Artículo de • Publicado el 07/06/2016

Clement ‘Coxsone’ Dodd y Jamaica antes del reggae (y II)

Segunda parte que completa el artículo Clement ‘Coxsone’ Dodd y Jamaica antes del reggae, dedicado a la génesis del reggae que se desarrolló en los años 60 con el soberbio talento de los músicos de la pequeña isla antillana.

Los temas que hicieron en Brentwood Road Ken Boothe, Marcia Griffiths, Delroy Wilson, Rita Marley, Judy Mowatt, Ethiopians, Heptones, Alton Ellis o Johnny Nash están entre los grandes clásicos de la segunda parte de los sesenta y del rock steady. Cuando esta música se mezcló con el nyabinghi y los tambores burru que algunos rastafarianos llevaron a Studio One, el roots reggae apareció para convertirse enseguida en la más influyente música salida de la isla.

El Nyabinghi es una fascinante forma de música folk, muy africana, que practican las comunidades rastafarianas en la isla en sus celebraciones o grounations. Su nombre viene de los guerreros que lucharon en Zimbawue cuando una Antigua reina africana que se llamaba así poseyó el espíritu de una mujer en Uganda, creando un movimiento de rebelión contra las colonias.

Count Ossie a la izquierda, con su maestro Brother Job. Detrás a la derecha, Duke Ellington de pie.

Count Ossie a la izquierda, con su maestro Brother Job. Detrás a la derecha, Duke Ellington de pie.

Ese nombre se aplicaba en principio a una de las seis más importantes y estrictas comunidades rastafarianas, pero ha terminado asociado a la música de todas ellas. Se basa en el ritmo creado por tres tambores que provienen de una de las más antiguas formas de folklore de Jamaica, el burru, forma derivada de los antiguos ritos africanos traídos por los esclavos.

El bass drum acentúa con fuerza la primera medida del compás y marca de forma suave la tercera, mientras el funde, no tan grave, sostiene un beat formado por dos notas y el keteh, más agudo, improvisa sobre ello de forma sincopada y directamente relacionada con los bailes y percusiones ashanti en África.

Count Ossie & the Mystic Revelation Rastafari “Tales of Mozambique”; Cedric Im Brooks & the Light  of Saba “Magical Light of Saba”; Ras Michael & the Sons of Negus “Rastafari Dub”

Count Ossie & the Mystic Revelation Rastafari “Tales of Mozambique”; Cedric Im Brooks & the Light of Saba “Magical Light of Saba”; Ras Michael & the Sons of Negus “Rastafari Dub”

Sobre estos tambores, los músicos tocaban guitarras, instrumentos de viento europeos o africanos, y cantaban sus salmos inspirados en pasajes de la Biblia, ritos sincretistas jamaicanos como el kumina, y en el panafricanismo de pensadores como Marcus Garvey, también jamaicano. De las colinas del país, a cuyas comunidades se acercaban para participar en sus ritos muchos músicos que se fueron haciendo rastafarianos en los cincuenta y sesenta, esta música llegó a los estudios de Kingston.

Su artista más conocido es el percusionista Count Ossie, que fue el primero en grabar este estilo para Prince Buster y Coxsone Dodd. El disco más famoso de Count Ossie con sus Mystic Revelation of Rastafari, “Tales of Mozambique”, acaba de ser reeditado también por Soul Jazz Records, y es una fascinante mezcla de esos ritmos con el spiritual jazz más vanguardista inspirado en Coltrane, Pharoah Sanders y Sun Ra. Otros maestros de esta música son Cedric Im Brooks y Ras Michael y sus Sons of Negus.

El encuentro conducido perspicazmente por Sir Coxsone del mento, calipso, ska, soul, R&B, etc, con la tradición rastafari del nyabinghi y los tambores burru que se produjo en Studio One estaba destinada a generar un fenómeno musical de dimensiones colosales, y esto sucedió finalmente cuando Chris Blackwell, fundador de Island Records, fichó a Bob Marley y los Wailers para convertir la música popular de Jamaica en una de las más importantes corrientes musicales del mundo entero, pero mucho de lo que se gestó para que apareciera el reggae tuvo lugar en Studio One.

