Artículo de • Publicado el 27/04/2013

La herencia africana (5/8): la religión de los negros en América

En este capítulo nos centraremos en el paulatino (y particular) proceso de cristianización de los esclavos africanos en los territorios que configurarán EEUU, y en la importante presencia de la música en su expresión religiosa.

Un predicador metodista negro sermonea a un nutrido grupo de feligreses ante la puerta de su casa. El autor de la ilustración, Pavel Petrovich Svinin en 1815, seguramente se sintió impresionado por el evento y reflejó un exagerado desmadre que no debe tomarse al pie de la letra.

Un predicador metodista negro sermonea a un nutrido grupo de feligreses ante la puerta de su casa. El autor de la ilustración, Pavel Petrovich Svinin en 1815, seguramente se sintió impresionado por el evento y reflejó un exagerado desmadre que no debe tomarse al pie de la letra.

Si bien en principio a nadie se le ocurrió tratar de cuidar las almas de los africanos (en coherencia con el hecho de que se trataba de seres sin alma), con el tiempo fue inevitable el inicio de un proceso evangelizador que había de beneficiar a todos: a los evangelizados puesto que les daba la posibilidad de alcanzar la salvación ultraterrena, a los evangelizadores dado que les proporcionaba un magnífico instrumento de control de las voluntades que redundó en la disminución de las rebeliones y motines.

El asunto tenía también un fuerte trasfondo psicológico para los explotadores de esclavos, pues su evangelización les proporcionó una coartada que justificaba esa explotación como medio para conseguir un beneficio superior: la conversión de millones de paganos al dios cristiano y, por tanto, la salvación de las almas de esos paganos. Vamos, que al raptarles, llevarles a América a la fuerza y explotarles hasta reventar les estaban haciendo un favor. Y, claro, esa consideración típicamente cristiana de la vida y sus miserias como paso intermedio de camino a un Edén que borraría los sufrimientos del mundo impactó poderosamente a los esclavos africanos: de algún modo les hacía más llevadera la inhumana explotación de que eran objeto merced a la promesa de una vida de abundancia en el futuro, nada, en cuanto murieran.

Entierro de un esclavo en el Sur de Estados Unidos (ilustración extraída de In the Brush, de Hamilton Pierson, 1881). Era habitual que los esclavos celebrasen sus ceremonias funerarias durante la noche, lo más cerca posible de la medianoche, una clara herencia ritual africana.

Entierro de un esclavo en el Sur de Estados Unidos (ilustración extraída de In the Brush, de Hamilton Pierson, 1881). Era habitual que los esclavos celebrasen sus ceremonias funerarias durante la noche, lo más cerca posible de la medianoche, una clara herencia ritual africana.

En las culturas originarias de los esclavos americanos existía una miríada de dioses. La fuerza de los dioses que un reino concreto adoraba se transmitía al propio reino y sus habitantes, de manera que las luchas entre diferentes reinos se desarrollaban no solo a nivel humano sino, sobre todo, a nivel divino, de hecho el resultado de esa lucha divina influía decisivamente en las batallas terrenas. Los africanos sentían un gran respeto por los dioses de quienes les vencían. Por eso, y a pesar de la crudeza con que fueron tratados por los europeos al ser raptados como esclavos, los africanos no dejaban de admirar la fuerza del dios cristiano… aunque nada entendiesen de la cultura que lo adoraba. Por ello los esclavos fueron receptivos al hecho cristiano desde mucho antes de que comenzase, en el s. XVIII, el proceso evangelizador que antes comentaba.

Otro hecho que favoreció la cristianización de los esclavos negros fue la sistemática prohibición de los ritos, conjuros y prácticas religiosas africanas en las colonias… aunque esta prohibición difícilmente podía resultar efectiva, pues la religión no estaba confinada, para los africanos, a una celebración periódica sino que formaba parte de cada acto cotidiano. Es decir, podía impedirse (o más bien dificultar, pues estas prácticas se siguieron llevando a cabo en secreto) la celebración de los ritos más solemnes, colectivos, pero no podía eliminarse el sentir religioso de los esclavos.

Es curiosa la influencia de aspectos puramente psicológicos, que encontramos en multitud de ocasiones, cuando estudiamos la adaptación a su nuevo medio vital de los esclavos africanos: su cristianización, por ejemplo, resultó más fácil en zonas en que se profesaba la confesión católica (caso de las colonias caribeñas y sudamericanas) dado que la multitud de dioses africanos fueron asimilados con relativa facilidad a los santos católicos. En cambio las colonias de influencia anglosajona, fundamentalmente protestantes, les resultaron culturalmente más opacas debido a la ausencia de símbolos y santos con los que los esclavos pudiesen identificar a sus propios dioses.

