Artículo de • Publicado el 09/04/2013

1920-1930: La modernidad al poder. 3) Minstrels y coon songs, una caricatura lamentable (I)

Primera de las dos partes que tratarán del fenómeno de los minstrels shows (espectáculos de juglares) cuya popularidad en los EEUU fue colosal durante más de setenta años.

Foto de la primera compañía de minstrels que debutó en el Bowery Amphitheatre de Nueva York en 1843. El banjo era imprescindible para darle el toque definitivo de música del Sur.

Foto de la primera compañía de minstrels que debutó en el Bowery Amphitheatre de Nueva York en 1843. El banjo era imprescindible para darle el toque definitivo de música del Sur.

Las compañías de minstrels divertían a los espectadores a partir de caricaturizar exageradamente a los negros del ámbito rural del Sur, interpretando números musicales y representando cuadros cómicos en los que se mostraba al afroamericano como un ser inferior, perezoso, de cortas entendederas y feliz de vivir como lo hacía. Los minstrels shows fueron el primer espectáculo musical genuinamente norteamericano.

Desde sus orígenes a principios de la década de 1830, hasta pasada la Guerra Civil y con alguna rara excepción, las compañías de minstrels que se fueron formando estaban constituidas exclusivamente por blancos que se pintaban la cara de negro exagerando la boca, a este tipo de caracterización se le llamaba blackface. Hasta más o menos la década de 1870 las compañías habían estado compuestas sólo por hombres, luego lentamente se empezó a incorporar algún personaje femenino coincidiendo con la formación de compañías negras. Estaban de gira permanente y habían tenido la oportunidad de dar a conocer algo de la música y el folclore del Sur a los blancos del resto del territorio, e incluso al público británico en Europa, incluida la música y los bailes de los esclavos negros de las plantaciones, aunque la torcida contextualización de esos espectáculos era la menos adecuada para difundir esa cultura. Básicamente estas representaciones eran un instrumento que fortalecía, con un notable componente paternalista, el racismo imperante.

Anuncio en un periódico local de la actuación de dos días de una compañía de minstrels.

Anuncio en un periódico local de la actuación de dos días de una compañía de minstrels.

En la década de los años 20s del siglo XX las compañías itinerantes de minstrels estaban en franca decadencia, quedaban pocas en actividad. A este género le llegaban sus últimos días después de una trayectoria de setenta u ochenta años de una popularidad extraordinaria, sin embargo alguna compañía continuó su actividad hasta los años 50s. Desde principios de siglo los espectáculos de music-hall, las comedias musicales y las populares compañías itinerantes de teatro de vodevil, fueron sustituyendo progresivamente al espectáculo de los minstrels, cada vez menos adecuado a los nuevos tiempos, a pesar de que existían compañías con un espectáculo realmente sofisticado.

Un poco de historia

 Grabado de la época que representa a Thomas Dartmouth “Daddy” Rice haciendo de Jim Crow.

Grabado de la época que representa a Thomas Dartmouth “Daddy” Rice haciendo de Jim Crow.

Sus orígenes se sitúan muy poco antes de principio de la década de los años 30s del siglo XIX cuando un actor blanco, nacido y residente en Nueva York, maquillado de negro empezó a tener mucho éxito animando el entreacto de las representaciones teatrales con un número en el que imitaba cómicamente a un negro esclavo, viejo y cojo, y su peculiar manera de moverse, hablando con el lenguaje de los negros de las plantaciones del Sur, cantando y bailando. Eso divertía mucho al público, y el número fue muy imitado, aunque el recurso teatral de maquillarse de negro era bastante anterior. El nombre que le puso su exitoso creador, Thomas Dartmouth “Daddy” Rice, a este personaje fue Jim Crow. Años más tarde el conjunto de leyes segregacionistas fueron conocidas con este nombre, leyes Jim Crow.

Más tarde, a partir de esa fórmula se formaron grupos constituidos por varios animadores de cara pintada (blackfaces) que tocaban instrumentos, cantaban, bailaban y hacían diálogos cómicos, siempre haciendo caricatura de los esclavos sureños.