The Wailers

Dodd & the Wailers
La relación entre Dodd y los Wailers fue tan enriquecedora para todos ellos como contaminante para Bob Marley, Bunny Wailer y Peter Tosh (en la foto superior en los años 60). Cuando llegaron a Studio One en 1963, Dodd confió en su talento tanto como desconfió de su rebeldía. Los sujetó como pudo con un contrato que les garantizaba, en teoría, un sueldo semanal (que a menudo no cobraban), pero era tan abstracto que permitió que no vieran un dólar por los royalties de sus éxitos notables desde sus comienzos. Grabaron primero con los Skatalites detrás, luego con los Sound Dimension de Mittoo, y está claro que aprendieron muchísimo tanto de Alphonso, Drummond y compañía primero, como de Mittoo después. Todos ellos eran grandes arreglistas, y Marley, Bunny y Tosh eran músicos prodigiosos, autodidactas y con un talento natural que les hacía absorber como esponjas todo conocimiento musical que se les ponía a tiro.
También en esos años estaba en el estudio Lee Perry, otro genio maltratado por Dodd, que se los llevó finalmente con él y los puso juntos con la rítmica fabulosa de sus Upsetters, los hermanos Carlton y Aston “Family Man” Barrett, que serían otra parte fundamental de los Wailers desde entonces.

Los Wailers también habían comenzado su carrera en Studio One, y de hecho tres de sus grabaciones explican de manera inmejorable la evolución del sonido del estudio, y por extensión la de la música en la Jamaica de los sesenta. “Simmer Down” es uno de los grandes temas del ska y también un gran hit en 1963 en la isla. El muchísimo menos conocido fuera de Jamaica (allí es un himno) “Love and Afection”, de 1965, es una de las más preciosas baladas de la era del rock steady, con los Sound Dimension en su mejor momento.

Al año siguiente los Wailers anuncian con “This Train”, una de sus últimas grabaciones en el estudio, lo que será el mejor roots reggae. Un nuevo sonido marcado por el nyabinghi, el soul más comprometido del final de la década en Estados Unidos, y por una nueva mirada al gospel, tan importante como otras músicas espirituales en Jamaica, tierra muy religiosa.

Otro de los aspectos típicos de lo que salía de Brentwood Road es esa rudeza, ese sonido rústico y áspero, a la vez tan dulce, y que seguramente tiene mucho que ver con la economía de medios a la que se tienen que ajustar los músicos en Jamaica.

De los sound systems proviene esa tradición de ser capaces de transformar amplificadores y altavoces convencionales y de no mucha calidad en las monstruosas máquinas que creaban un sonido brutal, con unos graves que cuando se ponían en marcha se escuchaban a una distancia de varios barrios, y de varias Colinas en el campo.

En Studio One, las limitaciones técnicas no eran más que un estímulo para los genios de los que se rodeaba Dodd, como Sid Bucknor, Sylvan Morris o Graeme Goodall. Este último, australiano, que llegó a la isla para construir el equipo de una emisora de radio, y fue después el que montó los estudios Federal, el primer estudio donde se grabaron discos en Jamaica, entre ellos parte de los que aparecen en esta recopilación. Goodall, Morris mientras estuvo allí, Dodd y tantos otros, tenían que suplir la falta de presupuesto, de material de última generación y de todo tipo de medios, con la creatividad y habilidad técnica necesarias para encontrar soluciones técnicas para poder grabar decentemente.

Skank

Skank
Nunca sabremos si la historia que se cuenta es realmente cierta, pero podría perfectamente serlo, como tantas cosas que ocurren en Jamaica. Al parecer, por un defecto del equipo en una grabación, se produjo un delay en lo que un guitarrista tocaba, que hizo aparecer el acento fuera del tiempo (offbeat) en las cintas. Cuando los músicos investigaron el efecto rítmico producido por esta casualidad, combinándolo con los riffs de los vientos y los ritmos acentuando el tercer tiempo del compás, influidos por los calipsos, una nueva música, el ska, nació. Aunque no sea verdadera, la historia es preciosa, y desde entonces este efecto de la guitarra se llama skank o upstroke.

Muchas veces de sus experimentos nacieron soluciones curiosas que sin duda son parte de ese sonido tan especial. Los ecos y delays son parte de ello, como los son el uso de teclados que casi nunca se utilizaron en grabaciones profesionales en Estados Unidos o Gran Bretaña. La melódica, indisociable del sonido jamaicano y originalmente sólo un juguete, es el ejemplo más claro, pero hay otros. Augustus Pablo y Pablo Black ya la utilizaron en los sesenta en Studio One cuando pasaron por allí, y hay fotografías de Jackie Mittoo tocando en el estudio utilizando teclados extrañísimos y destartalados de los años cincuenta.

