Artículo de • Publicado el 15/04/2012

La herencia africana (2/8): un comercio indigno

"Un comercio indigno" analiza de manera somera las condiciones que propiciaron y en que se desarrolló el monstruoso comercio con esclavos secuestrados en África y llevados en condiciones infrahumanas a América para no volver jamás.

En esta tabla se enumera la cantidad de personas transportadas desde África a cada área colonial durante los siglos XVI-XIX.

En esta tabla se enumera la cantidad de personas transportadas desde África a cada área colonial durante los siglos XVI-XIX.

Es de sobra conocido que la emigración de millones de almas de raza negra a América entre los siglos XV-XVIII no fue sino un secuestro de proporciones moralmente inasumibles. El ser humano ha ilustrado su ausencia de escrúpulos en buen número de ocasiones a lo largo de su historia, este es uno de los mejores ejemplos.

Durante los primeros compases de la colonización de América las potencias europeas cayeron en la cuenta de que podían obtener de manera relativamente sencilla la mano de obra que sus plantaciones en el Nuevo Mundo requerían, simplemente transportándola desde África. Entre las cualidades del ser humano nunca ha abundado esa que, paradójicamente, llamamos humanidad, así que las dudas en torno a la decencia de la puesta en práctica de tan genial idea no debieron atormentarles mucho… si nos permitiésemos un puntito de sarcasmo, podríamos pensar que probablemente hasta que alguien calculó las toneladas de café, tabaco y azúcar que podían traer de América si se dejaban de pamplinas morales. Además, a la mano de obra en cuestión no cabía considerarla del todo humana.

Unas pocas cifras para sobrecogernos el espíritu: se estima que arribaron como esclavos a costas americanas más de once millones de africanos, que el 15% de esclavos moría durante la brutal travesía atlántica (2 meses y medio en condiciones inhumanas, hacinados en los veleros transatlánticos), y que un número igual al que embarcaba había muerto entre su captura y su embarque (solo los realmente duros de corazón debéis documentaros respecto a cómo las gastaban los tratantes de esclavos en África). La cuenta es fácil, pero renuncio a hacerla, deprime suficientemente solo imaginar el número final. Todo ello a mayor gloria de nuestro imperio, entre otros igualmente avanzados

Fotografía actual que muestra el interior de un castillo en Cape Coast (Ghana). Es el pasillo que lleva del patio a la puerta que da al exterior lamada Gate of no return (la puerta sin retorno), ya que los esclavos que la cruzaban eran embarcados hacia América y no habían de regresar jamás a África.

Fotografía actual que muestra el interior de un castillo en Cape Coast (Ghana). Es el pasillo que une el patio y la puerta al exterior lamada Gate of no return (la puerta sin retorno), ya que los esclavos que la cruzaban eran embarcados hacia América y no habían de regresar jamás a África.

El asunto es bastante más complejo de lo que estoy dando a entender: de entrada los negros africanos ya antes del descubrimiento de América por los occidentales eran secuestrados como esclavos para su explotación en Europa (el primero llegó a Portugal en 1441), aunque este mercado nunca tuvo verdadera entidad. Le cabe a Portugal, pues, el dudoso honor de ser la primera potencia en explorar las posibilidades económicas del mercadeo con indígenas africanos (aunque pronto hubo de enfrentarse a la feroz competencia de las potencias vecinas).

Los europeos estaban, a finales del s. XV, buscando el modo de conectarse comercialmente con los mercados asiáticos sin necesidad de circunnavegar África, pues el Imperio Musulmán de Oriente Medio constituía una seria amenaza para la hegemonía comercial, política y religiosa de la Europa Cristiana. Ello llevó al descubrimiento y colonización, a partir de 1492, del Nuevo Mundo. Ese descubrimiento, por tanto, tuvo un trasfondo nítidamente económico y comercial, y otro tanto cabe decir de la subsiguiente colonización: los amplios territorios vírgenes y la fuerte demanda en Europa de productos relativamente fáciles de cultivar en América establecieron las bases para un mercado nuevo y prometedor.

EsclavoAtado3

Únicamente restaba solucionar el problema de la mano de obra, y la posibilidad de aprisionar africanos como esclavos con un coste asumible fue la solución. En principio se utilizó, cómo no, a los propios nativos americanos, pero su población fue generalmente diezmada durante la vigorosa resistencia militar que opusieron a la conquista o a causa de enfermedades importadas de Europa, hasta el punto de que pronto se promulgaron leyes para impedir su completa aniquilación (la curia católica decidió, en el Debate de Valladolid, que los nativos del Nuevo Mundo tenían alma y que, por tanto, debían ser considerados seres humanos, lo que llevó a que en 1542 se prohibiese su comercialización como esclavos), aniquilación que, no obstante, tuvo lugar en algunas islas caribeñas (en las Antillas, por ejemplo).

Las cuestiones morales a que antes aludía quedaron rápidamente zanjadas (si es que realmente llegaron a tener alguna entidad) gracias a la oportuna intervención, de nuevo, de la Iglesia Católica, garante entonces, como ahora, de la rectitud de comportamiento del ser humano. Así, aquel mismo año 1452 el Papa Nicolás V dictó una bula papal otorgando a los cristianos el derecho a reducir a sarracenos, paganos y otros infieles a la esclavitud hereditaria. Los protestantes no dudaron en bendecir igualmente tan lucrativo comercio.

 
MapaEscl

 
Y así se dio inicio al lúgubre y forzoso éxodo de millones de africanos al otro lado del Atlántico, que entre los siglos XV-XVIII constituyó una de las aristas del triángulo comercial intercontinental iniciado con la exportación de productos de Europa al Oeste Africano (fundamentalmente armas, ropa y alcohol) para su trueque por esclavos, continuado con el transporte y explotación de estos en América y rematado con la exportación a Europa de productos fundamentalmente agrarios como el azúcar, el algodón y el tabaco.

