Artículo de • Publicado el 04/04/2016

Erik Satie según Joako

Con este artículo Joaquín Fernández inicia su colaboración en Jazzitis, lo dedica a Erik Satie evitando el riesgo de verse abocado a tomarse en serio un análisis racional del lenguaje de este genial compositor, lo que otros hacen como si existiese un sistema filosófico-estético oculto que hubiese que sacar a la luz.

ERIK SATIE: EL EMPECINADO

Cuanto más músico se es, más loco se está”. “No nos fiemos del Arte: muchas veces no es más que Virtuosismo”.

A un hombre no se le puede conocer por sus elucubraciones que deja como aforismos. No. Aunque se puede sacar mucha sustancia de esas dos citas que hay arriba.

En la primera se auto diagnostica: cuanta más música se hace más se hace el “tonto”. Sobre todo, si no se compone algo que dé para subsistir. Satie decía detestar el Arte (así con mayúsculas) porque con él no ganaba lo suficiente para tener un ático con calefacción; y sobre todo porque tenía razón. No condeno: constato, ¿quién trabaja por nada? (A bote pronto mucha gente, por ejemplo los voluntarios en las ONG’s…) Él era un transgresor, quería vivir bien de su música.

Satie, era transgresor y vanguardista. Un señor que se reía de lo serio y se ponía serio con lo jocoso, en fin, es un postmoderno que clama la individualidad absoluta pero que si lo pasa mal, “por favor, que alguien me socorra”.

BIOGRAFÍA ENTRE LA FICCIÓN Y LA REALIDAD

Me llamo Erik Satie, como todo el mundo»

En el último tercio del siglo XIX los compositores franceses admiraban el arquetipo del español, entre lo exótico, lo pendenciero y lo quijotesco, Chabrier compuso la obra «España”, también Debussy, Ravel y Bizet compusieron desde pequeñas obras hasta una sinfonía y una ópera de aire “español”. Erik Satie, para no ser menos lo hizo a su manera, compuso una pequeña pieza con el título de “Españaña” para bromear sobre Chabrier. 

Se codeaba con Debussy, por ejemplo, que participó orquestando las “Gymnopédies” de Satie. La relación con Ravel era mejor, del que Satie llegó a decir «lo mucho que debía a su música». Sin duda, Ravel apoyó mucho a Satie.

Pasados los años, en 1920, compuso para piano “Réverie de l’enfance de Pantagruel”. O sea que leía a François Rabelais, no extraña lo que acontenció un día que unos amigos le invitaron a comer en un restaurante parisino de postín, y le dicen:

De tous poissons fors que la tanche, prends le dos et laisse la panche (traducción libre: Toma el lomo y deja la panza). En castellano sería: “De la mar el mero y de la tierra el cordero”. Y si es un español fino, añade: “vale: y que sea de Segovia”.
Oh lalá -dice Satie- (traduzco directamente: “A mí lo que más me gusta comer es: De la tierra el cerdo, de la mar el puerco y del aire el lechón”).

Sus padres de religiones distintas le llevan a recibir lecciones de un compositor que está prendado por el órgano gregoriano. Años más tarde compone las hipnóticas «Gymnopédies», recreación de una milenaria danza griega.

Erik Satie fijó su residencia en el arrabal parisino de Arcueil donde vivió de forma pobre, se autodenominaba "Monsieur le pauvre".  (Reproducción de una pintura de Santiago Rusiñol en 1981)

Erik Satie fijó su residencia en el arrabal parisino de Arcueil donde vivió de forma pobre, se autodenominaba «Monsieur le pauvre». (Reproducción de la pintura de 1891 «Erik Satie en su estudio» de Santiago Rusiñol)

Satie sigue sin calefacción esos años… Reconocido por otros compositores se da cuenta que le queda por aprender y vuelve al conservatorio durante tres años más para salir diciendo: “Os vais a enterar no voy a dejar títere de pie”. Total, un escándalo porque estamos en la Francia de la Liberté…, si hubiera sido de Iberia lo ponen en un psiquiátrico. Más adelante tiene la genialidad de componer algo mejor: «Socrate» 30’11, para voz y piano que publica en 1919.

Se implica en la vida comunitaria del humilde municipio de Arcueil: funda asociaciones, organiza encuentros, colabora con el periódico local, lleva de excursión a los niños de las escuelas (lo mismo tenía vocación de trabajador social).