La cohesión entre los músicos que pasaban por Brentwood Road es producto de la combinación de su infraestructura y el clima del Caribe. El estudio de Brentwood Road tenía en la parte de atrás una especie de destartalado jardín donde los artistas practicaban, improvisaban y creaban al sol sus espectaculares arreglos y composiciones. Los increíblemente perfectos riffs de los vientos, y tantas ideas sofisticadísimas que los músicos tocaban llenando de detalles maravillosos cada grabación, probablemente no hubieran estado ahí sin esos “workshops in the backyard”, que no tenían nada que envidiar a los de Mingus, Tristano y otros creadores de jazz que sabían muy bien cómo la música se desarrolla en estas situaciones.

Diario del 6 de agosto de 1962 celebrando la independencia de Jamaica, pasando a formar parte de la Commonwealth.

Diario del 6 de agosto de 1962 informando de la ceremonia de la independencia de Jamaica, que pasaba de esta manera a formar parte de la Commonwealth.

El sueño de la independencia duró casi lo mismo que la música alegre en Jamaica. Muchos músicos de reggae, cuando se les pregunta por ella, dicen que es una música hecha por y para los que sufren, los que lo pasan mal. Tal vez sea eso lo que permitió que en apenas diez años la alegría del ska se transformase, con el paso intermedio del rock steady, en un estilo muy distinto que cubre un espectro mucho mayor de lo que el aficionado ocasional pueda imaginar.

Después de unos diez años de relativa prosperidad la situación política en Jamaica se fue enrareciendo, y a finales de los setenta la miseria ya era terrible, producto de los acuerdos comerciales con los que sometieron a los países del tercer mundo, esclavos de las grandes potencias, y el tráfico de drogas se convirtió en un problema de escala mundial en menos de una década. Estas circunstancias se fueron mezclando de manera funesta en la isla, y al entrar en contacto política y narcotráfico se creó una situación de violencia tal que provocó la muerte de muchos artistas (Peter Tosh), fuesen atacados (Bob Marley) o se exiliasen (Jimmy Cliff). Dodd, harto de todo, se exilia también a finales de los setenta, y en los ochenta comienza a operar con su sello desde Brooklyn, Nueva York, donde trabaja en su nuevo estudio hasta que muere en el 2004.

Las raíces de la música moderna en las primeras grabaciones de Dodd

Músicos ensayando en el estudio de Dodds antes de una sesión de grabación.

Músicos ensayando en los años sesenta antes de una sesión de grabación.

Jazz, rhythm & blues, mento… En fin, lo que se escuchaba en la Jamaica de los cincuenta a los sesenta es un auténtico crisol musical. Eso es lo que exactamente recogen las grabaciones de Dodd en los tres años anteriores a abrir Studio One, el sonido auténtico de la Jamaica de transición a la independencia. A la música popular que llegaba de Estados Unidos hay que sumar la riqueza de su folklore, y no solo el calipso. Los guerreros de Ghana que otras tribus vendieron para que los ingleses instalaran allí como esclavos cuando arrebataron la isla a los españoles eran gente muy fiera, pero también muy espiritual.

La religión europea se mezcló con los ritos africanos dando lugar a numerosas formas que tomaban elementos de todo ello. La música asociada a la religión tiene formas muy distintas en Jamaica, y una influencia fundamental en la transformación de los calipsos que se escuchan por todo el Caribe, o la música popular que llega desde Estados Unidos a través de las radios o los hoteles y otros locales donde los músicos la tocan para los turistas que vienen de allí. Todo ello se mezcla en una nueva forma en las primeras grabaciones de este genio absoluto.

Para un experto en la música jamaicana, escuchar ahora juntas al fin, estas primeras grabaciones de Dodd, es un sueño hecho realidad. El aficionado menos especializado en la música del Caribe, o el aficionado al jazz, seguramente no saldrán de su asombro ante lo que va a descubrir a lo largo de las dos horas largas que le lleve la escucha de esta nueva edición.

Los tres discos de la caja "Coxsone's Music" publicada por el sello Soul Jazz.

Los tres discos de la caja «Coxsone’s Music» publicada por el sello Soul Jazz.

Soul Jazz Records lleva años publicando sus increíbles recopilaciones agrupando de manera ordenada, brillante y original lo que se grabó en Studio One. Ahora ha lanzado este triple CD llamado «Coxsone’s Music: The First Recordings of Sir Coxsone The Downbeat 1960-62». Tres discos que recogen las primeras producciones de Dodd, grabadas en otros estudios antes de que abriese el suyo propio, y publicadas en los primeros sellos que puso en marcha. Son los años en los que su competencia con Duke Reid y otros productores es feroz, continuamente animándose los unos a los otros a ir más allá. La competición es algo esencial e intrínseco a la cultura jamaicana, evidente en el deporte y en la música.

