Gainsbourg. Elefantes Rosas
Artículo de • Publicado el 14/01/2017

Gainsbourg. Elefantes rosas

Quienes estén interesados en conocer el legado artístico del inigualable Serge Gainsbourg encontrarán en este recomendable trabajo de Felipe Cabrerizo no sólo una respuesta certera, sino también un libro entretenido de la primera a la última página, una vida de novela.

Gainsbourg. Elefantes rosasFelipe Cabrerizo
Gainsbourg. Elefantes rosas
Prólogo de Javier Rebollo
© Expediciones Polares, Colección Psycho beat!, 2016
448 páginas

 

Una canción en la cabeza, un cigarrillo en la mano, una mujer en la cama

Veinticinco años después de la muerte de Serge Gainsbourg (1928-1991), esta cuidada edición de Expediciones Polares viene a llenar un hueco inexplicable: el que dejaba la exigua documentación disponible en castellano sobre la obra del poliédrico autor nacido con el nombre de Lucien Ginsburg.

Serge Gainsbourg “Monsieur Gainsbourg Revisited” y “Great Jewish Music: Serge Gainsbourg”.

“Monsieur Gainsbourg Revisited”, en su cubierta Gainsbourg con su mujer Jane Birkin, y “Great Jewish Music: Serge Gainsbourg” publicado por Tzadik.

Compositor, cantante, letrista, cineasta y actor entre otras muchas cosas, las canciones de este enfant terrible –que del jazz y la chanson se trasladó al pop más heterogéneo– continúan siendo versionadas por los músicos más diversos. Para corroborarlo, basta con acercarse a álbumes como “Monsieur Gainsbourg. Revisited” (2006) en el que encontramos, entre otros, a Portishead, Franz Ferdinand, Marianne Faithfull, Cat Power, Placebo y Carla Bruni o el que le dedica el vanguardista sello Tzadik en su serie Great Jewish Music, con artistas como John Zorn, Medeski, Martin & Wood, Cibo Matto, Fred Frith, Cyro Baptista, Mike Patton y Marc Ribot.

Felipe Cabrerizo (San Sebastián, 1973) –periodista cultural y programador de cine a quien muchos conocerán por su desenfadado programa de radio Psycho Beat!– despliega en más de cuatrocientas páginas un completo recorrido por la trayectoria de Gainsbourg. Sin dejar de lado jugosas anécdotas, el escritor evita regodearse en los excesos del personaje y se detiene especialmente en el análisis de su producción artística con un texto detallado, ágil, riguroso y ameno que invita a escarbar en el legado del autor de La javaneise. Cabrerizo –que siempre trasluce una sincera pasión por lo que hace– evita la mirada hagiográfica y construye con acierto el difícil retrato de un artista multifacético, de un hombre que oscila entre sus propias versiones de Dr. Jekyll y Mr. Hyde. El resultado se redondea felizmente con la inclusión de una gran cantidad de traducciones de letras, bibliografía, discografía y filmografía (como director, actor y músico) de Gainsbourg.

Asomarse a aquellos años de Serge es montarse en una vertiginosa montaña rusa. «Su vida –asegura Cabrerizo– fue una tragedia que él siempre vivió como una gran broma».

Algunas mujeres de la vida de Serge Gainsbourg

En la foto superior Gainsbourg con Brigitte Bardot, con la que tuvo una relación que duró tan solo unos meses. Con Jane Birkin en la foto central, su tercera mujer con la que tuvo una hija y de la que se separó después de 18 años de matrimonio. En la foto inferior con Bambou, juntos tuvieron un hijo.