En la década de 1840 ya habían compañías con una aceptación popular extraordinaria que basaban todo su espectáculo en el desarrollo de esta fórmula. Estas compañías de actores blancos que se maquillaban de negro y hacían parodia burlesca explicando chistes, bailando, tocando instrumentos sureños y cantando haciendo imitación grotesca de lo que veían y escuchaban de los esclavos en sus viajes a las lejanas plantaciones del Sur, efectuaban interminables giras por los estados del Norte.

Colorido cartel litográfico de una famosa compañía blanca de minstrels black face.

Colorido cartel litográfico de una famosa compañía blanca de minstrels black face.

No era frecuente, pero años antes de la Guerra Civil (1861-1865) empresarios blancos también habían formado alguna compañía de artistas negros libres —recordemos que en los estados del Norte la esclavitud fue abolida bastante antes que en los estados del Sur—, incluso alguno de estos artistas negros se había hecho muy famoso.

Después de la Guerra, cuando los afroamericanos podían ir al teatro aunque fuera ocupando las últimas filas, en estos innumerables vaivenes que se daban entre la música de los blancos y la de los negros, alguna canción que los minstrels blancos de cara pintada habían tomado de los negros, transformándola para hacerla suya, se hacía popular entre los negros, y estos a su vez la interpretaban a su manera por lo que, en estos frecuentes viajes de ida y vuelta, las canciones sufrían mutaciones que las hacían diferentes a las originales. Son enormes las influencias que se producían en los dos sentidos, este era un proceso genuino de la música popular de los EEUU, y el producto final no era de tradición europea ni africana, sino que era indiscutiblemente norteamericano.

A partir de 1865, con la abolición de la esclavitud, avispados empresarios blancos, y también emprendedores afroamericanos, formaron compañías con auténticos negros que, para más inri, se maquillaban tiznándose la cara con polvo de carbón, betún o corcho quemado, para que no hubiera dudas de que estaban representando a un negro, imitando a los blancos en sus imitaciones burlescas de los negros, con el resultado de un bonito bucle que era lo que los blancos esperaban que hiciera un negro. De lo que no se daba cuenta el blanco es que el negro, en parte, hacía mofa de la miope visión que de ellos tenían los blancos.

Compañía de minstrels negros. El personaje que está arriba en el centro seguramente es el propietario de la compañía, y se diría que es blanco. Es de destacar el subtítulo del nombre de la banda: Readers Jazz Band.

Compañía de minstrels negros. El personaje que está arriba en el centro seguramente es el propietario de la compañía, y se diría que es blanco. Es de destacar el subtítulo del nombre de la banda: Readers Jazz Band.

Entrado el siglo XX este género, que había sido tan inmensamente popular durante décadas, estaba siendo sustituido por el glamuroso espectáculo itinerante del teatro de vodevil, que eran espectáculos de variedades en los que participaban músicos, cantantes y grupos de bailarinas de buen ver, cómicos, magos, acróbatas, animales amaestrados… podían incluirse breves conferencias de personajes ilustres, e incluso llegaban a proyectarse cortometrajes para intentar contrarrestar la incipiente competencia del cine en un inútil ejercicio de supervivencia, porque cuando poco más tarde el cine empezó a ofrecer diálogos hablados, acabó con el vodevil. Este género heredaba algunas de las características del espectáculo de los minstrels, incluso podía incluir algún número de blackfaces, pero ya no se estructuraba con el esquema de tres actos, ni todos los números estaban basados en poner el acento en la descripción del negro como un ser limitado y contento con su condición, y ganó protagonismo la presencia femenina que era excelentemente bien recibida por el espectador masculino.

El primer espectáculo musical afronorteamericano

Ya a finales del siglo XIX las compañías negras de minstrels ofrecían un espectáculo con diferencias sustanciales respecto al de los blancos pintados de negro, sobre todo en el repertorio musical y en la manera de bailarlo, pero continuaban practicando el tradicional humor exageradamente autoparódico con personajes estereotipados marca del género, aunque introducían elementos de burla sutil a la sociedad blanca, por ejemplo podían hacer parodia de un cuadro operístico. La música que se escuchaba en esos espectáculos negros era raro que correspondiera a cualquier expresión auténtica del negro norteamericano, pero no imposible, porque algún blues, canción de trabajo (work song), o espiritual tradicional se colaba por ahí en medio.

