Clement ‘Coxsone’ Dodd
Artículo de • Publicado el 11/05/2016

Clement ‘Coxsone’ Dodd y Jamaica antes del reggae (I)

Esta es la primera parte de la narración de unos años mágicos en la música jamaicana, a principios de los 60, alrededor del extraordinario Clement ‘Coxsone’ Dodd y su actividad como propulsor de una música que se extendió a todo el mundo.

DiscCoxsoneWEBLa reciente y excelente edición, una más del sello Soul Jazz, de la caja “Coxsone’s Music: The First Recordings of Sir Coxsone The Downbeat 1960-63” recopila en tres discos un periodo muy especial de la historia de la música jamaicana. Las primeras grabaciones producidas por Clement ‘Coxsone’ Dodd son tan especiales para los aficionados a la música de Jamaica como curiosas para quien disfruta de la buena música, sea del estilo que sea.

La esperaba con ansiedad desde que tuve noticias de que iba a salir al mercado a mediados del año pasado (2015); mi expectación era aún mayor que en otras ocasiones cuando uno tiene noticia de que algo realmente bueno por fin va a ser publicado.

Anteriormente sólo eran accesibles algunos rarísimos singles de la época publicados por los antiguos sellos de Dodd en la isla, era conocida una pequeña parte, pero muy pequeña, de lo mucho que este gran productor grabó antes de comenzar a hacerlo en su famosísimo Studio One. Finalmente ha estado disponible en Inglaterra en noviembre de 2015, y esta recopilación ha superado cualquier expectativa, una auténtica barbaridad.

Es probablemente la reedición que más me ha impresionado desde las grabaciones completas de los Hot Five y Hot Seven de Armstrong o las de Billie Holiday en Columbia/Legacy, las de Ray Charles en Atlantic, o en sus nuevas formas, completas también, las dedicadas a las grabaciones de Miles Davis junto a Teo Macero también en Columbia/Legacy. Cómo esas otras reediciones, ésta no solo recoge una fabulosa música, sino que describe con pelos y señales un periodo mágico en la historia, en concreto los años de transición entre el final de la colonización británica y la independencia de Jamaica, en los que también se gestó la música que se ha hecho tan popular en el mundo entero a través de estrellas como Bob Marley.

Sir Clement Coxsone Dodd

En la historia de la música hay otros casos de personajes influyentes que no han sido músicos o solo músicos, como los hermanos Ertegun, Alfred Lion y Francis Wolf, Rudy Van Gelder, George Martin, Jerry Wexler, Berry Gordy, Jerry Ragovoy, Willie Mitchell, Phil Spector, Manfred Eicher y tantos otros grandes productores, ingenieros de sonido o dueños de discográficas. Coxsone Dodd es parte del selecto grupo de los creadores de un nuevo sonido y, en su caso, de una influencia en la música posterior cuya enorme dimensión es aún hoy difícil de entender.

Dodd en su estudio, a los mandos de su mesa de mezclas.

Dodd en su estudio, a los mandos de su mesa de mezclas.

Como tantos otros protagonistas en la facsinante historia de la música del siglo XX, aparece en escena en un momento crucial de la de su país, indisociable de la música que se crea allí en esos años. Dodd es también uno de esos sujetos cuyo amor por la música va acompañado de una extraña manera de comportarse con los artistas que la crean junto a él. Algo tampoco único, son numerosos los grandes productores de R&B, jazz o rock conocidos por lo mal que trataban o pagaban a sus músicos y cantantes, aunque lo de este personaje realmente era de otra categoría, que a menudo rallaba lo cómico. Aún así las luminarias que se acercaron a él sabían muy bien que había otras cosas en su personalidad que lo compensaban y lo hacían realmente especial. Fue una extraña combinación de DJ, productor, ejecutivo e ingeniero de sonido. A pesar de su trato a muchos de los que le rodeaban, no ejercía ni una sola de estas funciones en solitario, sino que contaba con la ayuda de la mejor gente para cada una de estas funciones. Si de alguien se puede decir que realmente era sobre todo un gran organizador musical, en pocos casos es más acertado que en éste.

Asimilar cincuenta años después la magnitud de lo creado en apenas diez en el Studio One original, en Jamaica, sigue siendo complicado, realmente parece que estamos ante la obra de un genio sin par. Dodd fue, mirado ahora con perspectiva, uno de los grandes catalizadores de la historia, que generaba a su alrededor una inexplicable explosión de talento. La mejor música no sólo es creada por aquellos que pueden cantar o tocar un instrumento de una manera diferente sino también por aquellos que, por el motivo que sea, la escuchan de una manera distinta. Este gran productor jamaicano, como Ellington, Miles u Ornette, Parker, Gillespie o Monk, oye algo distinto en la música que lo rodea y, sobre todo, es capaz de combinar elementos que escucha aquí y allá en una forma nueva dando forma a algo completamente innovador.