Ilustración del Cane Ridge Revival, Kentucky (1801), que fue una histórica celebración protestante al aire libre, sistema que se generalizó con el fin del s. XVIII.

Ilustración del Cane Ridge Revival, Kentucky (1801), que fue una histórica celebración protestante al aire libre, sistema que se generalizó con el fin del s. XVIII.

Se conoce como The Great Awakening (el Gran Despertar) al primer gran impulso evangelizador que atravesó las colonias de América del Norte, durante los años 1740-50. Para conectar con la psicología religiosa de los africanos fue preciso que surgieran religiosos negros (fundamentalmente baptistas) que en seguida incorporaron a los ritos cristianos una poderosa fisicidad. Con el tiempo (hacia 1.800), y como contestación a las iglesias blancas fuertemente racistas, nació la AME (African Methodist Episcopal), cuyas celebraciones religiosas contenían poderosos cantos, trances que recordaban a las posesiones de espíritus de influencia africana, vibrantes pasajes de llamada-respuesta, etc… Toda esa vigorosa expresividad es un legado netamente africano que los negros adaptaron a sus nuevos ritos religiosos (o más bien al contrario pues, como afirma Ernest Borneman (ver Nota 1), “el movimiento misionero metodista comenzó dirigiéndose directamente a los esclavos, pero no acabó convirtiendo a los africanos a los ritos cristianos, sino convirtiendo el metodismo en un rito africano”, y su significación real a menudo ha sido confundida con un superficial exhibicionismo. En realidad todos esos trances, todas esas catarsis colectivas, ponían a los negros en contacto con lo trascendente mientras les permitían liberar unas emociones por lo demás brutalmente constreñidas.

Viola James and Congregation interpretando el spiritual Is There Anybody Here Who Loves My Jesus (1959).

Viola James and Congregation interpretando el spiritual Is There Anybody Here Who Loves My Jesus (1959).

Por supuesto, la música y la danza eran parte consustancial de todo ello, actuaban como “catalizadores” de todas esas emociones. La música creada por los esclavos negros, al igual que sucedía con la religión en general, contenía elementos de la de los blancos, la “copiaba” en su envoltorio externo (forma general, instrumentación), pero era en el fondo íntimamente africana (letras, ritmos, armonías).

Según Amiri Baraka (ver Nota 2), “la síncopa rítmica, la polifonía, el desplazamiento de los acentos, así como la alteración de las calidades del timbre y también los diversos efectos de vibrato de la música africana fueron utilizados por los negros a fin de transformar los “himnos blancos” en “espirituales negros”. La escala pentatónica del himno blanco sufrió las mismas “aberraciones” que, según los antiguos musicólogos, caracterizaban a la música africana”.

En ese sentido resulta especialmente esclarecedor el ejemplo de la danza: se trata de un elemento proscrito en las celebraciones cristianas blancas, pero se introdujo imparable en las negras y constituye un elemento esencial de su liturgia. No obstante la danza hubo de sumarse clandestinamente a ella, pues la jerarquía religiosa tradicional no consentía su uso durante las celebraciones; por ello surgieron esos discretos desplazamientos conjuntos de los feligreses, arrastrando los pies, cogidos del brazo mientras iban incrementando poco a poco la carga emocional del rito al son de sus himnos y canciones.

Celebración religiosa en una iglesia negra en Chicago (Ballou’s Pictoria, 1859).

Celebración religiosa en una iglesia negra en Chicago (Ballou’s Pictoria, 1859).