Los portugueses primero, españoles, británicos, holandeses y franceses después, establecieron importantes asentamientos a lo largo de la Costa Oeste africana (como Elmna Castle, en la llamada Costa del Oro –el actual Ghana-) y saquearon ferozmente su población, compitiendo violentamente entre sí por controlar el floreciente comercio. Desanimados de aventurarse en el interior del continente en busca de sus presas debido a las mortíferas enfermedades que lo habitaban (fundamentalmente la malaria) y a la cada vez más férrea resistencia militar que encontraban al alejarse de la costa, habitualmente se limitaron a comprar los esclavos a las autoridades y tratantes locales, en los mercados de sus asentamientos costeros.

Tan eficazmente se entregaron los europeos a su tarea que pronto les fue necesario establecer nuevos puntos de abastecimiento hacia el sur del continente y, eventualmente, en la Costa Este (especialmente en Madagascar, que era ya objeto de importantes saqueos esclavistas con destino al mercado asiático a través del Océano Índico).

El grabado muestra una caravana de esclavos en tránsito hacia la costa occidental del continente, para ser presumiblemente desplazados a América.

El grabado muestra una caravana de esclavos en tránsito hacia la costa occidental del continente, para ser presumiblemente desplazados a América.

De todos modos en África, como en el resto del mundo, la esclavitud no era algo nuevo en el s. XV. Era habitual que los diferentes reinos e imperios del continente se sirviesen de los prisioneros de guerra como esclavos, y lo era también la exportación de esclavos africanos a otras tierras. Como escribió el célebre historiador congoleño Elikia M’bokolo en abril de 1998 (ver Nota 1),“el continente africano fue despojado de sus recursos humanos de todos los modos posibles. A través del Sahara, por el Mar Rojo, desde los puertos del Océano Índico y por el Atlántico. Al menos diez siglos de esclavitud a beneficio de los países musulmanes (entre los siglos IX y XIX, cuatro millones de esclavos exportados por el Mar Rojo, otros cuatro millones desde los puertos Swahili en el Océano Índico, unos nueve millones a través de las rutas de caravanas trans-saharianas y entre once y veinte millones a través del Océano Atlántico”. Tela.

La voracidad de esclavos de los colonos europeos en América era tan grande que la venta de esclavos se convirtió en un negocio tremendamente próspero para los reinos africanos, de tal modo que los esclavos dejaron de ser una consecuencia de la guerra para convertirse en su causa (un lamento habitual de los dirigentes africanos era “vender esclavos o ser vendidos como esclavos”). Es más, llegó a hacerse habitual la venta de convictos (ladrones y criminales) como esclavos a los europeos, y la pena de muerte desapareció en muchos lugares debido a que era infinitamente más lucrativo, y en la práctica equivalente dado que aquella gente desaparecía del continente de por vida, vender los criminales con destino a América que ejecutarlos.

Esquema de las dos cubiertas de carga de un buque (probablemente el Brookes). En la superior se hacinaban las mujeres, en la inferior los hombres.

Esquema de las dos cubiertas de carga de un buque (probablemente el Brookes). En la superior se hacinaban las mujeres, en la inferior los hombres, la altura de los techos no les permitía ponerse de pie.

Curiosamente cuando, andando el tiempo, los países europeos fueron aboliendo la esclavitud (en Inglaterra, por ejemplo, se abolió en 1833, y en Francia en 1848), diversos reinos africanos protestaron enérgicamente contra tan injusta medida. El rey Gezo de Dahomey afirmó (ver Nota 2) que “el comercio con esclavos es uno de los principios rectores de mi pueblo”, y que “es la fuente y la gloria de su salud… las madres arrullan a los niños para dormirles cantándoles los triunfos sobre enemigos reducidos a la esclavitud”. Y en 1807 el rey de Bonny dijo en referencia a la prohibición del comercio con esclavos (ver Nota 3) “creemos que este comercio debe continuar. Es el veredicto de nuestro oráculo y nuestros hechiceros. Ellos dicen que vuestro país (se refería a Inglaterra, que acababa de prohibir el comercio con esclavos), con todo y ser grandioso, no puede detener un comercio ordenado personalmente por Dios”.

© 2012 Ricardo Arribas

 
Índice de notas
Nota 1: Cita del historiador congoleño Elikia M’bokolo (Le Monde Diplomatique, abril de 1998).
Nota 2: Frase del Rey Gezo de Dahomey (1840), citada por el historiador británico Hugh Thomas.
Nota 3: Frase del Rey de Bonny (dentro de la actual Nigeria), en 1807.

 
Enlace al resto de capítulos publicados de “La herencia africana”
Capítulo 1: De África a América
Capítulo 2: Un comercio indigno (Es donde estás en este momento)
Capítulo 3: Culturas en colisión
Capítulo 4: La música cruza el Atlántico
Capítulo 5: La religión de los negros en América
Capítulo 6: La música de los esclavos
Capítulo 7: La música negra en un mundo de blancos

Autor: Ricardo Arribas

Nacido en 1972, 44 añazos ya, ha pasado la mayor parte de ellos disfrutando y aprendiendo con la música, si le preguntas te dirá que incluso entendiendo, a través de ella, un poquito mejor cómo funciona el mundo. El hecho de gozar con músicas no siempre mayoritarias le llevó con el tiempo a descubrir otro placer muy especial: escribir acerca de la música, tratar de transmitir y compartir con otros aficionados las sensaciones que le provoca, escuchar con oídos distintos tras haber escuchado/leído las que provoca en ellos... Y en esas anda.

No hay comentarios

Publica tu comentario