Por un lado, encontramos el lado maldito del personaje. El niño judío obligado a llevar la estrella amarilla en la Francia ocupada por los nazis. Su temprana frustración como pintor. El pianista oscuro que gastaba las madrugadas de la Rive Gauche. El fracaso comercial de los primeros discos a su nombre. Las burlas sobre su físico. El maltrato de la prensa. Las estrecheces económicas de sus comienzos. El pánico a cantar en directo. Su humor negro. El perdedor que promete tomarse revancha. El dilema entre música comercial y música de calidad. El resentimiento por la falta de éxito. La huida de los escenarios. La decisión de prostituir su producción musical. Los descarados casos de plagio. El escándalo por hacerle cantar Les sucettes a la adolescente France Gall (con una letra que habla de una chica que se siente en el paraíso al chupar una piruleta que le da sabor a sus besos y que gotea un azúcar anisado por su garganta). El aireado affaire con la señora Brigitte Bardot. Los reiterados problemas con los arregladores a su servicio. Su publicitada relación con Jane Birkin y la persecución de la prensa. Las múltiples prohibiciones de una escandalosa canción tildada como pornográfica. El compositor que debe improvisar con prisas poco antes de grabar. Su vena escatológica. Los frecuentes refritos en sus composiciones. Las interminables fotos en la madrugada parisina acompañado por un largo listado de mujeres. Los ataques de los periodistas a la mayoría de sus trabajos cinematográficos. La incomprensión del público. La creciente arrogancia que llega con el estrellato. Las amenazas de muerte por su utilización de La Marseillaise. Los enfrentamientos con los excombatientes nacionalistas. El provocador vídeo de Lemon Incest, en el que aparece en la cama con su hija Charlotte, de trece añitos. Gainsbarre, su provocador alter ego –reflejo de todos sus excesos– dedicado a las borracheras y los escándalos públicos. «Quand Gainsbarre se bourre, Gainsbourg se barre» [«Cuando Gainsbarre se emborracha, Gainsbourg se pira»]. La crítica que destroza su novelita Evguénie Sokolov, centrada en un personaje experto en flatulencias. El tortuoso declive de su vida y su música. Sus polémicas apariciones en la tele insultando al socialismo, cuestionando a la chanson, quemando dinero o propasándose con Whitney Huston. Los comas etílicos. Los delirium tremens. La adicción a los barbitúricos. Los cuatro paquetes diarios de Gitanes. Su derrumbe tras la separación definitiva de Birkin. La tortuosa relación con Bambou, una modelo salpicada por la heroína. El final autodestructivo en su casa del 5 bis de rue Vernuil.

Serge Gainsbourg y Ray Charles

Gainsbourg con Ray Charles en el festival Printemps de Bourges, 1987.

Por otro lado, hallamos un lado más afortunado. Su temprana fascinación por Django Reinhardt. Su relación con Boris Vian. El voluntarioso creador que lucha contra viento y marea. La noche en la que escucha feliz a Billie Holiday en el Blue Note de París y se arroja de cabeza al jazz. El esnob impecable que anima con su piano las boites cercanas al Sena. Su primer clásico: Le poinçonneur des Lilas. El músico mimado por la intelectualidad parisina. El triunfo en Eurovisión con Poupée de cire. El éxito imparable de lo que él llama «mis cancioncillas de mierda». Su habilidad para colarse entre los referentes de una generación de músicos bastante más joven que él. El éxito planetario de Je t’aime moi non plus. El compositor más solicitado de Francia. Canciones y más canciones para Michéle Arnaud, Anna Karina, Françoise Hardy, Juliette Gréco, Brigitte Bardot, Jane Birkin, Jacques Dutronc, Petula Clark, Catherine Deneuve, Vanessa Paradis… El letrista singular que se inventa mil juegos de palabras y pule sus versos como un orfebre. El cineasta elogiado por Truffaut y Godard. Sus amores con las mujeres más deseadas de Francia. La hiperactividad compositiva. Las canciones brillantes que se saca de la chistera. Los dulces setenta con álbumes como “Histoire de Melody Nelson” (1971) y “L’homme à tête de chou” (1976). El admirado autor de bandas sonoras. El precursor de las fusiones musicales con eso que más tarde se llamará “world music”. África. El reggae. El exitazo de “Aux armes et cætera” (1979). Su primer disco de platino. La cruz oficial de las Artes y las Letras, máximo galardón del Estado francés, que le es entregada de manos de Jack Lang, Ministro de Cultura. Los últimos homenajes que recibe en vida, aquellos treinta niños disfrazados de Gainsbourg cantándole On est venus te dire qu’on tàime bien. Los fans que le perdonan todo, que lo acompañan hasta el final y más allá. El presidente de Francia, François Mitterrand, despidiéndolo tras su muerte: «Era nuestro Baudelaire, nuestro Apollinaire. Elevó la canción al nivel del arte». Las radios emitiendo sus canciones sin parar durante toda la noche. Los admiradores colapsando la calle de su residencia durante varios días, llevando recuerdos y poemas a un santuario improvisado. Los comentarios de quienes le conocieron de cerca, asegurando que él poco tenía que ver con ese personaje que se había inventado, que Serge era un hombre cariñoso, respetuoso, educado. Su casa, que años después continúa cubierta de amorosos graffities, convertida en un centro de peregrinación. El íntimo recuerdo de Birkin en su película “Mes images privées de Serge”. Los reconocimientos tardíos del mundo anglosajón.