He aquí una descripción extraída de un número de The Nation (ver Nota 3): “Tan pronto la ceremonia revestida de formalidades ha terminado, los bancos son apilados junto a la pared del fondo de la iglesia, y, entonces, viejos y jóvenes, hombres y mujeres, muchachos vistosamente ataviados,  trabajadores del campo grotescamente medio vestidos –las mujeres llevan por lo general faldas cortas, y coloridos pañuelos en la cabeza-, chicos con camisas hechas jirones y calzones de hombre, muchachas descalzas, todos se reúnen en medio de la iglesia y, cuando se inicia el espiritual, comienzan a caminar y a arrastrar los pies, uno tras otro, en círculo. Levantando apenas las plantas del suelo, avanzan merced a unas sacudidas y estremecimientos que agitan totalmente el cuerpo a los gritadores y que pronto provocan cataratas de sudor. Unas veces cantan en silencio, otras cantan la parte del coro del espiritual mientras arrastran los pies, y en ocasiones los danzantes entonan la letra del espiritual. (…) Tanto la canción como la danza son extremadamente enérgicas, y muy a menudo, cuando la sesión de gritos se prolonga hasta la media noche, el monótono sonido de los pies impide dormir a cuantos lo intentan a media milla a la redonda de la casa de oración”.

También los sermones religiosos quedaron fuertemente imbuidos de toda esa fisicidad espiritual: lejos de emular los rígidos, monótonos recitados occidentales, los ministros negros insuflaban un poderoso sentido dramático a sus discursos. Su ritmo y cadencia convertían sus intervenciones en verdaderas creaciones musicales, en cuyo seno latían tradiciones musicales africanas como la llamada-respuesta que tanta importancia tendría en la evolución musical futura de la música negra americana.

La Iglesia Baptista de Calvary, en Spokane (Washington) fue fundada y dirigida por negros en la década de 1890.

La Iglesia Baptista de Calvary, en Spokane (Washington) fue fundada y dirigida por negros en la década de 1890.

Las celebraciones religiosas pronto se convirtieron en actos de marcado carácter social, dado que durante su celebración los negros disfrutaban de los únicos momentos de relativa intimidad colectiva en su vida cotidiana: los blancos les dejaron cierta independencia en estas ocasiones. Con el tiempo las iglesias se convirtieron en el motor social de los negros, a través de la organización de meriendas, conciertos y barbacoas, pero también actuando como ente decisorio en asuntos de interés colectivo. Según Amiri Baraka (ver Nota 4), “durante la esclavitud, las iglesias negras carecían de competencia a la hora de disputarse las horas libres del negro. El esclavo, después de haber trabajado en los campos, no tenía ningún lugar al que ir, a fin de cultivar el trato social, como no fuera la casa de oración. (…) La iglesia era, al principio, el único lugar en que los negros podían descargarse de aquellas emociones cuya manifestación la esclavitud procuraba coartar. Podemos decir, en sentido literal, que el negro acudía a la iglesia para ser libre”.

© Ricardo Arribas, 2013

 
Índice de notas
Nota 1: Swing Music. An Encyclopaedia of Jazz (Ernest Borneman, 1940).
Nota 2: Blues People: Música Negra en la América Blanca (Amiri Baraka, 1963).
Nota 3: Periódico The Nation (30 de Mayo de 1867).
Nota 4: Blues People: Música Negra en la América Blanca (Amiri Baraka, 1963).

Enlace al resto de capítulos publicados de “La herencia africana”
Capítulo 1: De África a América
Capítulo 2: Un comercio indigno
Capítulo 3: Culturas en colisión
Capítulo 4: La música cruza el Atlántico
Capítulo 5: La religión de los negros en América (Es donde estás en este momento)
Capítulo 6: La música de los esclavos
Capítulo 7: La música negra en un mundo de blancos

 

Artistas:

Autor: Ricardo Arribas

Nacido en 1972, 44 añazos ya, ha pasado la mayor parte de ellos disfrutando y aprendiendo con la música, si le preguntas te dirá que incluso entendiendo, a través de ella, un poquito mejor cómo funciona el mundo. El hecho de gozar con músicas no siempre mayoritarias le llevó con el tiempo a descubrir otro placer muy especial: escribir acerca de la música, tratar de transmitir y compartir con otros aficionados las sensaciones que le provoca, escuchar con oídos distintos tras haber escuchado/leído las que provoca en ellos... Y en esas anda.

2 Comentarios
  • carlosnavarroacosta@hotmail.com'
    Carlos Navarro 18:29h, 22 abril Responder

    Hola Ricardo, no encuentro las siguientes !!

    • Ricardo Arribas 15:49h, 31 mayo Responder

      ¡Hola Carlos! Jajaja pescozón recibido, en efecto quedan algunas entregas pendientes. Joe, impresiona (muy gratamente) el hecho de que alguien parece haber aguantado hasta la quinta entrega… e impulsa bastante a sacudirse el polvo de encima y terminar las siguientes.

      Muchas gracias por tu, ejem, amable mensaje…