Joe Lovano & Chucho Valdés
Artículo de • Publicado el 22/10/2016

Reseñas norteñas: Joe Lovano & Chucho Valdés en Gijón

Crónica del concierto ofrecido el viernes 14 de octubre de 2016 en el Teatro de la Laboral, en Gijón, por Joe Lovano & Chucho Valdés Quintet, formado por Joe Lovano, Chucho Valdés, Gastón Joya, Francisco Mela y Yaroldy Abreu Robles.

Para empezar, casi no llego. Salí con tiempo de casa (o eso creía) y fui a coger el autobús pero lo perdí por segundos, llegué a la parada justo a tiempo de ver cómo el bus se ponía en marcha. Podía esperar al siguiente, pero entonces iba a llegar muy justo, así que fui a otra parada, donde pasaba un autobús de otra línea que también te deja en la Laboral. Mismo resultado. Y, por increíble que parezca…¡me volvió a ocurrir dos veces más! Yo no sé por qué me pasan estas cosas. ¿Cómo puede ser que pierda cuatro autobuses seguidos? Así que al final tuve que coger un taxi.

El escenario del teatro de la antigua Universidad Laboral (hoy llamada rimbombantemente “Laboral – Ciudad de la Cultura”) lucía tan esplendoroso como siempre y sobre el mismo teníamos a Joe Lovano (saxo tenor), Chucho Valdés (piano), Gastón Joya (contrabajo), Francisco Mela (batería) y Yaroldy Abreu Robles (percusión).

La banda de Joe Lovano & Chucho Valdés

La banda de Joe Lovano & Chucho Valdés en Gijón.

Comenzaron con The dawn of time, una añeja y bonita composición de Lovano. Durante los primeros compases, el contrabajista se puso a señalar insistentemente hacia arriba con la mano, y los técnicos de la mesa de mezclas hicieron caso a sus indicaciones. No debió hacerlo, porque lo que consiguió fue que el contrabajo sonase demasiado alto y agudo. A pesar de ello, el solo de Gastón Joya fue lo mejor de este primer tema. Él parecía completamente encendido mientras los demás estaban sólo arrancando.

Después tuvimos una rítmica ración de bop latinizado con Confirmation, el clásico de Charlie Parker. Gastón Joya seguía «on fire», aunque el contrabajo sonaba tan mal que era más una interferencia que otra cosa. Lovano y Chucho empezaron a mostrarse entonados, aunque seguían sin encandilarme.

El concierto hasta este momento me parecía algo farragoso, pero a partir de aquí todo fue sobre ruedas. Lo que marcó la pauta fue la siguiente pieza que interpretaron, nada menos que El día que me quieras, el famoso tango de Carlos Gardel. Lo tocaron en plan balada clásica (el percusionista se retiró del escenario), con Lovano y Chucho alcanzado altas dosis de belleza en sus intervenciones.

Antes de empezar el siguiente tema, el contrabajista señaló insistentemente hacia abajo con la mano. Los técnicos hicieron caso a sus indicaciones, yo respiré aliviado y pensé: “eso, eso, no tenías por qué haberlo subido tanto”. Con el contrabajo sonando más a contrabajo, la cosa se puso potente con The Streets of Naples, composición de Lovano de sabor mediterráneo que data del disco “Viva Caruso” del año 2002. En Gijón sonó satisfactoriamente frenética.

El siguiente tema no sé cómo se llamaba, pero fue muy interesante. Lovano y Chucho se dedicaron a juguetear con el saxo y el piano, intercambiando frases e internándose por vericuetos curiosos e incluso atonales. Un ejercicio de exploración e improvisación que a mí, por lo menos, me convenció.

Y tras el misterio, el ritmo con San José, una canción que Chucho escribió para la voz de su hermana, la cantante Mayra Caridad Valdés. Pero como ella no estaba, fue el saxo de Lovano el que ejerció funciones “vocales”, mientras batería y percusión alegraban el ambiente. Chucho se unió a la fiesta con su solo, y con aquella música a uno le daban ganas de levantarse de la butaca y ponerse a bailar.

Lo siguiente fue The Star-Crossed Lovers, la bellísima balada compuesta por Billy Strayhorn y Duke Ellington para la suite “Such Sweet Thunder”, inspirada en textos de Shakespeare. El percusionista volvió a retirarse del escenario, y volvió a ser una balada clásica, aunque un plus de riesgo en las improvisaciones, que discurrieron por senderos atípicos. No me hicieron olvidar a Johnny Hodges, pero estuvo muy bien.

Después de versionar a Charlie Parker y a la pareja Ellington-Strayhorn, ¿qué hay más natural que versionar a John Coltrane? Pues allá se fueron con Mr. Day, tema en el que junto a las poderosas intervenciones de los dos líderes, el protagonismo recayó en la percusión, con Francisco Mela haciendo un solo muy bruto con la batería y Yaroldy Abreu uno muy melódico con las congas y el bongó.

Para terminar, otro pedazo de balada: Tres palabras (Osvaldo Farrés). Al contrario que en las dos baladas anteriores, esta vez el percusionista sí que se quedó en el escenario, como no podía ser menos tratándose de uno de los clásicos de la canción cubana. Volvió a ser una balada clásica, con un Lovano lírico y desatado, y el trabajo de Abreu aportando vidilla y enriqueciendo la música.

El bis fue Abdel, una muy movida composición de Chucho que sonó vibrante y estupenda, con todos los músicos aportando cosas guapas y Chucho marcándose un solo espectacular de lo más virguero y divertido. En resumen, que al final fue un muy buen concierto. Esta misma formación actúa el próximo 24 de octubre en Barcelona y el 25 de octubre en Málaga. Vale la pena, de veras.

¡Ah! Decir que a la salida del concierto me encontré con una amiga, con su madre y su hijo, y tuvieron a bien llevarme en su coche de vuelta a la ciudad (conducía la madre). Menos mal, porque ya tenía miedo de enfrentarme otra vez a una parada de autobús.

© Alejandro Díaz, 2016

 
Joe Lovano y Chucho Valdés en un ensayo a dúo.

Autor: Alejandro Díaz

Nacido en Gijón en 1973, lo del jazz le entró por un oído y, como todavía no le salió por el otro, es de suponer que sigue por ahí dentro, alojado en alguna parte de su cerebro (él asegura que es en la parte buena). Su vida carece de dirección, lo cual no le impide ser un apasionado de la música en directo y prodigarse en ofrecer opiniones directas sobre los conciertos que ve y los discos que escucha. Ustedes verán si le hacen caso, pero les advierto que el hombre es abstemio, y que además no le gustan ni el fútbol, ni los coches, ni los perros. Ya ven, una lindeza de tío. ¡Y encima escribe poemas!

1comentario
  • dispersus@gmail.com'
    Julio 23:58h, 13 diciembre Responder

    A mi, Lovano me pareció totalmente fuera de lugar. Notas, notas, pero no transmitía nada, no conectaba, pura gimnasia, ni él mismo se creía lo que tocaba. Sobraba Lovano claramente. Imagina ese mismo concierto, pero D’Ribera en vez de Lovano…

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