Artículo de • Publicado el 11/04/2010

Charlie Haden: la California del Quartet West

En este artículo Jorge López de Guereñu hace un rápido repaso por las grabaciones de Charlie Haden, considerado uno de los contrabajistas más influyentes del jazz moderno, con su grupo Quartet West en la Costa Oeste de EEUU.

A los aficionados al jazz, por lo general coleccionistas compulsivos, nos encanta encasillar a los músicos. Queremos creer en esa línea histórica del jazz, secuencia de estilos que van apareciendo uno tras otro, que en realidad no es más que un estereotipo. Nos encanta ordenar nuestras colecciones de discos por estilos y épocas, seleccionar con qué conciertos introducimos esta música a nuestros amigos: esto no, demasiado vanguardista, esto tampoco, demasiado movido. Todas estas buenas intenciones a veces nos confunden a nosotros mismos, y al cabo del tiempo vemos que todos esas clasificaciones son inútiles en una música con tantos ejemplos de músicos inclasificables.

Haden, el contrabajista de Ornette y Jarrett

Ornette Coleman y Charlie Haden

Ornette Coleman y Charlie Haden

Si hay un músico sobre el que hacerse una idea incorrecta es sencillo, Charlie Haden es el más indicado. El cuarteto más influyente de la vanguardia de los sesenta eran en realidad dos. Ornette Coleman y Don Cherry hicieron la revolución con la que pasaron a la historia con dos diferentes parejas rítmicas, que a veces combinaban en distintas formas: los baterías Billy Higgins y Ed Blackwell, y los contrabajistas Scott Lafaro y Charlie Haden. Tal vez porque Lafaro era ya muy conocido como miembro del histórico trío de Bill Evans, o tal vez porque murió tan joven, a Haden le quedó para siempre el sambenito de ser “el contrabajista de Ornette”. Y por extensión, también el del free jazz.

Haden se convirtió luego en una de la estrellas del jazz que se reunieron en el cuarteto americano de Jarrett. En Europa fue mucho más conocido y mucho antes el otro cuarteto del pianista, con músicos de ese continente, aunque fuera un grupo posterior. En realidad Jarrett, cuando todavía era miembro del famoso cuarteto de Charles Lloyd donde se dio a conocer, formó a mediados de los sesenta un trío muy similar al de Bill Evans. Lo integraban el batería histórico de aquel primer trío de Evans, Paul Motian, y Charlie Haden. Tocaron mucho en directo a finales de la década y grabaron discos excelentes en vivo y en estudio para Vortex y Atlantic, antes de convertirse en cuarteto con el saxofonista Dewey Redman ya en la siguiente, en los setenta.

El paso por estos dos grupos tan influyentes hace que veamos a Haden como el estereotipo de músico free, aunque la música de ese grupo de Jarrett tenía muchas otras influencias. El que su primer grupo conocido sea la Liberation Orquestra, otra gran banda con muchos músicos free y los planteamientos políticos asociados a esa vanguardia, reforzó la parcial visión del público sobre su música.

Charlie Haden por Jorge López de Guereñu © 2010

Charlie Haden por Jorge López de Guereñu © 2010

El revolucionario tranquilo

La asociación del jazz de vanguardia con algo disonante y estrepitoso no puede ser más inexacta cuando uno escucha tocar a un músico como Haden. Toca muy pocas notas, y su gran sonido no es cavernoso y ancestral como el de Mingus, sino extremadamente melódico a pesar de su rotundidad y su profundidad. Su fértil imaginación armónica no la usa como Lafaro, para crear esas frases tan complejas que parecen no entrar en el compás, ni en su espacio ni en su concepto. Haden es tan original rítmicamente como él, pero su estrategia es desplazar ritmo y armonía con notas escasas, selectas y extremadamente certeras. Es un maestro de economía musical.

La Liberation Orchestra. Aguantando la pancarta Carla Bley a la izquierda y Haden a la derecha.

Los miembros de la Liberation Music Orchestra. Aguantando la pancarta Carla Bley a la izquierda y Haden a la derecha.