Las batallas entre DJs o distintos “selektas” en un sound system son épicas, por no hablar de las de unos sound systems contra otros tan frecuentes en los ghettos. Entre músicos y productores el respeto hay que ganárselo y está muy presente en las relaciones complicadas en el negocio de la música, pero siempre mezclado con el desafío permanente. Ser el mejor o estar a la altura es una obsesión para los jamaicanos en general y especialmente en su música, y es la mejor explicación de que en una isla de apenas dos millones de habitantes, se dé una explosión de talento tan multitudinaria.

Don Drummond con el trombón y Clement Dodd acercándole el micro en el estudio de grabación.

Don Drummond con el trombón y Clement Dodd acercándole el micro en el estudio de grabación.

Dodd buscaba desde finales de los cincuenta los mejores músicos para grabar lo que funcionase en su sound system, sobre todo esos temas de rhythm & blues que eran máquinas para hacer bailar a los jamaicanos. Pero la pasión de Coxsone era el jazz, y en sus clubs en Kingston encontró a músicos de prestigio como Cecil Lloyd, revolucionarios como Theo Beckford, y jovencísimas promesas como Don Drummond, Tommy McCook y Roland Alphonso. Lo que grababan era una mezcla explosiva de jazz o rhythm & blues casi siempre instrumental, pero con extrañas combinaciones de sus ritmos con los de los calipsos caribeños y las formas más africanas de música en la isla, como el burru y otros estilos asociados a ritos religiosos como el cumina.

Dodd también grababa a los jóvenes cantantes que descubría, como Clancy Eccles o Derrick Harriott. Es curiosa la afinidad del productor con estos jóvenes, que a su vez se convertirían poco después en fenomenales productores. Los nombres que se daban a los grupos no eran muy importantes, ya que se elegían a menudo poniendo al frente a uno de sus miembros para tener aparentemente distintas formaciones grabando distintas cosas. Sus nombres se elegían a menudo para la ocasión, con el mismo núcleo de artistas en casi todos ellos.

Jamaica es un explosivo melting pot, tanto en lo religioso, racial o cultural como evidentemente, en lo musical. Africanos, ingleses, españoles, portugueses, chinos, indios y árabes se han mezclado durante cuatro siglos y de sus culturas y sus tradiciones musicales ha nacido algo extraordinario. La música que ha resultado es algo único, un híbrido lleno de magia. Lo étnico se mezcla con lo sofisticado, los ritmos más complicados con las melodías más sencillas, pero siempre en una forma nueva. Los arreglos de Dodd que aparecen en estas grabaciones de calipsos jamaicanos, villancicos o de standards como “Summertime”, son fascinantes. Su creatividad surrealista haría palidecer a Sun Ra o a cualquier mito de la vanguardia del jazz. Clásicos del jazz, del blues o del rhythm & blues, se convierten en una extrañísima combinación de armonías increíblemente complicadas con la simplicidad más abrumadora del easy listening.

Una muestra de algunos de los discos que ha publicado Soul Jazz Records recopilando grabaciones de Studio One.

Una muestra de algunos de los discos que ha publicado Soul Jazz Records recopilando grabaciones de Studio One.

Sobre los extraños acordes de músicos como Beckford, que recuerdan tanto a los ritmos de Nueva Orleáns como anticipan lo que sería el ska, y los toques del riquísimo folklore del Caribe, destacan también solistas de una categoría excepcional. Escuchar aquí a Drummond y Alphonso, que luego se harían mucho más famosos al frente de los Skatalites, es una maravilla. El saxofonista está claro que era el Rollins de la isla, con un sonido poderoso, un tono privilegiado en todos los registros, y un poder rítmico muy similar al del músico norteamericano (aunque también de origen caribeño). Lo del trombonista es un prodigio. Un tono dulce junto a una inigualable manera de combinar en sus solos simplicidad, rotundidad y creatividad: un mito, con todos los atributos para serlo.

Y junto a ellos, otros músicos menos conocidos fuera de la isla, como el elegantísimo vibrafonista Lennie Hibbert, un explosivo Jackie Mittoo que ya grababa con Dodd en algunas de estas sesiones, con quince o dieciséis años, o algunos futuros y sólidos miembros de las mejores bandas del país, como Lloyd Brevett.

En algunos de esos temas participan también dos músicos tan reconocidos en Jamaica como en el resto del mundo, tanto en el reggae como en el jazz. Monty Alexander y Ernest Ranglin eran jovencísimos entonces, y ya muy buenos amigos, y aquí se escuchan toques de una clase especial que ya eran evidentes en lo que hacían.