Anuncio en yn diario de una reducida compañía de minstrels negros

Anuncio en un diario de una reducida compañía de minstrels negros

Los espectadores blancos apreciaban muy positivamente las habilidades escénicas de los artistas negros que atraían a tanto público como las compañías blancas, y los salarios de los artistas negros era muy inferior al de los artistas blancos, de manera que al ser más rentables era frecuente que compañías de éxito, fundadas por iniciativa de afroamericanos, fueran finalmente compradas por un empresario blanco. Las compañías de empresarios blancos tenían más fácil la integración en el circuito del negocio del espectáculo que las compañías regentadas por afroamericanos, lo que provocaba que la competencia entre compañías de empresarios blancos y negros fuera muy desigual.

Había una amplia gama de compañías que se hacían la competencia por la misma audiencia. Podían ser compañías grandes con más de quince músicos en la banda y otros tantos artistas, o más, que ofrecían su espectáculo con un alto grado de sofisticación en escenarios de lujosos teatros, con estrellas muy populares, conocidas en el circuito con larga vida profesional, y que en sus interminables giras dormían más o menos confortablemente en hotel. Alguna gran compañía profesional de este tipo hacía giras por Europa estableciendo su base en las Islas Británicas, con espectáculos más refinados en los que sólo se pintaban la cara de negro los artistas cómicos. También en Australia el género gozó de popularidad. Era excepcional, pero hubo una compañía que superó los cien integrantes en sus actuaciones en la ciudad de Nueva York.

Compañía rural de minstrels negros.

Pequeña compañía independiente de ámbito rural de minstrels negros.

Pero por el país circulaban muchas pequeñas compañías en un número mayor que las compañías grandes, tan pequeñas que incluso contrataban a músicos locales para completar su orquesta fija que podía estar constituida solamente por dos o tres músicos. Estas pequeñas compañías no viajaban con el fasto de las grandes, podían actuar en tabernas y en circos, muchas veces tenían que acondicionar un establo, una escuela o cualquier tipo de local para su actuación, y cuando acababan la representación dormían allí mismo… si les dejaban, porque si eran negros cabía la posibilidad que tuvieran que salir corriendo ante la agresividad de los racistas blancos locales. Paradójicamente los minstrels tenían éxito incluso entre el público afroamericano, sobre todo los espectáculos de estas compañías más pequeñas. Los minstrels eran tan populares que también grupos totalmente amateurs montaban funciones más modestas que representaban puntualmente en el ámbito de familia, amigos y vecinos.

Una buena cantidad de músicos que habían empezado profesionalmente en el ámbito de los minstrels encontraban trabajo en el teatro de variedades o se incorporaban a alguna de las innumerables orquestas de baile que se formaban en esa época. Las compañías de minstrels fueron una buena escuela para muchos músicos, algunos de ellos llegarían a ser primeras figuras del jazz, incluso no pocos bluesmen se foguearon profesionalmente en alguna de estas compañías.

© Carles “Tocho” Gardeta, 2013

 
1920-1930: La modernidad al poder (links a los capítulos publicados)
1) Introducción
2) Algunas cosas quedaban atrás
3) Minstrels y coon songs, una caricatura lamentable (I) (que es donde estás ahora)
3) Minstrels y coon songs, una caricatura lamentable (y II)
4) Tin Pan Alley, fábrica de éxitos (I)
4) Tin Pan Alley, fábrica de éxitos (II)
4) Tin Pan Alley, fábrica de éxitos (y III)

Autor: Carles "Tocho" Gardeta

Nacido en Barcelona de toda la vida, varón de 1,78 mt de altura y de complexión normal. Especialista en proyectos sin futuro y en producciones totalmente improductivas. Entre sus numerosas habilidades se cuentan las de montar en bicicleta, comer con cubiertos o hacer click con el mouse. Perdidamente enamorado de la música cultiva el vicio de escribir sobre ella, a pesar de entrar en conflicto con su admirado Frank Zappa respecto a lo que este dijo sobre lo de escribir sobre música, que es tan absurdo como bailar sobre arquitectura.

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