Artículo de • Publicado el 23/02/2010

Charlie Parker y el nacimiento del Bebop (3/3): California.

Último capítulo de la biografía musical y humana del saxo alto Charlie Parker en los años del nacimiento del bebop, este tercer episodio del artículo comprende el periodo entre 1945 hasta la accidentada jornada del 29 de Julio de 1946.

Slim Gaillard, 29 de Diciembre de 1945

En febrero de 1946 Parker y Gillespie aceptaron un contrato de varias semanas en un pequeño local de Los Angeles y, junto con Stan Levey, Al Haigh, Ray Brown y Milt Jackson partieron a primeros de diciembre al otro lado del país. Aquel fue el primer contacto del público del oeste con el bebop, y el saldo fue bastante esquivo: una gran masa de aficionados se sintieron excluidos por aquella música, y un grupo pequeño pero consistente se entusiasmó con ella.

Slim Gaillard.

Slim Gaillard.

Durante el periodo que estamos analizando Bird intervino en otras grabaciones como sideman, que estamos dejando de lado porque no tienen especial relevancia para el desarrollo de su carrera. Nos daremos, no obstante, el gustazo de detenernos un momento en la que tuvo lugar el 29 de Diciembre de 1946 a nombre del cantante Slim Gaillard. Es un placer escuchar ese rhythm & blues desenfadado que se puede escuchar en Spotify, directo, impregnado de un desbordante sentido del humor. Fijaos en el ambiente zumbón de toda la sesión, en el cachondeo que desprenden Flat Foot Floggie y Poppity Pop y, sobre todo, en el logrado ambientillo de reunión de colegas en Slim’s Jam, con Gaillard presentando a la banda sobre un fondo de blues lentorro, arrastrado. Se trata de una sesión estupenda aunque alejada de los intereses habituales de Bird.

Charlie Parker, 28 de Marzo de 1946

Cuando terminó el contrato en el local de Billy Berg el grupo voló de regreso a New York, pero no Bird. Bird había empleado el dinero del billete de regreso para conseguir algo de droga y tuvo que quedarse en L.A. Parker estaba inmerso en una endemoniada carrera que lo llevaba simultáneamente en dos direcciones opuestas: por un lado volaba hacia la estratosfera con su música, por otro se emponzoñaba cada vez más en su adicción. Su vida era un caos absoluto, viviendo siempre de prestado de la caridad de colegas músicos conmovidos por igual por su música y por su triste situación, por ejemplo estuvo, en esa época, algún tiempo viviendo con el trompetista Howard McGhee, que le acogió en su casa cuando descubrió que Bird pernoctaba en un garaje.

SalidaCamarillo

Pero Bird, que había entrado en tratos con un nuevo y diminuto sello discográfico (Dial Records) y había comprometido una grabación con él, logró sobreponerse a las dificultades montando una orquesta y llevándola al estudio de grabación el 28 de Marzo. De nuevo estaba a su lado Miles Davis, y completaban el grupo el tenor Lucky Thompson, el pianista Dodo Marmarosa, el guitarrista Arv Garrison, el contrabajista Vic McMillan y el batería Roy Porter. Para la ocasión Bird se sacó de la chistera la versión más profesional de sí mismo, y a lo largo de siete horas en el estudio se mantuvo sobrio, sereno, controlando una situación que fácilmente hubiese podido desembocar en un desastre: al parecer no hubo tiempo para ensayar antes de la grabación, la noche anterior todavía no estaba del todo claro qué músicos participarían y estos no supieron qué temas iban a grabar hasta que entraron en el estudio.

El caso es que Parker estuvo a la altura y supo sacar partido de la situación: aquel día se grabaron cuatro temas que han pasado con nota el duro examen del tiempo. Y eso que el grupo estaba lejos de ser comparable al que había registrado la sesión de Koko cuatro meses atrás: Miles estaba evidentemente incómodo, había mejorado bastante en seguridad instrumental pero a cambio estaba perdiendo ese encanto que desprenden sus intervenciones de la sesión de noviembre, y no terminaba todavía de encajar las piezas de un estilo que ya se adivinaba; Porter sonaba macizo, tosco, uno echa de menos al escucharlo los flexibles malabarismos de Max Roach o Kenny Clarke; y Garrison no aporta gran cosa al conjunto, más allá de un aceptable colchón rítmico. En cambio da gusto escuchar a Dodo Marmarosa, que se mantiene en general en segundo plano pero que introduce un bonito aire intemporal con ese piano que cabalga constantemente entre el bop y la música anterior; y lo mismo ocurre con Lucky Thompson, un bopper de sonido tórrido que hace pensar de inmediato en saxofonistas de generaciones anteriores como Coleman Hawkins. Bird está brillante como de costumbre, igual en el alegrete Moose The Mooche (dedicado a su camello favorito en L.A, un curioso personaje a quien Bird terminaría cediendo sus derechos sobre las grabaciones allí realizadas, cabe suponer a cambio de qué….) que en la preciosa Yardbird Suite, en cuya leve melodía se agazapa una notable carga de melancolía, y que le da pie para la mejor intervención de la noche; en la enérgica Ornithology que se puede escuchar en Spotify, otro clásico instantáneo, que en A Night In Tunisia,  con su famoso break y su exotismo perfectamente imbricado en el mundo bopper.