Skank

Gastronomía jamaicana
Otra mezcla de culturas, como la de su música. Los marinos españoles e ingleses llevaron a la isla la carne en conserva o el bacalao, que se mezclaron con el ackee y la okra llevados al Caribe por esclavos africanos, o el fruto del árbol del pan, llevado allí también por ingleses y franceses desde el Pacífico Sur.
A ello hay que sumar los muchos frutos y especias autóctonos, como el pimento, tan típico de la cocina de la isla y que los españoles confundieron con la pimiento, de ahí su nombre. Como los portugueses son capaces de cocinar el bacalao en una forma distinta cada día del año, los jamaicanos son los maestros del pollo, que pueden cocinar mediante cientos de recetas.
Además la influencia de los miles de chinos e indios llevados allí por los ingleses, y los muchos comerciantes árabes y portugueses que se instalaron en la isla, hace que se puedan degustar allí algunos de los mejores currys que existen, una de las mejores comidas orientales, o recetas con una clara influencia árabe, turca o persa. Y eso por no hablar de otros numerosos ejemplos de la herencia española en la isla, notable también en esta parte de su cultura.

Escuchar estos temas es como degustar una buena comida jamaicana, cuya gastronomía es de una riqueza poco conocida fuera de la isla. En sus platos son tan importantes los ingredientes principales, variadísimos, como los “side dishes” o multiples cositas que los acompañan. El fry fish es tan incomprensible sin su festival como el corn beef sin su breadfruit, o el saltfish (bacalao) sin ackee. Aquí un simple calypso o mento aderezado con el mejor jazz no es nada sin un sorprendente arreglo de los vientos, y un ritmo shuffle se convierte en algo completamente diferente con un extraño acompañamiento de piano, o una melódica o algún otro rudimentario teclado mezclado con los vientos en los riffs.

Degustar estos tres deliciosos CDs deja a uno a reventar tras tanta buena música, plagada además de detalles sorprendentes que se van revelando poco a poco en sucesivas escuchas, superponiéndose como los sabores en una receta perfecta. Bon appétit, aunque me temo que la siesta es imposible después de ello, porque es imposible dejar de escucharla. Yo llevo desde noviembre del año pasado haciéndolo sin poder parar, y temo pasar el resto del 2016 escuchando el que sin duda es para mi gusto el disco o CD, triple en este caso, más importante entre lo mucho publicado el año pasado.

La historia de la música está llena de momentos mágicos, y muchos de ellos son aquellos en los que una gran revolución está a punto de aparecer. La magia y la tension que se da en entonces es lo que los hace, como en este caso, tan especiales.

A quién no pueda parar de escuchar esta joya, le aconsejo hacerse después con las recopilaciones que Soul Jazz va publicando de lo grabado en Studio One. EL sello Soul Jazz comenzó esta impresionante serie con un DVD magnífico que contaba la historia del estudio y el sello de Dodd, acompañado de dos CDs excelentes, y después ha seguido haciendo recopilaciones temáticas (instrumentales, DJs, rockers, rock steady, soul, dancehall, etc.). Son, sencillamente, fascinantes.

© Jorge López de Guereñu, 2016
 

Enlace a los capítulos de este artículo:
Real Roots: La ópera prima de Clement ‘Coxsone’ Dodd (I/II)
Real Roots: La ópera prima de Clement ‘Coxsone’ Dodd (II/II) (es donde estás ahora)
 

Autor: Jorge López de Guereñu

Nacido en Bilbao, pero no se le puede preguntar cuando y tampoco nadie lo creería. Artista, diseñador, urbanista, profesor y empresario como profesiones, el surf, la música y las mujeres guapas como aficiones. Vive entre carreteras y aeropuertos, en cualquier sitio del mundo donde haya olas potentes o donde le lleve la última y exótica mujer de la que se ha enamorado. Escribe de todo, pero fundamentalmente cosas que sientan mal a casi todo el mundo. Sabe de todo, y lo que no se lo inventa. Cuando lo hace se queda más ancho que largo. Realmente y aunque le pudra, es de Bilbao.

2 Comentarios
  • alezz.hop73@gmail.com'
    Alex aka toots 11:33h, 23 junio Responder

    Enhorabuena por el artículo. De cabecera para conocer la historia y evolución de la música jamaicana. Y salpicado de jugosos detalles.

  • luisosby@gmail.com'
    Luis 'Osby' 11:50h, 25 septiembre Responder

    Fantásticos artículos, Jorge!!!
    Ahora falta que los completes con el segundo volumen que ha salido después de escribirlos y que, particularmente, me parece tan bueno o más que el primero.
    Un fuerte abrazo, compay!!!

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