A Haden le gusta la música agradable, sencilla, y de hecho parece simplificar todo aquello en lo que participa, aún lo más vanguardista. A un músico así le vienen como anillo al dedo los encuentros íntimos que han sido muchas de sus grabaciones como líder. Entre ellas están esos dúos tan diversos que ha hecho y que pasarán a la historia, sencillamente, como música de una gran belleza. La primeras grabaciones a su nombre las hizo con la Liberation Orchestra pero poco después, ya en los setenta, aparecieron sus primeros dúos. Con Hampton Hawes grabó uno de ellos, espectacular. Los dos álbumes que hizo para A&M poco después, tienen los momentos más serenos grabados en ese formato junto a Ornette, Cherry, Alice Coltrane, Archie Shepp, Jarrett o Motian.

A finales de la década aparecen sus discos en trío junto a Egberto Gismonti y Jan Garbarek en ECM, y esa estética tan peculiar de fría belleza y la apertura del sello hacia terrenos del folklore de todo el mundo terminan por definir el carácter de este gran músico. Abierto siempre a nuevas experiencias, ha seguido explotando la fórmula del dúo que tan bien le va junto a gente muy diversa. Los guitarristas Pat Metheny, Christian Escoudé o Carlos Paredes, los pianistas Hank Jones, John Taylor, Kenny Barron y el mítico Chris Anderson, o el propio Gismonti han sido sus grandes compañeros en este fascinante viaje de encuentros. En los setenta uno de esos encuentros de grandes amigos del pasado dio lugar a Old And New Dreams, la banda con sus compañeros en las de Ornette, con Don Cherry, Dewey Redman y Ed Blackwell. Desde los ochenta suma esos otros grandes proyectos que son el Quartet West y el trío con Geri Allen y Paul Motian. En los últimos años crea también los grupos junto al pianista cubano Gonzalo Rubalcaba interpretando boleros en dos discos asombrosos, y más recientemente ese espectacular homenaje a sus orígenes familiares en el country & western con sus amigos, su mujer y sus hijos.

West Coast Jazz

Ante tanta diversidad, proyectos junto a músicos tan distintos y conocidos, y tantas apabullantes sorpresas, algo como su Quartet West puede pasar injustamente desapercibido. Haden llegó a Los Ángeles a mediados de los cincuenta, y allí tocó con Elmo Hope, Hampton Hawes y Art Pepper. Luego el canadiense Paul Bley, que se había trasladado también a la costa oeste desde Nueva York, le introdujo en el círculo de Ornette y Cherry. En esa parte del país no sólo estuvo expuesto al jazz revolucionario y vanguardista, sino que el estilo west coast, con su belleza y elegancia, también le marcó notablemente, como al propio Bley.

QuartetWest

Haden forma su cuarteto para tocar algo más bop, en esa línea de los grandes grupos de la costa oeste, a mediados de los ochenta. Elige para ello a uno de los grandes pianistas de ese estilo, Alan Broadbent, un músico neozelandés poco conocido, pero enormemente respetado en Los Ángeles, donde lleva décadas establecido. El saxofonista Ernie Watts es también muy respetado en la ciudad, un fantástico músico de estudio cuya adoración por Coltrane combina con un dominio total de todas las formas de bop y de jazz anteriores a ello, curtido en varias big bands. El gran Billy Higgins fue la elección para completar semejante cuarteto de estetas. En 1986 entran en un estudio y graban su primer disco, con el nombre del grupo «Charlie Haden Quartet West», editado un año más tarde por el reactivado sello Verve. Hacen exquisitas versiones de tres standards, un tema de Metheny, otro de Ornette y tres de Haden. Los puntos culminantes del disco son una enérgica y elegante versión de un tema de Charlie Parker, y el cierre de la grabación con un espectacular Passion Flower de Strayhorn.

InAngelCity

Al año siguiente de la publicación de ese excelente pero discreto disco, graban un segundo muy similar. Higgins ya no está en el cuarteto, sustituido por el arquetípico batería west coast, el gran Larance Marable, otra institución en Los Ángeles. Con un repertorio muy similar, menos standards, otro tema de Metheny junto al fabuloso Lonely Woman de Ornette, y su famoso First Song junto a otros dos de Haden, «In Angel City» es otro estupendo disco.