Charlie Parker, 29 de Julio de 1946

ParkerSombra

Nos aproximamos ya al final de nuestro estudio, pero las cosas no mejoraban para Parker tras aquella sesión: siguió transitando su personal autopista al infierno, un desastre total salvo cuando cuajaba una buena noche con su música. Tocó durante algún tiempo en un nuevo local, el Finale Club, pero su propietario lo cerró en poco tiempo, al parecer por no saber lidiar con el tráfico de drogas que de inmediato floreció en el club ni con la corrupción policial imperante en la ciudad. Howard McGhee, que a su vez tenía bastantes problemas con las autoridades por estar casado con una mujer blanca (y al parecer guapa, para colmo de males), consiguió reabrir el club en mayo. McGhee contó con Bird para formar la orquesta de l local, que se completó con Marmarosa, Porter y Red Callender.

El 29 de Julio Bird entró de nuevo en el estudio de grabación, espoleado por el propietario de Dial, Ross Russell. Si en otras ocasiones sus grabaciones se habían llevado a cabo en situaciones caóticas y poco esperanzadoras, aquel día el desastre parecía insalvable: Parker se presentó en el estudio en un estado lamentable, apático, totalmente inoperante. Se hizo acudir a un médico al estudio, pero la sensación que se tiene al leer el relato de Russell es que el objetivo era tratar de poner a Parker operativo y realizar la grabación más que vigilar su salud: aquel día el camello de Bird fue su propio médico. El doctor le administró fenorbital en cantidad suficiente para resucitarle un tanto, pero no consiguió ponerle a tono y Bird grabó en estado estupefacto, casi comatoso. Los demás músicos (McGhee, el pianista Jimmy Bunn, el contrabajista Bob Dingbod Kesterson y Roy Porter) se dispusieron para una sesión difícil, fracasada ya desde antes de iniciarse.

En un arranque de incomprensible ceguera, alguien propuso empezar con Max Is Making Wax, un tema rápido al que Parker a duras penas logró engancharse: entró a destiempo y estuvo unos segundos peleando con él antes de que McGhee viniera en su rescate. El trompetista estuvo magnífico durante toda la sesión, es evidente en su estilo la influencia de Dizzy pero aporta un sonido más opaco, ligeramente sedoso; en los vuelos más acrobáticos termina difuminando el tempo, como su maestro, pero claro, a McGhee le bastan acrobacias mucho menos acrobáticas que a Dizzy para descontrolarse aunque, de nuevo como su ídolo, enseguida encuentra el camino de vuelta y el resultado termina siendo satisfactorio.

Se grabó otro tema rápido, Bebop, otro desastre irremisible. Pero hubo también lugar, por fortuna, para el sentido común, y los dos cortes restantes son baladas que permitieron a Bird participar en la sesión para algo más que estropearla.  Escuchar The Gypsy y, sobre todo, el célebre Loverman, es una experiencia conmovedora, impúdica, dolorosa. En Max Is Making Wax y Bebop Bird era sencillamente incapaz de seguir el tema: ni su mente ni sus dedos podían hacerlo. En cambio en los temas lentos la técnica está ahí, los dedos parecen dispuestos a ejecutar las órdenes que llegan del cerebro…. y entonces asistimos al espectáculo triste e inexplicablemente hermoso que supone contemplar el cerebro achicharrado de Charlie Parker, que lucha desesperadamente por salir de su aturdimiento y dar forma a sus ideas musicales, sorprendido al ser incapaz de hacerlo como de costumbre. Es asombroso que un músico en tal estado fuese capaz de crear música tan fascinante y perdurable.

