Artículo de • Publicado el 22/01/2010

Charlie Parker y el nacimiento del Bebop (2/3): Noches de Harlem.

Segundo capítulo dedicado a fechas decisivas para el afianzamiento de bebop protagonizado por el saxofonista Charlie Parker en compañía de sus ilustres e inquietos colegas en la segunda mitad de los años 40.

Dizzy Gillespie, 28 de Febrero de 1945

Charlie Parker y Dizzy Gillespie.

Charlie Parker y Dizzy Gillespie.

Casi seis meses después, el 28 de Febrero de 1945, Bird volvía al estudio de grabación, esta vez para grabar con un grupo mucho más afín a sus inquietudes musicales. El trompetista Dizzy Gillespie (titular de la sesión) y Bird eran ya un dúo letal en las noches de New York, y por sí solos garantizaban emociones más allá del filo de lo conocido; la orquesta se completaba con el piansita Clyde Hart, el guitarrista Remo Palmieri y el bajista Slam Stewart, músicos también afines a las nuevas ideas musicales, y Cozy Cole, un batería ya veterano que impidió con su presencia que la sesión fuese la primera plenamente bopper. Nominalmente quizá, pero no en lo musical: Cole adoptó para la ocasión las maneras de Kenny Clarke, y se volcó sobre los platos para marcar los ritmos y sobre el resto de tambores para acentuarlos y bombardearlos. Se le nota poco natural, rígido, forzado, pero se desenvuelve con corrección y buena voluntad.

En todo caso, la música que salió de allí aquel día es electrizante: Groovin’ High (que se puede escuchar en Spotify) y A Dizzy Atmosphere son composiciones frescas, caprichosas, que hoy captan inmediatamente nuestra atención y en su día debieron hechizar irremisiblemente a los oyentes. Al vértigo provocado por las propias composiciones se suman el sorprendente trabajo de Slam Stewart, que realiza dos intervenciones solistas al arco (algo suficientemente extraño de por sí) canturreando las improvisaciones según las creaba y provocando una sensación curiosa, intrigante, en el oyente; el piano esquemático de Hart (imposible no escuchar el influjo de Monk en él); las imprevisibles pirotecnias de Dizzy, que empujan siempre las convenciones solistas establecidas, siempre con sentido musical, siempre despreocupado el trompetista de su acabado formal (a veces sus locas excursiones llegan a hacerle perder el tono); y, claro, Charlie.

Bird contento.

Bird contento.

Las improvisaciones que realizó Bird aquel día tienen un transparente impulso de búsqueda, y se redondean con el aluvión de hallazgos que esa búsqueda produce; transmiten una exultante sensación de maravilla, de descubrimiento… pero no de encontronazo alocado, casual, sino del hurgar deliberado de quien sabe que la oscuridad en la que se interna está horadada de tesoros que se sabe capaz de desvelar. Las improvisaciones de Bird florecen con una perfección formal escueta, transparente, valerosa, que contrasta con el barroquismo deslumbrante de su ejecución. Escuchándolas uno siente la tentación de hacerse con las grabaciones que Dean Bennedetti (un encendido admirador y, literalmente, seguidor de Bird) realizó de los solos de Charlie (de los de Charlie, y solamente de ellos… un freak en toda regla, vaya) a lo largo de decenas de conciertos, un empeño loco que quizá no lo es tanto.

Esta breve sesión (solo se grabaron tres temas) se completó con una preciosa revisión de All The Things You Are plena de esa grandeza que solo las cosas pequeñas pueden alcanzar. De nuevo le bastaron a Bird un par de frases para dar una lección de cómo inyectar emoción solo con mirar desde otro ángulo el material que tiene entre manos.

Dizzy Gillespie, 11 de Mayo de 1945

Disco de 10 pulgadas donde se incluía "Lover Man".

Disco de 10 pulgadas donde se incluía “Lover Man”.

En mayo Dizzy Gillespie y Bird volvieron al estudio, acompañados en esta ocasión por Al Haigh (piano), Curly Russell (contrabajo), Sidney Catlett (batería) y una jovencísima Sarah Vaughan (21 añitos recién cumplidos), para dar un nuevo mazazo musical y completar la sesión anterior. Se grabaron cuatro temas: Shaw Nuff es uno de los vertiginosos ejercicios que tanto gustaba a los muchachos; Salt Peanuts (se puede escuchar en Spotify) es un divertido, saltarín tema de Dizzy, también vertiginoso, otro típico pepinazo bop; en Loverman intervino la cantante Sarah Vaughan, que nos pasma con su sensibilidad pura y discreta, con su virtuosismo vocal a duras penas oculto tras la límpida dicción, siempre perfectamente secundada por los ajustados obligatos de Parker; y Hot House es una de esas maravillas que componía Tadd Dameron, en la que lo complejo se daba la mano con lo directo, lo natural con lo elaborado.