HauntedHeartDisc

Con el siguiente disco, «Haunted Hart», Haden emprende un proyecto diferente. En la ciudad del cine, Haden crea una especie de homenaje a las bandas sonoras incorporando al sonido del grupo viejas grabaciones de las voces de Billie Holliday, Jeri Southern y Jo Stafford. Los standards se alternan con clásicos del jazz moderno, de Tristano, Bud Powell y Charlie Parker, unidos por un equilibrio admirable entre energía y elegancia. Dicha combinación es característica de ese grupo que ya funciona de manera estable en el año en el que se publica este tercer disco, 1992.

AlwaysSayDisc

Dos años más tarde, en 1994, aparece otro disco similar en el que las interpretaciones del cuarteto de algunos standards se alternan con grabaciones de los mismos por grandes estrellas del pasado, con resultados espectaculares. El veterano violinista Stephane Grappelli es invitado a tocar con el cuarteto una nueva versión de Ou est tu, mon amour, que enlaza con la versión clásica que hizo con Django Reinhardt en 1949. En ese concepto tan cinematográfico aparecen también incluidas soberbias interpretaciones de temas clásicos del bop, de nuevo de Charlie Parker y Bud Powell, y nuevos temas compuestos por Haden y de Broadbent, que completan este gran «Always Say Goodbye».

NowIsTheHour

«Now Is The Hour» aparece al año siguiente, con el cuarteto tocando el mismo tipo de repertorio, recordando al cine negro de los años 40. El énfasis en esta grabación se pone en el equilibrio entre el romanticismo elegante de los nuevos temas y los standards elegidos, y la controlada energía de las interpretaciones de otros temas de Parker, Powell, Tristano y Lee Konitz. La fórmula, lejos de aburrir, sigue generando resultados más que aceptables, y la solidez del grupo, tras diez años tocando juntos, se hace patente.

ArtOfSongEl último disco que hacen en esta última década del siglo XX era algo que tenía que suceder, un «Art Of The Song» en el que invitan a dos veteranos cantantes, Shirley Horn y Bill Henderson, a colaborar en una delicada grabación prácticamente exclusiva de baladas, acompañados de una sección de cuerdas.

El Quartet West, hoy

Keith Jarrett y Charlie Haden bromeando.

Keith Jarrett y Charlie Haden bromeando.

En unos días veré una nueva actuación de este grupo, dentro de una gira europea que es algo así como una celebración de sus bodas de plata, veinticinco años juntos. Tocarán, según me ha dicho Haden en una entrevista, temas nuevos junto a algunos de los favoritos de su repertorio. A la gira le seguirá un nuevo disco ya grabado pero del que sabemos poco ya que Haden, entre risas, dice no querer hablar mucho de él. Descubriremos sus sorpresas cuando salga al mercado. Esta última década ha estado ocupado con sus nuevos proyectos y discos, y particularmente centrado en algunos que eran inevitables. Repetirá la magia de aquel maravillosa grabación tocando espirituales junto al gran Hank Jones en un nuevo disco que publicarán en breve. También aparecerá un dúo con el que sus fans, que lo somos también de Jarrett, llevamos años soñando, y al que sólo falta que continúe con la incorporación de Motian para completar aquel fantástico primer trío del pianista. Tras el éxito artístico de su disco country tal vez repita la fórmula, y seguro que lo hace con brillantez, y esperemos que tampoco deje de grabar boleros, o lo que le apetezca junto a quien quiera.

Lo que es seguro es que en unos días escucharemos sus conciertos por Europa con este discreto grupo, y que lo que publique con su Quartet West nos deleitará de nuevo con su elegancia, sea como sea. Los discos de este grupo van mejorando con las escuchas y los años, los vamos apreciando más y más con el tiempo, como toda la música que sólo se puede describir con tres palabras: atemporal, honrada y elegante, como su autor.

© Jorge López de Guereñu, 2010

Autor: Jorge López de Guereñu

Nacido en Bilbao, pero no se le puede preguntar cuando y tampoco nadie lo creería. Artista, diseñador, urbanista, profesor y empresario como profesiones, el surf, la música y las mujeres guapas como aficiones. Vive entre carreteras y aeropuertos, en cualquier sitio del mundo donde haya olas potentes o donde le lleve la última y exótica mujer de la que se ha enamorado. Escribe de todo, pero fundamentalmente cosas que sientan mal a casi todo el mundo. Sabe de todo, y lo que no se lo inventa. Cuando lo hace se queda más ancho que largo. Realmente y aunque le pudra, es de Bilbao.

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