Donny MacCaslin en Madrid
Artículo de • Publicado el 18/11/2016

Concierto: Donny McCaslin Fast Future en Madrid

Crónica del concierto celebrado el 14 de Noviembre en el Cuartel Conde Duque de Madrid, a cargo del saxo tenor Donny McCaslin y su cuarteto (Jason Lindner en los teclados, Jonathan Moron al bajo y Mark Guiliana a la batería).

Donny McCaslin

Donny McCaslin con el saxo tenor.

Una vez los últimos ecos del Shake Loose con el que Donny McCaslin inició su actuación se diluyeron en el éter, el saxofonista exhaló una bocanada de aliento mientras relajaba visiblemente los hombros, en gesto que evidenciaba su agotamiento, mientras una amplia sonrisa de satisfacción se dibujaba en su rostro; frente a él el auditorio rugía, imantado por la intensidad rotunda de la música del cuarteto y por su avasallador sonido. Y resultaba comprensible el agotamiento del saxofonista, pues acababa de dejar buena muestra de la implacable muralla sonora que su tenor volcánico podía, y venía a, desatar sobre nosotros. No estaba solo en el empeño: su cuarteto es una verdadera dinamo de acero, y tanto los hirvientes chirridos electrónicos de Jason Lindner como el viscoso bajo de Jonathan Maron y la restallante batería de Mark Guiliana colaboraban activamente para elaborar y lanzar sobre nosotros aquel vendaval.

Quizá la mejor imagen posible para tratar de transmitir por escrito la potencia e intensidad de la música de McCaslin y sus Fast Future sobre el escenario sea precisamente esa, ya descrita, del saxofonista recuperando el resuello; o, aún mejor, aquella otra que muestra a Guiliana abandonando su taburete y sentándose en el suelo, tras sus tambores, para dar algo de alivio a brazos y espalda.

Pero entonces ¿fue buena idea acercarse a presenciar en directo aquella barahúnda endemoniada?

Donny McCaslin

Donny McCaslin Fast Future en Madrid

Cada cuál haría sus cuentas, de hecho hubo quien al terminar la función no esperó por si los músicos salían de nuevo (como hicieron) a interpretar un último tema, pero me quedó la sensación de que buena parte del público estábamos encantados con la descarga recibida. Personalmente, salí tan sorprendido como entusiasmado: la música del último McCaslin resulta recia y arisca al degustarla en casa; muy atractiva, sin duda, pero sin la sensación del impacto puramente físico de las ondas sonoras en el rostro y en el pecho pierde gran parte de su capacidad transmisora, y resulta algo mecánica para estos oídos.

Se trata de música fiera, de ritmo denso y espesas armonías exentas de todo asomo de jazzítica elasticidad. Guiliana crea un ritmo constantemente entrecortado, un amasijo de filigranas percusivas esculpidas con asombrosa potencia, y que siempre transmiten esa sensación tan propia de su estilo, esa especie de rígido (engañosa rigidez, la suya) mecanicismo: experimentarlo en directo resultó tan fascinante como perturbador resulta hacerlo en disco.

Moron, agazapado bajo una gorra de paño, ejerció de elemento aglutinante de esta música trazando férreas (aunque a menudo zumbonas) líneas con su bien saturado bajo eléctrico… daba gusto mirarle bailar quedamente mientras tocaba. Lindner cuenta para sus labores con un nutrido arsenal de aparatos, teclados, palancas y botoneras… al rato de empezar el concierto me sorprendió descubrir también, camuflado entre todo aquello, un hermoso piano; asombran la inventiva y variedad de sus recursos, y la manera como los emplea para matizar, pinchar y empujar las improvisaciones de McCaslin, espiando atento, muy metido en el marasmo sonoro, los gestos y líneas de aquel. El saxofonista, por su parte, sorprende por el intenso torrente sonoro que desata desde su tenor: frontal, liso, carente de todo vibrato, ese torrente va incrementando poco a poco su gradiente térmico hasta alcanzar el punto de ebullición, donde se hace fuerte buscando, y encontrando, que tanto público como músicos quedemos exhaustos.

Jason Lindner y Jonathan Moron

El teclista Jason Lindner, y detrás el bajista Jonathan Moron.

Pero todo esto, que tomado parte a parte quizá asusta un poco, en realidad queda perfectamente batido y nos llega en forma de música recia y potente, sí, pero también sorprendentemente matizada y maniobrable: los músicos se escuchan constantemente y dialogan unos con otros, y entre todos crean un monstruoso dragón volador que, lejos de resultar patoso, culebrea en el aire ante nosotros y nos amaga o ataca a placer, entre pirueta y pirueta. El resultado de todo ello fue una actuación vibrante, exultante, arrolladora, que estuvo muchísimo más allá de cualquier expectativa que pudiese traer. Interpretaron temas tanto de “Beyond Now”, última grabación de McCaslin (Motema, 2016), como de “Fast Future”, la anterior (Greenleaf, 2015), y hubo amplio espacio para celebrar la música del malogrado David Bowie, con quien el saxofonista, Lindner y Guiliana colaboraron durante sus últimos meses de vida.

Una última imagen: McCaslin aplaudiendo junto con el público al terminar cada uno de los temas que interpretó… pero no aplaudiéndose a sí mismo o a los suyos, ni siquiera al público. La sensación que producía al mirarle era que aplaudía sencillamente para participar de una comunión de personas diversas aglutinadas en torno a su música. Una fiesta.

Arrollador, Donny McCaslin.
 
© Ricardo Arribas, 2016 (texto y fotos)

 
Donny McCaslin “Fast Future” en un club de Nueva York en 2015. Aquí el bajista es Tim Lefevre en vez del bajista Jonathan Moron que tocó en el concierto de Madrid.

 

Autor: Ricardo Arribas

Nacido en 1972, 44 añazos ya, ha pasado la mayor parte de ellos disfrutando y aprendiendo con la música, si le preguntas te dirá que incluso entendiendo, a través de ella, un poquito mejor cómo funciona el mundo. El hecho de gozar con músicas no siempre mayoritarias le llevó con el tiempo a descubrir otro placer muy especial: escribir acerca de la música, tratar de transmitir y compartir con otros aficionados las sensaciones que le provoca, escuchar con oídos distintos tras haber escuchado/leído las que provoca en ellos... Y en esas anda.

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