Charlie Parker, 26 de Noviembre de 1945

El 26 de noviembre de 1945 Charlie Parker grabó por primera vez a su nombre. Savoy, la casa para la que lo hizo, saludó aquella sesión como “la más grande sesión de grabación de la historia del jazz moderno”. En todo caso una afirmación así hubiese sido más que discutible, pero si al menos hubiese estado referida a una grabación ajena al menos hubiese sonado sincera. Pero el cinismo no debe alejarnos de la pura realidad: que aquel día surgió del estudio de grabación música intemporal, maravillosa e históricamente esencial. Y mira que debió ser una sesión endiabladamente caótica, con docenas de hipsters entrando y saliendo del estudio como Pedro por su casa, Bird estropeando la caña de su saxo y enviando en busca de otra a algún anónimo aficionado, el trompetista (un bisoño Miles Davis) descabezando un sueñecito enroscado en el suelo, en un rincón, el pianista (Monk) plantando al personal sin previo aviso (maldición, lo que nos hemos perdido a causa de esa ausencia) y siendo sustituido in extremis por Argonne Thornton (que sería posteriormente conocido como Sadik Hakim).

Max Roach, Dizzy Gillespie y Charlie Parker esperando su turno.

Max Roach, Dizzy Gillespie y Charlie Parker esperando su turno.

Aún así, de aquella sesión surgió música gloriosa. Bird parió improvisaciones mágicas, imprevisibles, llenas de alucinantes recodos emocionales. Ya desde Warming Up A Riff, un temilla de calentamiento que no se grabó íntegro pero que dejó bien claro que no se trataba de una sesión más (precioso instante ese de su improvisación hacia el minuto 2’15”, justo tras una risotada feliz de algún afortunado que asistiera a la sesión). Completaban el grupo Miles Davis, Curley Russell, Max Roach, Argonne Thornton (que solo tocó en Thriving On A Riff) y Dizzy Gillespie. Dizz tocó el piano aquel día, excepto en el mencionado Thriving On A Riff, y la trompeta solo en Koko; y su piano monkianamente esquemático, sin la magia de aquel pero con la abstracción tan querida por los boppers, dejaba miles de espacios para Bird, que los llenaba, o no, con una seguridad y visión deslumbrantes. Max Roach, a la batería, bombardeaba las improvisaciones de Bird sin piedad, y sin cruzarse jamás en su camino. Es un misterio intrigante el por qué de la decidida apuesta de Bird por Miles Davis, un trompetista prometedor pero aún muy verde; pero lo cierto es que en esta sesión (la primera no puramente alimenticia en que participó) ese fraseo aún dubitativo supo remontar sus propias limitaciones y aportar improvisaciones que, sí, bailan angustiosamente en el filo del fracaso absoluto, pero se resuelven con precisión y a cambio aportan una emocionante sensación de fragilidad; aparte de ofrecer un contrapunto electrizante a los vuelos acrobáticos de Bird.

Portada del disco de 10 pulgadas publicado por Savoy en el que se incluía “Billie’s Bounce” y “Thriving On A Riff”.

Portada del disco de 10 pulgadas publicado por Savoy en el que se incluía “Billie’s Bounce” y “Thriving On A Riff”.

Now Is The Time es un precioso blues (ojo al segundo 45”, puritito Monk esos dos teclazos). Parker aporta una especie de melancolía jubilosa, Miles emociona con su trompeta queda. Billie’s Bounce es otro corte muy bluesy (fantástico momento en 1’35”), con un ritmo que arrastra y de nuevo excelentes intervenciones solistas. En Thriving On A Riff el tema se expone solo al final, tras las improvisaciones (está claro que los boppers querían un público atento, realmente interesado en lo que hacían); aquí podemos escuchar a Miles desenvolviéndose en un terreno que le era aún antipático, el de los tempos veloces, y también disfrutamos de una atractiva improvisación de Thornton, sorprendentemente expresiva y exótica; Meandering es una bonita balada, que se corta caprichosamente antes de terminar.

Pero toda esta música excitante no prepara al oyente para el choque frontal que supone Koko (se puede escuchar en Spotify). En KoKo Dizzy Gillespie toca la trompeta y el piano (¡no a la vez, hay piruetas que ni él podía realizar!), pues Miles no quiso (juiciosamente) empantanarse en ese tempo infernal. Tras la exposición de este extraño y vertiginoso tema, montado sobre las armonías de Cherokee, Parker se entrega a un arrebatado solo que desarma al oyente por el perfecto control con que enlaza idea tras idea, todas frescas, todas valiosas, a un ritmo frenético que debió parecer inhumano a todo el mundo. Quizá lo era. KoKo termina de definir el universo bopper expuesto en esta sesión mítica, y lo eleva a cotas de arisca cerrazón que pocas veces más se alcanzarían en un estudio de grabación.

© Ricardo Arribas, 2010

 
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Autor: Ricardo Arribas

Nacido en 1972, 44 añazos ya, ha pasado la mayor parte de ellos disfrutando y aprendiendo con la música, si le preguntas te dirá que incluso entendiendo, a través de ella, un poquito mejor cómo funciona el mundo. El hecho de gozar con músicas no siempre mayoritarias le llevó con el tiempo a descubrir otro placer muy especial: escribir acerca de la música, tratar de transmitir y compartir con otros aficionados las sensaciones que le provoca, escuchar con oídos distintos tras haber escuchado/leído las que provoca en ellos... Y en esas anda.

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