La mujer en el jazz años 60
Artículo de • Publicado el 03/04/2017

La mujer en el jazz: años 60

En los 60 se produjeron hechos que marcaron un antes y un después en la mentalidad de la sociedad tradicional norteamericana. Una nueva generación descontenta, y dispuesta a transformar la realidad, tuvo una influencia capital en todos los ámbitos, incluido el papel de la mujer en el jazz.

La mujer en el jazz empezó a conquistar un lugar de pleno derecho a medida que avanzó la década de los 60. Los profundos cambios de los valores sociales impulsados por una nueva generación de jóvenes disconformes, con nuevos ideales y políticamente activos, a diferencia de la anterior generación llamada la generación silenciosa, tuvieron su profundo reflejo natural en el ámbito profesional de la música.

Manifestación feminista

Manifestación feminista de la plataforma National Organization for Women (NOW) a finales de los años 60.

La apatía y conservadurismo de los años 50 derivaron en violencia, discordia y fragmentación en los convulsos 60. La mujer, y otros colectivos secularmente maltratados, reclamaban una participación plena en la sociedad que históricamente les había sido negada. El nuevo feminismo, llamado Segunda Ola (The Second Wave), con colectivos feministas organizados como la National Organization for Women (NOW), presidida por Betty Friedan, o una escisión de la NOW que tomó el nombre de New York Radical Women, o la W.I.T.C.H. (Women’s International Terrorist Conspiracy from Hell), nacidas al abrigo de organizaciones activistas de la nueva izquierda como por ejemplo el Student Nonviolent Coordinating Committee. Estas organizaciones se dedicaron a reivindicar la igualdad de la mujer con la misma intensidad que con los derechos civiles del colectivo afroamericano en su conjunto. El activismo de estas organizaciones feministas alcanzó su máximo grado a finales de la década.

El hecho es que se había producido una creciente politización en el ámbito universitario y una radicalización en los movimientos reivindicativos afroamericanos. Fruto de la presión de dichos movimientos, que contaban con un gran eco en la sociedad, sobre todo en la gran clase media, en 1964 se aprobó una ley en el Congreso, preparada por John F. Kennedy y aprobada bajo la presidencia de su sucesor Lyndon B. Johnson, en contra de la discriminación en base a la raza, color, religión, origen de nacimiento y sexo. En 1968 fue elegida la primera mujer afroamericana para el Congreso de los EEUU, y los prejuicios sociales en las zonas urbanas por la incorporación de la mujer al mundo laboral parecían estar superados hacia el final de la década.

Liberation Music Orchestra.

El primer disco de la Liberation Music Orchestra se grabó en los últimos días del mes de abril de 1969. Carla Bley, autora de los arreglos, sostiene la pancarta a la izquierda, y a la derecha hace lo propio Charlie Haden.

En el ámbito de la música popular, la beatlemanía, el folk, la canción protesta y el soul inundaron todo el país, y se disolvieron los límites entre música, política y cultura juvenil. También en el jazz los músicos empezaron a responder a las tragedias y violencia del momento –los asesinatos de John F. Kennedy, Martin Luther King, Malcom X, la guerra de Vietnam…– y a la escalada de conflictos sociales y raciales con su actitud rebelde comprometida con el cambio. Uno de los más claros exponentes de esta nueva actitud de orientación izquierdista en el jazz fue la Liberation Music Orchestra, impulsada por Charlie Haden con la inestimable e intensa colaboración de una mujer: Carla Bley.

La industria discográfica redujo drásticamente la producción de discos de jazz, que años atrás había sido una actividad tan rentable, apostando abiertamente por el rock y la música pop para el consumo de un mercado joven que, por primera vez en la historia, disfrutaba de un real poder adquisitivo, y la crisis que esto provocó en el ámbito del jazz, sumado sobre todo a los signos de rebeldía y cambio de una nueva generación de músicos, condujeron a una radical y vitalmente espontánea reformulación del género, volviendo al punto de partida de la tradición de la música afroamericana con una nueva visión, y se empezó a explorar con nuevas sensibilidades y técnicas que revolucionarían el lenguaje tradicional del jazz.