La historia de Dodd es tan fascinante como típica de Jamaica. Hijo de un emprendedor matrimonio de clase media, su padre constructor y su madre dueña de una licorería, empeñados en progresar con esa tenacidad tan común entre sus paisanos. De niño sus padres le facilitaron una excelente educación tan común como poco accesible en las colonias británicas del Caribe. Tras destacar como deportista en su adolescencia, ayudar a sus padres en sus negocios, y adquirir fama de tener un gusto especial poniendo música en la tienda de su madre, pasa un tiempo trabajando en Estados Unidos cortando caña. Vuelve a su tierra con un tocadiscos, un amplificador, algunos discos… y sin haber perdido una gota de su ingenio y ambición. Combinando ambas cosas, y a pesar de disponer de tan escasos medios, comienza a construir un imperio.

Sound System

Sound systems
[Foto de Dodd con su sound system Downbeat]
Los sound systems son la version de las rent parties tan populares en los Estados Unidos, en Jamaica los bailes se llevaban a cabo al aire libre, debido al buen tiempo en esta isla del Caribe. Allí un equipo de sonido básico, como las gramolas en los bares o los utilizados en los apartamentos de las ciudades norteamericanas, no bastaba; los equipos de música se instalaban al aire libre, normalmente sobre camiones. Los sound systems tenían que ser mucho más potentes, y los graves que desarrollaban se fueron haciendo descomunales.
Cuando aparecieron en los años cincuenta los discos que sonaban en ellos eran normalmente esos hits del jazz más rítmico o del rhythm & blues instrumental que también se tocaban en los bares y rent parties norteamericanos.
Si el sonido de aquellos 72 pulgadas de surco ancho era enorme, en Jamaica su combinación con unos equipos que adquirieron dimensiones espectaculares creó algo que es difícil de describir, hay que escucharlo para sentir como sus graves resuenan en el estómago tanto o más que en los oídos.
Su música se fue infectando de los ritmos caribeños, y los acentos en el tercer tiempo del compás de las cajas de las baterías y el empuje rítmico de las guitarras acentuando a su vez el offbeat fueron desembocando en el ska.
El poderío de los graves se apreciaba mejor con más espacio en el compás, así que tras unos años del ska más frenético el ritmo se fue desacelerando y ese espacio dio lugar al rock steady primero y luego al reggae. Esos tres estilos, como antes el mento o calypso jamaicano, fueron también marcados por el nyabinghi y los tambores burru, cuyos ritmos están también llenos de espacios que crean ese efecto hipnótico intrínseco a toda la música jamaicana.

Crea su sound system en 1954, The Downbeat, que se convierte enseguida en uno de los más famosos locales de baile de Kingston. Si Duke Ellington o Count Basie adquirieron esos motes por tener un estilo y una clase especiales, el caso de Sir Coxsone Dodd no es diferente. Cualquier “Kingstonian” de cierta edad puede certificar que realmente lo que hacía sonar en sus bailes era distinto, y la cualidad que hacía su música especial ya era de una elegancia única. Lo certifican sus clientes cuando dicen cosas como “aunque fuésemos pobres, en su sound system nos hacía bailar y sentirnos como príncipes”. Bate en una batalla épica que todavía se recuerda a su gran rival, The Trojan, el sound system de Duke Reid, y su actividad se multiplica.

En las cinco franquicias de su sound system que mueve desde los ghettos de la capital a otras zonas del país comienzan a trabajar para él nada menos que Lee “Scratch” Perry, U-Roy y Prince Buster, entre otros. El suyo es el sound system que domina la escena en Jamaica de los últimos años de la isla como colonia británica.

Desde sus comienzos Dodd demuestra una habilidad insospechada para combinar su inigualable buen gusto con un gran olfato para el negocio y una falta total de escrúpulos. Ya entonces era conocida su afición a resolver diferencias poniendo encima de la mesa un arma de fuego si lo consideraba necesario, y parece ser que utilizarla tampoco le suponía un gran esfuerzo. Algo tampoco tan extraño en un entorno formado de personajes como él mismo o Reid, un antiguo policía tan famoso por su música como por su puntería.

Cuando se da cuenta, como su competencia, de que se van dejando de publicar en Estados Unidos los discos que necesitan para sus sound systems, decide grabarlos él mismo en Jamaica. Enseguida ve también algo que le brinda una gran oportunidad, y es que cuando los discos se empiezan a vender el negocio es mucho mayor que el de los sound systems al que iban destinados hasta entonces.

