Artículo de • Publicado el 26/05/2016

El gran tambor japonés según Joako

El autor ha reflexionado durante un largo espacio de tiempo (2 ó 3 minutos) sobre por qué el sonido del tambor conmociona tanto al ser humano en todo el orbe terráqueo, y se ha ido virtualmente al Japón para ver cómo van allá las cosas con a los tambores, y nos lo explica con pelos y señales.

Latidos de la tierra

Figurilla de terracota Haniwa de un individuo con un tambor  (Siglos III a VI AC) .

Figurilla de terracota Haniwa de un individuo con un tambor, la más antigua referencia al instrumento en Japón, datado entre los siglos IV y VI.

De entrada me encuentro con que el grupo de tambores japoneses es conocido como Taiko, aunque un japonés (incluso todo el resto de japoneses sin excepción, que son bastantes) utiliza “Taiko” para nombrar a un tipo de tambores, a los más grandes. Se supone que en el archipiélago ya se usaban tambores hace 4.000 años, pero no eran como los que conocemos, estos parece que llegaron a Japón en tiempos de la introducción del budismo alrededor del Siglo VI de nuestra era vía Corea y China, al menos eso es lo que se puede deducir por la evidencia arqueológica.

Se supone que el tambor en tiempos muy primitivos se usaba para señalar que los cazadores volvían, que se avecinaba una tormenta, o cosas así. Es oportuno indicar que mientras el tambor en Japón se toca con palos, en África se toca mayormente con las manos, lo que permite más tonalidades y sutileza de lenguaje; por ejemplo, entre varias aldeas según sea tocado (con una mano, las dos e incluso con diferentes dedos) desarrollan un lenguaje con sujeto, verbo y predicado. Veamos un caso: se podía pedir al vecino si tenía sal con estos toques:

“Po poo ppooo” significaba “¿Tienes sal de sobra?”

Y el otro respondía “Poooo pooo tutucutú” («Sí. Y de paso me traes dos hojas de laurel que quiero hacer gacela estofada.»)

Como pueden ver era un lenguaje muy elaborado.

Ya en el Japón de los ejércitos feudales, allá por el Siglo XII, lo utilizaban en la guerra para transmitir órdenes o avisos, y lo usaban mucho porque no paraban de guerrear. En el Siglo XVI los Señores de la Guerra daban instrucciones más precisas. Al responsable que estaba a cargo de transmitir órdenes mediante este instrumento se le llamaba Yaku; era un militar especialmente entrenado para ello. No vestía armadura ni portaba armas, solamente llevaba el tambor (con varios ayudantes) y lo tocaba cuando procedía. Los compases y los tiempos marcaban a la tropa si debían continuar la avanzada, detenerse, retroceder, y hasta la hora del bocadillo. Los samuráis, que era una clase privilegiada, eran los que interpretaban los sonidos.

Pero como todo en la vida, esos mensajes se podían interpretar mal. En el idioma japonés, se pueden hacer juegos de palabras visuales aprovechando que el sistema de escritura es ideográfico y que algunas palabras homófonas se escriben con distintos caracteres, por tanto, cabía el riesgo de una libre interpretación del sonido del tambor.

Veamos el caso de samurái Moto Kawasaki. Sabía casi todas las especialidades de artes marciales aunque la asignatura de Lengua en la ESO de Japón (un decir) siempre la llevaba como una rémora: le quedaba pendiente casi todos los cursos. De hecho fue el causante de un mal entendido que supuso la ruptura de la época Edo (feudal).

Kawa (por abreviar) estaba mirando al monte Fuji cuando oye el sonido de un tambor que él interpretó a su manera, porque literalmente el sonido era éste: «Clanc clonc clonc clanc» (que cómo saben todos ustedes significa literalmente: “Shogun dice que le compres bastoncillos para los oídos”. Kawa contesta con un tambor de bolsillo: «¿Clinc Ching clon? Clanc clonc clanc clonc.» (A pesar de que todos ustedes saben lo que quiere decir, a partir de aquí lo traduzco por si hay alguien que todavía no domine este lenguaje de los tambores).

– ¿Puedes deletrearme qué has dicho? Porque he interpretado que al Shogun le han dado con bastoncillos hasta en los oídos.

– Venga ya, no hace falta que te lo deletree de nuevo porque está ‘clarinete’.

Estampa japonesa de la ruta de Tokaido.

Estampa japonesa de la ruta de Tokaido.

Moto Kawasaki se enchufa muy mosqueado hacia el camino del Tδkaidδ y al primer samurái rival que se encuentra le saluda muy amablemente (eso sí), y después le rebana la cabeza. Puso así el reino al revés provocando una guerra entre el Emperador Sor Dito y el Shogun (gobernador) por una mala interpretación de nuestro amigo Kawa.

Ante tal incidente el propio Sor Dito hizo el viaje por el Tδkaidδ. “Viaje por el Tδkaidδ” es un libro muy ameno y divertido de Ikku Jippensha, escritor del Siglo XIX, sobre dicho camino, que es una de las cinco rutas antiguas más importantes de Japón. Ahora con las autopistas ya es otra cosa. Lo cual significa que lo que yo cuento no es literal ni se parece a lo que dice el libro. Lo “real” y lo “ficticio” son conciliables. Ni todo es tan real, ni lo ficticio quizás lo sea tanto.

Los tambores japoneses

La diversidad de tamaños y usos de los tambores japoneses es muy variada. Habitualmente el cuerpo está construido con una sola pieza de madera, cada tambor requiere un árbol determinado cuyas particularidades se adecuan mejor al tamaño y sonido deseado, el proceso da fabricación de alguno de estos tambores puede durar años.

