Artículo de • Publicado el 20/06/2011

Benoît Delbecq: Un gran pianista de un pequeño planeta

Piano, madmacs and 9volt. Undocile jazz, beats, and more. Eso es lo primero que uno encuentra en su página web, y lo que mejor lo describe: un pianista aficionado a la electrónica y al jazz menos fácil, que además construye beats, y más cosas.

Un ¿típico? pianista europeo

IlustracionJorgeNacido en 1966, Delbecq es aparentemente un músico como muchos otros de su país, de su generación y de su continente, con una formación y un conocimiento profundos de la música clásica contemporánea. Además su dominio de todas las formas del jazz moderno, desde el post bop al free jazz y la libre improvisación, es absoluto. Sus primeros encuentros con grandes figuras fueron los habituales para un músico de este estilo: leyendas del free europeo como Evan Parker, Wolfgang Puschnig o Derek Bailey, músicos más jóvenes de vanguardia como Louis Sclavis o Marc Ducret, y americanos expatriados en Europa como Steve Lacy o Michael Moore. Pero al contrario que otros jóvenes interesados en el avant-garde, no se limita a la vertiente clásica y acústica de esa música. Como los ingleses Steve Argüelles y Django Bates, con los que colabora desde los primeros noventa, también experimenta fusionando el jazz más libre con la electrónica y otras músicas. Formó el Hask Collective en 1992, y más o menos desde entonces ya tocaba con Argüelles en Painting y Kartet, dos cuartetos bien distintos.

Estos grupos renovaron notablemente la escena parisina de principios de la década, dinamitando las fronteras entre el free, el post bop y la fusión. Poco después forma un explosivo trío con Argüelles y el guitarrista Noël Akchoté, The Recyclers, con un sentido del humor y un desparpajo muy alejados de la seriedad (¿o pseudo-intelectualidad?) de la mayoría de la vanguardia. Este grupo en cierto modo recuperaba aquella divertida actitud de la discográfica NATO en los ochenta, cuando el free europeo aún tenía una energía que se echa de menos en los últimos treinta años de esa música. En el trío Delbecq ya destacaba poderosamente por su flexibilidad absoluta, y una capacidad rítmica inusual, que se asociaba de maravilla con la extraña concepción rítmica del batería, que parecía inspirarse más en beats electrónicos y del hip hop que en la tradición del jazz.

África

1MicMac

Si su temprano encuentro con Argüelles lo marca como un pianista de una vanguardia diferente, el conocer a otro gran batería y percusionista con una técnica tan poco habitual como la del inglés lo terminaría de definir como músico. Emile Biayenda es un extraordinario músico del Congo, establecido en Angoulême, desde donde dirige su formación de percusionistas Les Tambours de Brazza. Es también el batería y percusionista de Jazz Mic Mac, una banda dirigida por Serge Adam, que también toca con Delbecq en el grupo Les Amants de Juliette. Biayenda es un batería absolutamente atípico, con un sonido mucho más basado en el de los tambores de su kit que en los platos. El chabadá o ritmo de swing aparece menos de lo habitual en su toque, mucho más definido por unos beats simples, cortos y repetitivos pero llenos de sutilezas. No se limita, como otros baterías africanos, a crear ritmos potentes y novedosos; es un mago del sonido, capaz de extraer delicias de platos y parches, a menudo con múltiples efectos como “frottages” o el utilizar todo tipo de alternativas a sus baquetas, o incluso a los elementos habituales de la batería. No es extraño verle sustituir la caja por una calabaza flotando en agua, o cualquier tom por algún pequeño tambor africano de cualquier tipo. Delbecq busca su inspiración claramente en la música hipnótica del oeste y el centro de África, particularmente en la de Mali y Níger, por lo que no es de extrañar su afinidad con un músico así. Delbecq es también miembro de Jazz Mic Mac, y Biayenda el batería habitual de los últimos grupos del pianista.

