida, varón de 1,78 mt de altura y de complexión normal. Especialista en proyectos sin futuro y en producciones totalmente improductivas. Entre sus numerosas habilidades se cuentan las de montar en bicicleta, comer con cubiertos o hacer click con el mouse. Perdidamente enamorado de la música cultiva el vicio de escribir sobre ella, a pesar de entrar en conflicto con su admirado Frank Zappa respecto a lo que este dijo sobre lo de escribir sobre música, que es tan absurdo como bailar sobre arquitectura.

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