Dial

Parker pierde el momento de entrar en Loverman pero en seguida se encarama al tema y, cuando llega al puente, nos tiene ya absolutamente galvanizados, inmersos en un torbellino de impresiones que operan simultáneamente en varios niveles: por un lado asistimos a una preciosa revisión del conocido standard; por otro sentimos el peso angustioso de saber que Bird estaba en el momento de grabar esas líneas torturadas en estado casi catatónico, y revivimos con fatídica precisión la pugna transparente del saxofonista para emitir cada nota; finalmente, somos asolados por la irresistible sensación de desolación que transmite su saxo, por su tristeza infinita, por esa rabia ahogada, sorda, inútil. Curiosamente, la interpretación de los músicos, que evidencian con su actuación la certeza que les invadía de que la grabación era un fracaso, ayuda a cimentar la impresión transmitida: tocan de manera mecánica, atentos antes a acudir prestos a cubrir el desplome musical (que parecía inminente) de Parker que de dar vida al tema. (Se puede escuchar en Spotify)

Loverman y The Gyspy nos sitúan en una encrucijada moral insólita, pues suponen una inmersión que va mucho más allá de lo musical en el interior de una mente herida, trastornada y, con todo, genial. Es un documento conmovedor pero impúdico, terriblemente incómodo de experimentar. Aquellas cintas se publicaron contra el deseo expreso de un Bird avergonzado. Y si el disfrute de esta música nos pone a nosotros en una situación moralmente incómoda, tratemos de imaginar los dilemas a los que se enfrentó Ross Russell, productor de la sesión y propietario de la misma. Fueran cuales fuesen esos dilemas, venció la avaricia, o la necesidad económica, y salieron a la luz para bien o para mal.

Coda

Con aquella sesión termina nuestro paseo por este breve pero intenso periodo en la vida de Charlie Parker y del jazz. Pero la noche de aquel 29 de Julio distaba mucho de haber terminado para Bird, y nuestro relato quedaría incompleto sin seguirle un poco más en su deambular.

A Parker le acompañaron al hotel donde vivía y le dejaron acostado en su cama. Al cabo apareció desnudo en el vestíbulo, dispuesto a hacer una llamada telefónica. Debió producirse una escena desagradable entre Charlie, el director del hotel y otros clientes molestos por su comportamiento. Ello no obstó para que Bird apareciese un rato después en las mismas condiciones para hacer otra llamada. Ross Russell afirma en su biografía de Parker (Bird Lives, 1972) que tras esta segunda aparición el director del hotel encerró a Charlie en su habitación (¡!!!!!) El caso es que poco después salía humo por debajo de la puerta y tuvieron que intervenir los bomberos: Parker había prendido fuego a su cama con un cigarrillo. Confuso, todavía bajo los efectos de la droga suministrada por el doctor durante la grabación de aquella tarde, Bird no debió comportarse con la discreción debida en opinión de las autoridades, y terminó preso en un furgón policial, enfundado en una camisa de fuerza. Días después Charlie Parker fue internado en el Sanatorio Mental de Camarillo, donde permaneció encerrado durante seis largos meses.

Pero aquel encierro no significó el final de Charlie Parker. Tampoco contribuyó a solucionar sus problemas con las drogas ni con la sociedad en general: Bird salió de allí fresco, fuerte, recuperado y con ganas de seguir haciendo música gloriosa… pero su vuelta a los clubes, a las larguísimas noches de jazz sin tregua, a la vida desordenada de los músicos de jazz, le precipitó rápidamente en los brazos de los viejos hábitos, usos y abusos.

ParkerCuerdas

A Charlie Parker le quedaba todavía mucho por vivir, en los años que le restaban (siete) había mucha música que tocar, mucho que sufrir todavía… uno desea que, más allá de pequeños destellos felices (una buena noche de jazz, su anhelada grabación con la orquesta de cuerdas, la apertura de Birdland) este hombre que tanto nos dió a quienes no conoció jamás encontrase sosiego en su interior. Quién sabe. En todo caso, su salida de Camarillo finiquitó su juventud musical y dio paso a una madurez fértil, rica y atrayente, que vale la pena recorrer hoy a través de sus maravillosas grabaciones.

© Ricardo Arribas, 2010

 
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Se inserta aquí un vídeo de Charlie Parker y Dizzy Gillespie en una fecha muy posterior al periodo de los episodios de este artículo, pero la tentación de incluir una actuación de los dos músicos es irresistible.

Autor: Ricardo Arribas

Nacido en 1972, 44 añazos ya, ha pasado la mayor parte de ellos disfrutando y aprendiendo con la música, si le preguntas te dirá que incluso entendiendo, a través de ella, un poquito mejor cómo funciona el mundo. El hecho de gozar con músicas no siempre mayoritarias le llevó con el tiempo a descubrir otro placer muy especial: escribir acerca de la música, tratar de transmitir y compartir con otros aficionados las sensaciones que le provoca, escuchar con oídos distintos tras haber escuchado/leído las que provoca en ellos... Y en esas anda.

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