2Waraba

Otra gran asociación es la de Delbecq con Jean-Jacques Avenel, un músico conocido por su larga asociación con Steve Lacy. El contrabajista es otro enamorado de la música africana, y de hecho, su única grabación como líder, Waraba, la dedicó a una fusión muy lograda de la música del oeste de África con el jazz de vanguardia. Delbecq fue su productor, y aportó a la grabación esa extraña concepción sonora que ha ido desarrollando con Steve Argüelles. Escuchando ese disco está claro que el interés de Delbecq y Avenel por esta música no es anecdótico, ni su conocimiento de la misma nada superficial. El resultado es una fusión que suena con una lograda mezcla de respeto y curiosidad.

Su música

El pianista francés es un absoluto original, con un lenguaje totalmente personal nacido de sus diversos encuentros y experiencias. Sus motivos cortos se van entrelazando en armonías muy libres, tan fáciles de relacionar con el jazz más moderno de compositores muy avanzados como Andrew Hill o Herbie Nichols, como con la música también armónicamente muy rica de los griots de Níger, Mali y Senegal, o la música minimalista. Sus ritmos repetitivos, simples pero de una enorme riqueza, recuerdan tanto a la música africana como al hip hop o la electrónica más abstractos. Sus líneas melódicas e improvisaciones son de una fría pero elegante belleza, que cuando deja que su piano suene de forma natural recuerda de nuevo a Hill, a Nichols o a Sonny Clark, pero también al misterioso sonido de Thelonious Monk. Otras veces altera el sonido de su instrumento para que suene como una kora, un n’goni o un guimbri, e incluso, mediante pellizcos de sus cuerdas interiores o el uso de la electrónica, para que suene como un instrumento de percusión, con una variedad ilimitada.

En un disco o un concierto de Delbecq podemos escuchar cosas que nos recuerden a Ligetti, Dutilleux, Cage, Reich, o a cualquier compositor clásico. También se escuchan ecos de los grandes músicos de jazz de cualquier época, desde Ellington hasta Ornette, Anthony Braxton o Matthew Shipp, pero su personalidad única consiste en aglutinar todo en una visión del jazz moderno, música de vanguardia, o lo que sea que toque, como algo mestizo, lleno de influencias, bien contaminado por todo tipo de fusiones. Su música es extremadamente abierta, pero nunca difusa, ya que su otra característica es su rigor igualmente extremo.

Sus discos

3PursuitEmpezó a grabar muy pronto, a mediados de los noventa, con Aka Moon, Marc Ducret, The Recyclers, Kartet, Les Amants de Juliette, pero también enseguida como líder. Su primer proyecto, Pursuit, lo grabó con su Unit 5, un quinteto con los clarinetes del canadiense François Houle y el estadounidense Michael Moore, y Avenel y Argüelles como rítmica. Con un aire muy cinematográfico, esta primera grabación para Songlines aparecida en el 2000 demostró su maestría del contraste entre las ligeras líneas de los dos clarinetes y ritmos que sonaban como auténticos beats. Ya estaban ahí también unos solos muy personales y libres, combinados con un equilibrio entre estructura e improvisación que lo situaban como un músico post free muy interesante.

45DiceNuApenas dos años más tarde, en 2001, se publica el disco de su dúo con Houle, con un concepto más cercano al de la música de cámara. Dice Thrown es una preciosa secuencia de viñetas, a menudo minimalistas, que sirven al pianista para explorar las posibilidades de la alteración del sonido de su piano mediante la electrónica, como sostén rítmico. Esas características, así como la enigmática belleza de sus composiciones, encajan a la perfección en sus grabaciones en solitario, o casi. Al año siguiente Songlines publica su primer disco en ese formato, Nu-Turn.