En esos años donde el postmodernismo estaba en boga (de todos) Satie acude a la consulta de psiquiatra:

– Por favor, siéntese en el diván, y cuénteme su patología.
– Pero ¿por qué voy yo a tener una patología?, chota de mierda.
– Prosiga don Satie, no se corte.
– Me llamas don cuando eres amigo mío desde la infancia. Tú estás peor que yo. Es más, recuerdo que estabas tan obsesionado con tu padre que en una disputa que tuvisteis os separaron con una manguera a presión porque le querías ahogar.
– Se ve que eso te dejó más marcado a ti que a mí. Yo a mi padre lo amaba a mí manera. Pero ¿para qué has venido?
– Para que me extirpes los órganos de pensar. Vivo componiendo todo el rato, improviso cualquier cosa, dicen que soy un minimalista pero yo quiero ser maximalista porque quiero tener calefacción en mi casa. Además tengo cierta frustración, el otro día di un concierto y todos venían con cascos como los que lleva la Dama de Elche. No me escuchan, divagan en sus ensoñaciones o vienen a dormitar. No sé si es un sueño o es realidad.
– Mira, Satie, yo tuve sueños peores que los tuyos, cuando estaba haciendo mi tesis en 5º de psicoanálisis soñé que me perseguía un mechero Zippo que lo tenía detrás todo el tiempo como si fuera un Pepito Grillo, hasta que un día vi que me estaba explorando el orto.
Satie se levantó del diván y desde entonces siguió su propio criterio, se hizo cartesiano.

Su metodología -real- era la siguiente:

“El artista debe reglamentar su vida. He aquí el horario exacto de mis trabajos diarios. Me levanto a las 7:18; inspirado: de las 10:23 a las 11:47. Almuerzo a las 12:11 y recojo la mesa a las 12:14 (Debe de engullir como los pavos). Paseo higiénico a caballo en mi parque de 13:19 a 14:53. Otra inspiración de 15:12 a las 16:07. Ocupaciones diversas (esgrima, reflexiones, inmovilidad, visitas, contemplación, ingenio, natación, etc.) de las 16:41 a las 18:47. Se sirve la cena a las 19:16 y se termina a las 19:20. Vienen las lecturas sinfónicas de viva voz desde las 20:09 hasta las 21:59. Me acuesto regularmente a las 22:37. Cada semana me despierto sobresaltado a las 3:19 (el martes) …”

Parece un algoritmo, ¿será la matemática la que lleve la voz cantante en la racionalidad de Satie? Ni idea, pero su música se adentra en la exploración de los límites de la tonalidad. Esto ocurre al principio del siglo XX. La música tonal había llegado a un punto de crisis. En búsqueda de una expresividad extrema compositores como Wagner o Strauss habían llevado el cromatismo y sus principios casi hasta el límite de la disolución de la tonalidad. Surge la música “atonal”, es decir, la carente de centro tonal. ¿Es, por consiguiente, Erik Satie atonal? Las diez primeras respuestas, tengan o no razón, recibirán un premio.

Un aforismo muy simpático de Erik Satie: “Como todos los calvos, soy bueno –a ciertas horas, claro–“. ¡Qué reflexión tan bonita! Un “loco” encantador.

© Joaquín Fernández, 2016

 
Bibliografía breve:
Jean Pierre Armengaud “Erik Satie – Una biografía para piano” Parsifal Ediciones, 1991
Mary E. Davies y Daniel Sarasola “Erik Satie” Ed. Turner Música, 2008
Alfonso Vella “Satie – La subversión de la fantasía” Ed Península- Atalaya, 2013

 

Autor: Joaquín Fernández

Está entre los 55 años y muerto. Graduado en Trabajo Social por las Escuelas Pías de Madrid. Humanista secular: las cosmogonías (metafísicas) desde que existe la física cuántica y sus especialidades no le dicen nada. Hace Shito Ryu 6 horas a la semana, es 2º Dan. Fluctúa entre lo órfico, lo onírico y lo vigil. Si se le despierta sin cuidado puede transformarse en el gato Tobermory. Escribe aquí de chiripa, de rebote como decía Horacio Quiroga "soy una semejanza de bola de billar, nacido con efecto. Que una vez que toca banda emprende los rumbos más inesperados”.