Una personalidad artística intensa, polémica y camaleónica que late en cada página de este “Gainsbourg. Elefantes rosas”. Búsquelo y disfrútelo. En la cosecha de libros musicales de estos últimos años, pocos, muy pocos, suenan tan bien.

Gainsbourg dixit

Serge Gainsbourg

«He decidido que me voy a lanzar sobre lo alimenticio. Este es el último disco que hago antes de comprarme un Rolls».

«Yo nunca me quise cambiar de chaqueta… hasta que descubrí que la próxima podía ser de visón».

«Sí, me prostituyo. Como una call-girl, de acuerdo, pero nunca en la calle. Me prostituyo cuando puedo elegir al cliente, a la clienta».

«He tenido éxito, pero no tanto como autor, cantante o actor. Solo lo he tenido porque soy un personaje. Es curioso, porque soy terriblemente feo. Doy todo el mérito a esta cara que detesto».

«La mujeres me adoran: no necesito levantar un dedo para ello, mi teléfono no deja de sonar. El cartero siempre me trae cartas de amor».

«Tuve un cierto éxito en la Rive Gauche. Pero la Rive Gauche no tiene nada que ver con el público. El público es esa masa que compra discos, que destroza el Olympia viendo a los Animals y que invade Orly para ver a los Beatles (…) ¿Qué significa “tener éxito”? ¿Ganar dinero? Pues bien, ya he ganado lo suficiente como para vivir sin preocuparme por él. Pero parece que tener éxito es conseguir los sueños de la juventud. Por lo que yo no tengo éxito. He fracasado, porque lo que yo soñaba era convertirme en pintor y dejé la pintura».

«La fama me destruyó. Destruyó mi alma, mi conciencia y mi subconsciente. Éste es un oficio extremadamente cruel porque hay que liberar el alma. Si no lo haces, eres un hipócrita y no llegarás lejos. Y la sinceridad tiene un precio muy, muy alto…»

«Nunca seré dulce con las mujeres. Las odio. Con ellas todo acaba mal».

«Ponerse una máscara es una defensa. Yo creo que me he puesto una máscara y que veinte años después la sigo llevando. Delante de mí está toda la mascarada de la vida. Detrás, solo hay un negro: yo»

© Sergio Zeni, 2017

 
Lista de escucha de todas las canciones mencionadas por Felipe Cabrerizo en las páginas de “Gainsbourg. Elefantes rosas”.

 
Videoclip de la canción dedicada a Brigitte Bardot Initials BB de Serge Gainsbourg, con partes filmadas en 1968 pertenecientes a The Bardot Show:

 
Jane Birkin y Serge Gainsbourg bailando sensualmente la canción La Decadanse, él sin dejar de fumar.

Autor: Sergio Zeni

Tras estudiar Comunicación Social, trabaja como creativo en agencias publicitarias de Buenos Aires y Madrid. Desde hace más de diez años colabora con publicaciones musicales como Cuadernos de Jazz, Diariofolk, Jazzitis, Soul Nation, Tomajazz, Distrito Jazz y Tierra Folk. Actualmente reside en Barcelona, donde coordina diferentes talleres de escritura.

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