67PianobookAmbiPlush edita otra grabación con Argüelles complementando con sus efectos electrónicos en estudio el piano de Delbecq, Pianobook. Tanto el “solo” de Nu-Turn como este “falso solo” demuestran su capacidad para convertirse en especialista, y su música suena como algo a la vez dentro y fuera del jazz, una nueva y fascinante forma de in & out. En el 2006 repetirá el experimento con Argüelles alterando su sonido de estudio en otro gran disco, Ambitronix 9volt Trippin’, en el que su piano se enfrenta en otro dúo a la batería y los samples del inglés para profundizar en sus ideas sobre la electrónica y los beats.

8PhoneticsPhonetics, publicado por Songlines en el 2005, es un paso adelante más. Su Unit la forman aquí el saxo de Mark Turner, la viola de Oene Van Geel, el gran contrabajista Mark Helias y, por primera vez, Biayenda a la batería. Es un disco de madurez, donde su interés por la música africana se manifiesta con fuerza, como lo hace la afinidad con el congoleño. Ese mismo año el pianista produce el disco de Avenel haciendo música africana, con lo que el círculo parece cerrarse, ya que muy pronto comienzan a actuar en trío, y a demostrar que juntos podían lograr algo fuera de lo normal, ya que su conexión era absoluta y excepcional.

10WhereIsEl francés no descansa, así que sus colaboraciones no son interrumpidas por su carrera como líder. En el 2007 Kartet publica su mejor disco, y sus experimentos con otros músicos aparentemente menos afines generan colaboraciones en discos de músicos de post-rock como Katerine y Ashley Slater, una cantante francesa de bossa, Helena, o un colectivo electrónico, Poolplayers. Su dúo con Houle desemboca en una colaboración de ambos con el inglés Evan Parker, que así rejuvenece notablemente su música algo estancada en una vanguardia de hace cuarenta años. También se encuentra con otros músicos de la libre improvisación europea en el quinteto transatlántico del batería Bobby Previte. En Canadá esta vez graba en el año 2008 otro gran dúo en el Banff Centre con un músico que tampoco parece a primera vista su colaborador ideal, Andy Milne, y el resultado es de lo más efectivo. Sus pianos intiman hasta lo obsceno, y el francés aporta sus experimentos sonoros a una mezcla muy resultona. Su genial título, Where Is Pannonica?, resume muy bien las ideas que tan bien encajan de dos músicos aparentemente tan distintos.

El díptico perfecto

1112SixyhJumpDurante ese año y el siguiente se decide a grabar dos discos inseparables, que aparecerán simultáneamente en el mercado en el 2010. The Sixth Jump y Circles and Calligrams son dos obras maestras, indisociables a pesar de estar hechas una con su trío con Avenel y Biayenda, y la otra en solitario, aunque ambas en estrecha colaboración con Argüelles, que hace labores de productor, ingeniero de sonido y manipulador del mismo. En el disco en trío las composiciones son del pianista o colaboraciones con diversas combinaciones de los otros tres músicos que aportan sus ideas, incluido el propio Argüelles. Aún así, el resultado es de una gran unidad estilística, y se va escuchando como una suite llena de matices y contrastes entre sus intrincadas armonías y sus ideas de partida, muy libres, para que los tres músicos desarrollen improvisaciones sin ataduras, pero encajadas a la perfección en la estructura de los temas. De la misma manera que la música africana de algunos expatriados del apartheid refrescó el free jazz europeo en los sesenta y le dio una identidad diferente del original americano, los ritmos inspirados en el oeste del continente hacen de la música de Delbeq algo muy distinto del resto de la vanguardia europea. Como Joaquim Kühn, que ha encontrado en la magia del nagwa de Maggid Bekkas una fuente de inspiración en esta última década, el francés (que también ha grabado con Bekkas con Les Amants de Juliette) consigue una nueva forma, fresca y original, de crear música libre. Su mirada hacia el África ancestral no es un vistazo que genere postales o fusiones superficiales, es la de una gran músico en busca de una inspiración en lo mestizo que es parte del ADN del jazz desde sus orígenes.

