Artículo de • Publicado el 21/03/2011

Abbey Lincoln (1/4): nacimiento de una cantante de jazz

Cantaba en night clubs de Michigan, California y Hawai y grabó su primer álbum con 26 años. Así empezó la cantante, compositora, actriz, escritora de teatro y poesía, y comprometida políticamente, que abrió nuevos caminos al jazz vocal.

El de Abbey Lincoln es un caso particular dentro de los músicos de jazz. Se la tiene por una de las más grandes cantantes de los años sesenta en adelante, pero lo cierto es que su carrera se desarrolló de manera notablemente irregular, vertebrada en torno a dos polos separados por 25 años: la segunda mitad de los cincuenta y primeros sesenta en que surgió, desarrolló su estilo y alcanzó una notoriedad relativa, y de los años noventa en adelante en que, al abrigo del sello Verve, vivió una dorada primavera discográfica tan interesante y sólida como acomodada. Entre esos dos periodos Lincoln grabó de manera escasa y discontinua. Así, resulta curiosa la altísima consideración de que goza, ese estatus de gran dama del jazz: la pobre apenas pudo desarrollar su carrera con un mínimo de coherencia y continuidad.

Abbey Lincoln nació Ana Marie Wooldridge el 6 de Agosto de 1930, en Chicago, y falleció el pasado verano, el 14 de Agosto, en su casa en Manhattan. Dejemos que ella misma nos cuente algo de su infancia.

“Soy la décima de doce hermanos. Mi padre tuvo con mi madre los seis últimos. Él construyó la casa donde yo nací y crecí. También nos consiguió un piano, ya que mi madre solamente trabajaba en casa, cuidando de nosotros. Ella era muy espiritual. Y muy hermosa. Ya me permitían sentarme al piano con cinco años. Antes de esa edad no sentí curiosidad por él. Mis padres nunca me dijeron: “Anna Marie levanta del piano” o “Anna Marie toca el piano”. Me dejaron a mi aire en ese sentido. Mi propio espacio. Y mis hermanos y hermanas no me molestaron jamás. No se atrevieron.”

Huyendo del frío

AbbeyStar

Ella decía que se marchó de Chicago huyendo de sus ásperos inviernos: primero se trasladó a California, más tarde (con solo 22 años) a Honolulu, donde permaneció más de un año cantando en clubes nocturnos. De vuelta en California conoció al letrista Bob Russell, que se convirtió en su manager y la rebautizó Abbey Lincoln (en homenaje a la Abadía de Westminster y al presidente Abraham Lincoln, nada menos).

“Yo era una chica bonita, decían. Sexy sepia. Mi manager me consiguió un papel en la película The Girl Can’t Help It (1956), donde aparecí con un vestido que Marilyn Monroe había utilizado en Gentlemen Prefer Blondes. Me metieron en aquel vestido. Aquello no era lo mío. Roach me salvó de aquello también. Me dijo “Abbey, no me gusta ese vestido”. Porque giré con él más adelante. Tuve la posibilidad de ser una glamurosa y sexy reina negra, como Billie Holiday lo había sido.”

Affair

Probablemente todo eso no era para Abbey, pero es indudable que una vida de luminoso glamour, algodón y oropeles hubiese sido posible para ella si así lo hubiese querido (o consentido). Sus ambiciones eran otras, pero uno escucha su primer disco y contempla imágenes suyas de entonces y comprende que algún pez gordo del mundo del espectáculo estuviese frotándose las manos ante la perspectiva. “Abbey Lincoln’s Affair, A Story of a Girl in Love” (Blue Note, 1956), ese primer disco, es una melosa pero convincente colección de baladas arropadas por una nutrida orquesta, y arreglada por gente como Jack Montrose, Benny Carter y Marty Paich.

“Billie Holiday. Ella cantaba acerca del mundo en que vivía. No era falsa. Y no trataba de tener una buena voz. Simplemente decía a todo el mundo cómo eran las cosas. Nos decía cómo eran las cosas. Era fácil escucharla. No tenías que preocuparte acerca de las notas que cantaba.”