Don Drummond, un músico prodigiosoDon Drummond: sin duda uno de los mejores trombonistas que han existido, comparable a monstruos del jazz como JJ Johnson o Curtis Fuller, o del soul y el funk como Fred Wesley. Un genio con una creatividad y una habilidad técnica tan grandes como sus problemas mentales, que al final desembocaron en un triste final para su corta y trájica vida. En uno de sus cada vez más frecuentes y desenfrenados ataques de esquizofrenia, mató a su novia, la famosa bailarina Marguerita Mahfood, por lo que fue recluido para morir poco después en extrañas circustancias en un sanatorio. Además de los contagiosos ritmos del ska, su increible sonido hizo a los Skatalites el más grupo popular de la isla, y si sus circunstacias personales no lo hubieran impedido, se hubiese convertido sin duda en una estrella mundial. Muchos músicos de jazz norteamericanos que lo habían escuchado al pasar por Jamaica lo consideraban uno de los mejores trombonistas de todos los tiempos

Don Drummond, un músico prodigioso
Don Drummond: sin duda uno de los mejores trombonistas que han existido, comparable a monstruos del jazz como JJ Johnson o Curtis Fuller, o del soul y el funk como Fred Wesley. Un genio con una creatividad y una habilidad técnica tan grandes como sus problemas mentales, que al final desembocaron en un triste final para su corta y trágica vida. En uno de sus cada vez más frecuentes y desenfrenados ataques de esquizofrenia, mató a su novia, la famosa bailarina Marguerita Mahfood, por lo que fue recluido para morir poco después en extrañas circunstancias en un sanatorio.
Además de los contagiosos ritmos del ska, su increíble sonido hizo a los Skatalites el más grupo popular de la isla, y si sus circunstacias personales no lo hubieran impedido, se hubiese convertido sin duda en una estrella mundial. Muchos músicos de jazz norteamericanos que lo habían escuchado al pasar por Jamaica lo consideraban uno de los mejores trombonistas de todos los tiempos

En 1959 abre su tienda de discos en Kingston, Musik City, en East Queen’s Street, desde la que distribuye sus distintos sellos. En 1963, meses después de que Jamaica obtenga su independencia de Gran Bretaña, abre al fin su estudio, cómo lo había hecho poco antes su gran rival, Reid, creando su estudio y su sello Treasure Island. En el local de Brentwood Road donde Dodd instala Studio One antes había un club de jazz llamado The End, y empujado por los nuevos estudios la historia del reggae parece empezar, aunque en realidad ya había comenzado antes.

La historia de Studio One

Es complicado explicar semejante sucesión de momentos brillantes en un estudio de grabación donde la revolución parecía instalada de manera permanente. Lo que grabaron allí los Skatalites, a su nombre o detrás de grandes cantantes, desde que el estudio abrió sus puertas hasta que la banda se desintegró con la tragedia que desembocó en la muerte del gran Don Drummond, es sencillamente impresionante.

Los integrantes de esta mítica banda se conocían desde los cincuenta, y antes de formar este grupo ya habían grabado para Dodd, de hecho algunas de esas grabaciones aparecen en esta nueva recopilación que ahora se publica.

Los saxofonistas Tommy McCook y Rolando Alphonso son de los primeros músicos grabados en Jamaica a principios de los cincuenta, y Alphonso y Drummond tocaban y grababan juntos antes de que Studio One abriese sus puertas.

Sus Skatalites comienzan a grabar con Drummond al trombón, Alphonso al saxo tenor, el saxofonista alto Lester Sterling, Lloyd Brevett al contrabajo, Jah Jerry Haynes a la guitarra, Jackie Mittoo al órgano y piano, Johnny “Dizzy” Moore a la trompeta y Lloyd Knibb a la batería para Duke Reid en 1959. Jackie Opel solía ser su cantante en las grabaciones para Treasure Island.

Cuando Dodd arranca con su nuevo estudio, lo hace con una grabación en la que tras un tiempo fuera de Jamaica, están ya juntos de vuelta en la isla y por primera vez en el grupo Drummond, Alphonso y McCook, junto a Ernest Ranglin. Con esa primera grabación, “Jazz Jamaica From the Workshop”, los Skatalites se establecen cómo la banda de la casa. Hacen los temas básicos o “rhythms” sobre los que se graban las voces de Carlton & the Shoes, Willie Williams, the Maytals, the Wailers, Horace Andy, the Wailing Souls, o DJs como Lone Ranger o Prince Jazzbo.

La inmediatez y urgencia del ska se mezclaban con el duro sonido de los sound systems a los que todavía se destinaban muchos de esos temas, sobre todo en sus versiones instrumentales o en los propios rhythms sin voces que se transformaban en los dubplates sobre los que los DJs hacían sus “toastings” en directo animando a la gente a bailar.

