Artículo de • Publicado el 08/01/2010

Jazz, la historia. El documental de Ken Burns.

"Jazz: A Film By Ken Burns" es un ambicioso proyecto del famoso documentalista norteamericano producido en 2001. A lo largo de 12 horas, Burns trata de abarcar lo inabarcable y de sistematizar lo caótico: narrar la historia del jazz.

El responsable del documental y su principal colaborador, Wynton Marsalis.

El director del documental, Ken Burns, y su principal colaborador, Wynton Marsalis.

He tenido la oportunidad de visionar recientemente el documental “Jazz: A Film By Ken Burns”, la historia del jazz Pienso que una tarea así es necesariamente irrealizable, porque si la Historia es de por sí esquiva y tergiversable qué no sucederá cuando se narra la de una forma artística, que es algo maravillosamente subjetivo por definición. Será preciso para encararla un plus de humildad, de revisión constante de lo narrado, de puntilloso cuidado a la hora de colocar cada acento, de obsesiva búsqueda de opiniones contrastadas en mil direcciones diferentes.

En un tiempo en que el documental está siendo fieramente explorado y experimentado desde un punto de vista expresivo y artístico, sorprende el planteamiento adoptado por Burns al encarar el suyo: el documentalista ha optado por un esquema estrictamente convencional, sin ningún tipo de ambición estética. Su historia del jazz adopta de manera consciente un punto de vista neutro, como si sus imágenes no precisaran del estímulo artístico por transmitirse a su través únicamente información. Información que, cabe suponer aunque él evite explicitarlo, se ofrece sin circunloquios porque se trata de la historia del jazz, así sin más: la narración monda y lironda de su historia.

El documental de Burns contrasta vivamente, en ese sentido, con otro ambicioso proyecto reciente que guarda estrecha relación con el jazz: el que Martin Scorsese dedicó al blues en 2003 (Martin Scorsese Presents The Blues). Sabedor quizá de lo inabarcable del objeto de su estudio, el pícaro cineasta decidió encargar siete documentales totalmente libres a otros tantos directores, poniendo así el acento en la anécdota y no en el todo. Por ello en su seno conviven episodios tan diferentes como la búsqueda casi mística de las raíces del blues que propuso el propio Scorsese en su episodio y el falso-falso documental de Win Wenders, en el que se entrelazan sin distingos imágenes de archivo, ficciones rodadas para la ocasión y entrevistas de todo tipo, narrado todo ello por un bluesman fallecido años antes de acontecer los sucesos que narra… Curiosamente el resultado, pese a esa ausencia de ambición completista, es infinitamente más esclarecedor que en el caso del Jazz de Ken Burns, tanto en las distancias cortas como en las largas.

Specto de una clase de la AACM donde surgió un movimiento fundamental en la historia del jazz en los años 80 que son absolutamente ignorados en el documental de Ken Burns.

Aspecto de un aula de la Association for the Advancement of Creative Musicians (AACM) que en los años 70 encabezó el movimiento del free jazz sin el que no se entiende el jazz actual y que en el documental es absolutamente ignorado.

Jazz, A Film By Ken Burns fue muy controvertido ya desde su realización por interrumpir su narración histórica tras los experimentos de Miles Davis con la fusión, como si desde hace cuarenta años el jazz hubiese abandonado la historia, o incluso dejado de existir. De hecho resulta doloroso no ver mencionados en una historia del jazz a los músicos del AACM,(Braxton, Threadgill, Wadada, Abrams…), a Paul Bley, a Keith Jarrett y a tantos otros (y estoy mencionando únicamente músicos muy veteranos, que ya en los primeros setenta estaban en activo); no ver documentada la bulliciosa y fascinante escena de los lofts newyorkinos de finales de los setenta y primeros ochenta; o que se hable de la música de Miles de “Britches Brew” en adelante como de un fracaso despachable en un par de minutos; y que ocupen tantísimo espacio las peripecias personales de algunos músicos esenciales cuando el trabajo de otros históricamente relevantes se ignora sistemáticamente.

De todos modos al contemplar la película de Burns apena más, en conjunto, lo que se cuenta que lo que se omite. Así, choca escuchar cosas como que Dexter Gordon es el músico que más arriesgó en toda la historia del jazz (¡!), así, sin más explicaciones que aclaren tan gratuito brindis al sol; o esos enigmáticos y un tanto paranoicos comentarios de Abbey Lincoln sugiriendo la existencia de una especie de conspiración para silenciar su música (se trata de las contestatarias grabaciones de Max Roach de los años sesenta) mediante la creación de mitos pop como los Beatles. Tampoco ayudan a dar valor al documental las abundantísimas intervenciones de Wynton Marsalis, que consisten fundamentalmente en boutades del tipo “tienes que degradar las cosas para poder vivir con la tremenda afrenta a la humanidad que era el racismo (tratando de justificar el fenómeno de los minstrels)” o que “el jazz es una cuestión de la raza”.

Queda, claro, un placer ineludible al contemplar la película: el disfrute de la excelente documentación fotográfica y videográfica recopilada durante su gestación, tanto la estrictamente jazzística como la puramente ambiental que ayuda al espectador a situar cada momento musical en su preciso contexto histórico y social.

Aquí el primer capítulo del documental con la introducción narrada por Wynton Marsalis.

Al contemplar Jazz, A Film By Ken Burns surge la vieja reflexión en torno al hecho de que la mera selección de qué se narra y qué no, y cómo se narra, supone de facto la neutralización de cualquier posible pretensión de adoptar un punto de vista históricamente objetivo, pues el narrador está inevitablemente posicionado por esas ineludibles decisiones. En este caso ello queda agravado porque dicho posicionamiento resulta angustiosamente conservador, rebasando ampliamente lo cuestionable para instalarse cómodamente en lo sencillamente reprobable.

Quizá, pese a todo, un documental como este, suponiendo atinadas todas las imperfecciones que este espectador mediocre pueda atribuirle, hace un bien superior a su objeto de estudio que termina justificándolo como bueno. Quizá sus brillantes imágenes de archivo y su colección de jazzíticos cotilleos acerca de los más ilustres músicos del género despierten la curiosidad de uno, de mil, de un millón de futuros aficionados. Sea. A veces resulta más importante el gesto que el objeto. Como gesto, bienvenida sea esta historia del jazz; en cuanto al objeto en sí, este aficionado considera que el documental de Ken Burns ni tiene credibilidad alguna en cuanto a su contenido ni valor artístico de ningún tipo.

© Ricardo Arribas, 2010

Autor: Ricardo Arribas

Nacido en 1972, 44 añazos ya, ha pasado la mayor parte de ellos disfrutando y aprendiendo con la música, si le preguntas te dirá que incluso entendiendo, a través de ella, un poquito mejor cómo funciona el mundo. El hecho de gozar con músicas no siempre mayoritarias le llevó con el tiempo a descubrir otro placer muy especial: escribir acerca de la música, tratar de transmitir y compartir con otros aficionados las sensaciones que le provoca, escuchar con oídos distintos tras haber escuchado/leído las que provoca en ellos... Y en esas anda.

No hay comentarios

Publica tu comentario