Lo que hace a este trío realmente especial es la función absolutamente nueva que asume cada uno de sus tres miembros en todo momento. Avenel, un enamorado de los n’gonis y la kora (que toca muy bien en otros discos), liberado en algunos pasajes de establecer la línea de bajo-Delbecq la crea con el sonido alterado de lo que sale de su mano izquierda, se centra en repetir unas hipnóticas figuras en las que su contrabajo recuerda tanto a esos instrumentos como al guimbri de los gnawas. Biayenda, también exento de mantener el tempo en algunos momentos, transforma su kit en un melódico instrumento de percusión, o se dedica a aportar a la armonía de los temas su contribución propia y original. El líder juega a todo y nada, dejando espacio a sus colaboradores unas veces, otras asumiendo, incluso dentro de sus solos, la función de crear por sí mismo toda la sección de ritmo como una nueva especia de pianista, tocando una versión futurista de stride, que a la vez suena al África ancestral.

BenoitRetratoDesde la aparición de Thelonious Monk, que definió el sonido de los tríos modernos de piano, y de Ahmad Jamal, con su concepción orgánica del formato, la gran revolución de este tipo de formaciones fue la idea de Bill Evans de hacerlos funcionar como una auténtica cooperativa de ideas. Desde entonces, allá por 1959, nos empeñamos cada cierto tiempo en descubrir alguien que está renovando esas ideas, pero en realidad lo que los pianistas más modernos hacen, desde Cecil Taylor y Paul Bley hasta los de hoy, es adaptar el lenguaje de la improvisación libre a las funciones establecidas a partir de estas tres ideas en sus tríos. Delbecq, Avenel y Biayenda hacen algo muy diferente. Delbecq, al tocar con su piano manipulado como si estuviese solo, recuerda en parte a lo que Sonny Rollins creo a mediados de los cincuenta, al asumir él mismo la función de sección rítmica, liberando a los que le acompañaban y abriendo una puerta a un sonido radicalmente diferente de los contrabajistas y los baterías.

El resultado es espectacular, y cuando uno lo compara con la paralela y no menos espectacular grabación en solitario, la claridad de lo que este músico propone se manifiesta de forma atronadora. En esta otra grabación, todos los temas son suyos, menos una bonita interpretación del Flakes de Steve Lacy, reivindicación de la originalidad del saxofonista soprano como compositor. Aunque sus dos colaboradores no estén ahí, los ritmos de partida siguen siendo los mismos, y su música no suena como una versión simplificada de la del trío. Sus melodías modernas, afiladas, líricas dentro de lo cerebral de su concepción armónica, suenan con mayor belleza. Las referencias a toda la gran música del siglo pasado están por todas partes: el jazz en todas sus formas, desde el Harlem de los pianistas de stride o la Nueva Orleáns de Morton hasta la vanguardia neoyorquina o el Chicago de la AACM, pero también toda la rica tradición de la música clásica contemporánea.

Son dos discos magnéticos y fascinantes, dos viajes al universo de un músico que logra representar este mundo global y mestizo como pocos artistas de la actualidad en cualquier disciplina. Nos hartamos de hablar, sobre todo en esta Europa donde últimamente aparecen casi cada mes nuevos grandes intérpretes de piano, superdotados, supercultos y muy inquietos y ambiciosos, de “pianistas para pianistas”. Delbecq es mucho más: un auténtico artista.

© Jorge López de Guereñu del texto y la ilustración, 2011

Autor: Jorge López de Guereñu

Nacido en Bilbao, pero no se le puede preguntar cuando y tampoco nadie lo creería. Artista, diseñador, urbanista, profesor y empresario como profesiones, el surf, la música y las mujeres guapas como aficiones. Vive entre carreteras y aeropuertos, en cualquier sitio del mundo donde haya olas potentes o donde le lleve la última y exótica mujer de la que se ha enamorado. Escribe de todo, pero fundamentalmente cosas que sientan mal a casi todo el mundo. Sabe de todo, y lo que no se lo inventa. Cuando lo hace se queda más ancho que largo. Realmente y aunque le pudra, es de Bilbao.

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