JACKIE MITTOO

Jackie Mittoo
Es en el reggae o la música jamaicana en general el equivalente a Jimmy Smith en el jazz. Theophilus Beckford y Cecil Lloyd fueron los primeros grandes pianistas del país, y enseguida apareció Monty Alexander, cuyo refinadísimo gusto es perfecto tanto para el jazz como para la música de su país cuando la interpreta. Mittoo y Augustus Pablo, amigos casi desde la infancia, son diferentes, tienen ese groove diferente y único, relacionado también con el sonido híbrido de la música moderna de la isla, desarrollada en gran parte en los estudios Treasure Island y en el caso de Mittoo, en Studio One. Dos recopilaciones publicadas también por Soul Jazz, “The Keyboard King at Studio One”, “Last Train to Skaville” y la publicada por Heatbeat en Estados Unidos “Tribute to Jackie Mittoo”, recogen gran parte de su paso por el estudio, y las dos dedicadas por Soul Jazz a los Sound Dimension, “Jamaica Soul Shake Vol.1” y “Mojo Rock Steady Beat” complementan a la perfección la obra de este genio.

Tras esos tres años de gloria del ska, la siguiente banda creada para trabajar allí, montada por Dodd con Jackie Mittoo como director, da lugar a una evolución rapidísima de la música jamaicana. Los Sound Dimension (que también se llamaban los Soul Vendors o Soul Brothers) prácticamente dieron allí y por si mismos lugar al rock steady, y si el ska dio a conocer al mundo figuras de la dimensión de Drummond, el paso por Studio One en esos años de artistas como el prodigioso guitarrista Ernest Ranglin no es menos importante. Ranglin siempre ha sido un músico relacionado con Dodd, el cual ya aparecía en sus primeras producciones de los años cincuenta.

Si Drummond es reconocido como uno de los mejores trombonistas de todos los tiempos en cualquier estilo, la estatura de Ranglin como guitarrista es parecida, y hoy día es un artista de reconocimiento mundial. Jackie Mittoo es un prodigioso teclista, al que le encanta combinar el sonido de su piano acústico, o los distintos órganos que utilizaba, con pianos eléctricos de todo tipo y los más arcaicos sintetizadores, y un ejemplo extremo de esa capacidad de los músicos jamaicanos para mezclar en formas sorprendentes todo tipo de sonidos, y lo vanguardista con la música más bailable o popular.

Ernest Ranglin es el secreto a voces que por fin se desvela, de la manera más absurda (como ocurre tantas veces), cuando medio mundo se pregunta quien es el increíble guitarrista que toca en los hits de St. Germain que se bailan en el mundo entero en los noventa. Este extraordinario músico lleva sesenta años siendo un pilar de la música jamaicana.

Su arreglo de “Rivers of Babylon” de los Melodians es un clásico, como lo es su gran hit en Gran Bretaña en los sesenta con Millie Small, “My Boy Lollipop”, y eso por no hablar de sus contribuciones esenciales en las grabaciones clásicas de Studio One, y en muchas otras sesiones en otros estudios desde la época del nacimiento del ska hasta el roots reggae, pasando por los años de esplendor del rock steady.

Ernest Ranglin

Ernest Ranglin

Sus líneas puras y cristalinas recuerdan a las de Wes Montgomery, y siempre parece tener la nota o el acorde perfecto más inesperado para resaltar cualquier composición desde su más oscuro rincón. Como los grandes guitarristas de las mejores sesiones de la era dorada del soul en las grabaciones clásicas de Atlantic, Motown, Stax o HI, es un acompañante con un prodigioso sentido del arreglo, pero es además un solista magnífico.

Tiene además una extraña capacidad de sonar siempre auténtico, desde sus primeras grabaciones de jazz hasta las que hizo con Dodd o Duke Reid en los sesenta y setenta, con Lee Scratch Perry en esa misma década, sus más modernas y eclécticas grabaciones en los últimos veinte años, o las que ha hecho de todo tipo y en cualquier época con su amigo Monty Alexander. Su fluidísima guitarra está siempre perfecta y suena igual de bien en cualquier estilo.

© Jorge López de Guereñu, 2016
 

Enlace a los capítulos de este artículo:
Real Roots: La ópera prima de Clement ‘Coxsone’ Dodd (I/II) (es donde estás ahora)
Real Roots: La ópera prima de Clement ‘Coxsone’ Dodd (II/II)
 

Autor: Jorge López de Guereñu

Nacido en Bilbao, pero no se le puede preguntar cuando y tampoco nadie lo creería. Artista, diseñador, urbanista, profesor y empresario como profesiones, el surf, la música y las mujeres guapas como aficiones. Vive entre carreteras y aeropuertos, en cualquier sitio del mundo donde haya olas potentes o donde le lleve la última y exótica mujer de la que se ha enamorado. Escribe de todo, pero fundamentalmente cosas que sientan mal a casi todo el mundo. Sabe de todo, y lo que no se lo inventa. Cuando lo hace se queda más ancho que largo. Realmente y aunque le pudra, es de Bilbao.

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