11 Comentarios
  • Joako 22:28h, 04 abril Responder

    ¡Oichss, qué bonito ha quedado! Gracias a Jazzitis por abrirme cuando he llamado a su puerta. Gracias a Tocho por ayudarme a plasmar mis notas en el ‘escenario’, y por la paciencia que tiene :-) Besos a mis tres mujeres, ¡os quiero! :-)***

    P.D.: Señores editores; mi cláusula de rescisión de contrato con esta entidad es muy abultada. Les ruego no me tienten que soy insobornable.

    • fernandeztorreslaura@gmail.com'
      Laura Fernandez 10:58h, 04 mayo Responder

      Como siempre..fantástico! Enhorabuena. Un abrazo de una de tus mujeres. ;-)

  • luisosby@gmail.com'
    Luis 'Osby' 10:09h, 05 abril Responder

    ¡¡Enhorabuena, Joaquín!! Muy simpático y sugerente el artículo.
    Alegrón grande el que me he llevado sabiendo de ti nuevamente por aquí.
    Un abrazo muy fuerte, compañero.

  • Joako 17:02h, 05 abril Responder

    Gracias, Luis. Por aquí estaré haciendo el chorra. El día que me vea convertido en un excéntrico aburrido, o un verdadero pelmazo que es lo que más temo de esta vida dejaré de hacer el chorra. :)
    Un abrazo, Luis.
    P.D.: Madre mía cómo está el país esto parece cada vez más una merienda de ‘grelos’.

  • tempsdejazz@gmail.com'
    Abel 17:47h, 05 abril Responder

    Pues no dejes de hacer el chorra, Joaquín. Sigue así. Que con artículos tan entretenidos y divertidos como éste, uno se lo pasa la mar de bien. Gracias!
    Por cierto, no sé yo si Rusiñol estaba muy en forma en el año 1981 para ponerse a pintar, je, je, je… Creo que ahí hay un baile de cifras ;-)
    Un saludo.

  • Carles "Tocho" Gardeta 18:17h, 05 abril Responder

    Gracias, Abel, Joaquín no es el culpable de esta errata que ya se ha corregido, el mérito de este error es exclusivamente del editor.

  • Joako 19:10h, 05 abril Responder

    Gracias, Abel. :-)
    Y es cierto: todos los errores son del editor, ¿en qué estaría pensando?

  • tempsdejazz@gmail.com'
    Abel 07:40h, 06 abril Responder

    Pas de quoi, amigos.
    Y cuidado con los editores… Siempre quieren llevarse el mérito de todo, incluso de los errores.
    Salu2! :-)

    • Joako 13:13h, 06 abril Responder

      Jjaja, Abel. Lo mismo tú eres uno (editor) que estás encubierta, digo encubierto. Denoto en ti un gran sentido del humor.
      No conozco ningún editor en persona pero estimo que hacen una labor fundamental en la sociedad, no digamos los editores de novelas que en los tiempos que corren bien podrían hacerlos una estatua. Los admiro podrían algunos escaquear su pasta a Panamá, un decir, o irse a cazar elefantes; y sin embargo ahí los tienes dando el callo editando inclusive a escritores que los conocen cuatro gatos.
      Y al señor editor de Jazzitis le admiro igual, sin ambajes, un tipo valiente que pone mis artículos que estoy medio seguro no los editaría nadie más. Y más intentanto hacer lo que yo intento imitar al enorme Kurt Vonnegut escribir con mala leche aunque siempre jovial e ingenioso; y siendo en muchas ocasiones terriblemente sincero. Na apenas le llego al maléolo tibial. En fin, que rompo un vermut con torreznos (porque no tengo lanzas) por el gran editor que hay en Jazzitis.
      Abel, un saludete. :)

  • Garabito57@gmail.com'
    José Luis 08:24h, 06 abril Responder

    Por favor. No sabia que teníamos tamaño intelectual en el tatami. Entretenido y divertido artículo de un músico especial. Por cierto que ya puestos a corregir es Trabajador Social Por la UNED

    • Joako 12:59h, 06 abril Responder

      José: lo mismo es debido a las hostias reales que nos atizamos en el tatami. Pero ya te veo venir: mañana, Kant mediante, se lo dirás al sensei, a Daniel y a todo quisque. Es igual, yo aguanto cualquier chaparrón. Hale a tomar por ++++ mi prestigio si es que quedaba algo. :-)
      Te veo mañana.

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