Hay que tener en cuenta que hay tambores gigantescos que debido a la complicación de moverlos están en algún monasterio o santuario, próximos a los tres metros de diámetro y con un peso superior a los 400 kilos, si alguien está interesado en comprar uno que sepa que salen por unos cuantos cientos de miles de dólares, a pagar al contado (el más grande parece ser uno coreano, no está en venta). Una pequeña muestra de cómo suena eso, aunque en directo la reverberación debe ser mucho más impresionante:

Cómo es comprensible, la dificultad de encontrar en la actualidad árboles de tales características, a veces árboles milenarios, ha obligado a aplicar modernas técnicas a base de construir estos tambores con láminas, a modo de un barril de vino de nuestros lares, para entendernos, y así también salen un poco más baratitos, su sonido es grave y profundo, vamos… que bien aporreados te hacen temblar las partes más íntimas (me refiero a los intestinos) y acojonan un poco. Y para el cuero de estos descomunales tambores se necesita la piel de un toro cuatreño, de un bicharraco entero, y que esté gordo. Los tambores más pequeños miden unos treinta centímetro de diámetro.

Diferentes tipos de tambores tradicionales  japoneses.

Diferentes tipos de tambores tradicionales japoneses.

Todos los tambores se percuten con palos de madera, uno o dos. El palo para los tambores king size pueden tener las dimensiones de un bate de baseball y se sujeta con las dos manos. La posición y los movimientos de los ejecutantes no son nada caprichosos, responden a una disciplina muy currada, y de vez en cuando profieren gritos que se incorporan al todo.

Los tambores más grandes se colocan de lado sobre una base de madera con patas para que no se vaya rodando si el suelo no está nivelado, lo que sería dramático, y alguno es tocado por dos fulanos, uno por cada lado. Cada tambor tiene un sonido único y una función específica, los hay que marcan el compás básico determinando el tiempo, y los hay que se utilizan para ritmos más complejos y nerviosos.

Hay también estilos de cuerpos cortos, los cuales se hacen cada vez más populares. Son muy ruidosos, su sonido retumba y frecuentemente son tocados con tablillas de bambú que producen un tono agudo.

Daihachi Oguchi, baterista de jazz gran renovador de del tambor japonés tradicional.

Daihachi Oguchi, baterista de jazz y gran renovador del tambor japonés tradicional.

El Taiko (este gran grupo de tambores japoneses de los que estamos hablando) fue actualizado después de la II Guerra Mundial por el baterista de jazz japonés Daihachi Oguchi. Partiendo de la tradición abrió el Taiko a una nueva dimensión reuniendo diferentes tambores tradicionales en un conjunto para tocar composiciones complejas en grupo, con un concepto proveniente del jazz. La extraordinaria aportación de Oguchi al moderno Taiko ha sido colosal.

Los hay que relacionan el Taiko con el Bushido, que no se refiere atacar a Bush, ojo, sino al estricto código ético de los samuráis. Por lo que he indagado estaba más ligado al Sumo que a otras artes marciales aunque en los Dδjδ japoneses hay algún taiko. Hasta donde yo sé no se utiliza para realizar artes marciales; sí quizás para hacer alguna exhibición de las mismas.

Acuarela de tinta negra sobre papel.

Acuarela de tinta negra sobre papel.

Me atraen mucho las tradiciones japonesas, las veo un popurrí de budismo y sintoísmo, considero que son un poco spinozianos por lo panteistas que son: ven a dios en la naturaleza. A la vez están llenos de virtudes y de vicios. Capaces de trabajar como hormigas mirando el bien común, son capaces de mostrar una sensibilidad exquisita y una delicadeza sin igual por ejemplo para el ikebana (arte floral), la caligrafía o el arte de la acuarela, pero también pueden llegar a ser extremadamente crueles en los combates. Desde luego el espíritu “quijotesco”, ese inconformismo con lo establecido, prima por su ausencia. Claro que, el quijotismo ya no es lo que era.

Quizás lo que más nos “diferencia” de ellos (lo pongo entre comillas porque yo me veo diferente hasta de mis más allegados) sea lo que dice Tanizaki Junichiro: «En Occidente, el más poderoso aliado de la belleza fue siempre la luz; en la estética tradicional japonesa lo esencial está en captar el enigma de la sombra».

Es más evidente el contraste entre las dos culturas si lo comparamos con la idea que expresa Miguel Hernández: “Pero hay un rayo de sol en la lucha que siempre deja la sombra vencida”. De estas dos citas se desprende que la esencia cultural del Japón pone su foco en la tradición, mientras que en el Mediterráneo se pone en el futuro, a mi escaso juicio, claro.

Os dejo un YouTube con una espectacular actuación completa de la gran compañía profesional Kodo en directo, en la que se puede disfrutar de la potencia y efectismo musical y estético de la diversidad de percusiones japonesas:

Lo de salir medio desnudo tiene un objetivo estético para hacerlo más atractivo para cierto tipo de público. Como parece ser que gustó así se quedó, porque antaño salir medio en pelotas ni por asomo.

Sayonara.

© Joaquín Fernández, 2016

 

Artistas:

Autor: Joaquín Fernández

Está entre los 55 años y muerto. Graduado en Trabajo Social por las Escuelas Pías de Madrid. Humanista secular: las cosmogonías (metafísicas) desde que existe la física cuántica y sus especialidades no le dicen nada. Hace Shito Ryu 6 horas a la semana, es 2º Dan. Fluctúa entre lo órfico, lo onírico y lo vigil. Si se le despierta sin cuidado puede transformarse en el gato Tobermory. Escribe aquí de chiripa, de rebote como decía Horacio Quiroga "soy una semejanza de bola de billar, nacido con efecto. Que una vez que toca banda emprende los rumbos más inesperados”.

No hay comentarios

Publica tu comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.