Y ciertamente es fácil detectar la influencia de Billie Holiday en el estilo vocal de Lincoln: perviven en él el dramatismo, la oscuridad, la brevedad expresiva, el esfuerzo por transmitir musicalmente la letra cantada, por espesarla, por llenarla de un componente físico, de volumen… si bien Lincoln es una cantante mucho más elegante y no transmite la angustia vital de Holiday. Podríamos definirla como un cruce más o menos equilibrado entre Billie y Dinah Washington. Lincoln tiene un timbre dulce y hermoso, inconfundiblemente negro, y se expresa con una llana contención que no esquiva en ocasiones valerosos giros vocales.

Persiguiendo un sueño: la etapa Riverside

En 1957 Lincoln se trasladó a New York en pos de su anhelo de introducirse en el mundo del jazz menos domesticado. Lo logró tras encandilar al baterista Max Roach durante una actuación en el Village Vanguard: él le abrió las puertas de ese mundo, y la conciencia a las preocupaciones sociales y políticas que tanta importancia tuvieron en el futuro de ambos… se convirtieron en una pareja fulgurante del jazz y de la lucha por la consecución de los derechos civiles, y participaron activamente en esa lucha junto a otros músicos como Charles Mingus, John Coltrane o Sonny Rollins.

Grup3DiscosOK

Los siguientes tres discos de Lincoln aparecieron en el sello Riverside y se grabaron con grupos pequeños, formados por buena parte de la élite del hardbop: Sonny Rollins, Kenny Dorham, Wynton Kelly, Philly Joe Jones, Paul Chambers, Max Roach… Se trata de tres magníficas colecciones de canciones en las que Abbey, más que refinar un estilo que estaba ya bastante consolidado (aunque, como veremos, también hubo algo de eso), lo que hizo fue confrontarlo con un envoltorio musical infinitamente más excitante y elástico. Así, “That’s Him” (Riverside, 1957) está dominado a partes iguales por los pasajes vocales y por las hermosas e imprevisibles improvisaciones de Rollins y Dorham (se puede escuchar en Spotify); en “It’s Magic” y “Abbey Is Blue” (Riverside, 1958 y 1959 respectivamente), en cambio, esas intervenciones solistas escasean en beneficio de una mayor atención a los arreglos (se pueden escuchar en Spotify, aquí y aquí).

“That’s Him” se asemeja, en cierto modo, a una blowin’ session con vocalista y, en ese sentido, resulta bastante convencional (si bien no deja de ser una gozada escucharlo… mucho ojito a las intervenciones de Rollins); los otros dos discos muestran mayor afán investigador, especialmente “Abbey Is Blue”, para un servidor el más atractivo del lote (aunque lo afea bastante el eco presente en una de las sesiones que lo conforman), que contrasta vivamente con el sonido limpio y fino de las otras.

¿Y Abbey? En estas grabaciones asistimos a una evolución sin estridencias, pero constante: por un lado, siguiendo la senda abierta 25 años antes por su adorada Billie Holiday, cada vez se adueña de manera más rotunda de los textos que interpreta; por otro continúa ahondando en ese estilo contenido pero misteriosamente expresivo, apoyado en su timbre indeciblemente hermoso; por último, empezamos a percibir en su prestación un franco alejamiento del purismo vocal, un amago de controlada disonancia, algunos discretos jugueteos rítmicos, la búsqueda de una expresión más franca y pura que pervierte la pureza de su dicción y la vuelve misteriosamente negra… todo ello fructificaría en breve de manera mucho más poderosa, pero ya en esta breve etapa Riverside aparece y se desarrolla.

© 2011 Ricardo Arribas

Citas extraídas de una entrevista de R. J. DeLuxe, publicada en Enero de 2004 en All About Jazz

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Ir al capítulo Abbey Lincoln (4/4): la etapa Verve

Autor: Ricardo Arribas

Nacido en 1972, 44 añazos ya, ha pasado la mayor parte de ellos disfrutando y aprendiendo con la música, si le preguntas te dirá que incluso entendiendo, a través de ella, un poquito mejor cómo funciona el mundo. El hecho de gozar con músicas no siempre mayoritarias le llevó con el tiempo a descubrir otro placer muy especial: escribir acerca de la música, tratar de transmitir y compartir con otros aficionados las sensaciones que le provoca, escuchar con oídos distintos tras haber escuchado/leído las que provoca en ellos... Y en esas anda.

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