El Free Jazz

Mary Maria Park y Albert Ayler.

Mary Maria Parks tocando junto a Albert Ayler.

En 1959 Ornette Coleman, cabeza visible del nuevo concepto del jazz, planteaba una propuesta que se conocería como free jazz, una música sin las convencionales estructuras, escalas, tempos… experimentando texturas sin solista estrella, en un contexto en el que la expresión individual quedaba subordinado a la improvisación colectiva. El crítico y musicólogo Ralph Gleason escribía sobre la música de Albert Ayler, supremo icono del free jazz que había definido las bases de este revolucionario estilo iniciado por Ornette Coleman: “Su música es más una exposición de sentimientos que de notas”. Albert Ayler compartía su vida con Mary Maria Parks, y ella tocaba con él, cantaba y escribía las letras de sus canciones. Los músicos que tocaban con ellos manifestaban que la influencia de Mary Maria en Ayler era enorme. Después de la trágica y misteriosa muerte de Albert Ayler, ella prácticamente desapareció del mundo del jazz.

No pocos músicos negros volvieron su vista hacia Africa, Sudamérica o India para incorporar nuevos pequeños instrumentos, texturas, colores, ritmos… A la vez los músicos tendieron a tomar el control sobre su música, creando canales alternativos de producción, distribución y comercialización para hacer llegar su música al público sin el filtro de las grandes compañías multinacionales.

Carla Bley

Carla Bley, fundadora de la Jazz Composer’s Orchestra.

La mujer en el jazz empezó a cobrar protagonismo en las corrientes más innovadoras. En 1965 se fundó en Chicago la Association for the Advancement of Creative Musicians (AACM), iniciativa fundamental para la evolución del jazz contemporáneo. Entre sus fundadores se cuenta la cantante y compositora Peggy Abrams, que se casaría con Muhal Richard Abrams, y al poco tiempo ingresó en la AACM la pianista Amina Claudine Myers. También en 1965 Bill Dixon fundó la Jazz Composer’s Guild y luego Carla Bley fundó la Jazz Composer’s Orchestra, ambas orquestas al servicio de los nuevos compositores que escribían para grandes grupos, poniendo a su disposición una orquesta para interpetar sus composiciones. Y para cerrar el círculo, Carla Bley y su marido Michael Mantler fundaron la New Music Distribution Service, encargada de la distribución de producciones de pequeños sellos independientes. Con esta iniciativa de Carla Bley se inauguró lo que hoy es una estrategia generalizada entre aquellos músicos que no aceptan las imposiciones que les exigen los grandes sellos, que en el negocio del jazz hoy son la mayoría.

Julie Driscoll (Julie Tippett)

La cantante Julie Driscoll, más tarde Julie Tippet tras su matrimonio con Keith Tippett.

En Europa el free jazz tuvo una excelente acogida entre aficionados y músicos, especialmente en Inglaterra, con alguna característica distintiva de lo que se estaba haciendo al otro lado del Atlántico: la cantante británica Julie Driscoll, o Julie Tippett (su nombre después de su matrimonio con Keith Tippett) comenzó su carrera en el ámbito del rock progresivo intensamente impregnado de jazz, con el organista Brian Auger, y después de esta experiencia enfocó su carrera como vocalista mucho menos comercial en el campo del free jazz, más adelante formó el cuarteto vocal Voice, en un marco de free jazz y música improvisada de carácter experimental, junto a su paisana Maggie Nichols; a final de la década la también cantante británica Norma Winstone se sumó al grupo de músicos europeos de escuela free jazz, en los 70 grabó con Ian Carr, para el sello ECM con el trío estable Azimuth junto a su ex-marido John Taylor y Kenny Wheeler, en los 90 grabó con Jimmy Rowles, también cantó en ese intersicio del jazz moderno entre el free y el maistream, acompañada por el magnífico pianista Fred Hersch; Meredith Jane Monk, artista multidisciplinar, aunque no sea del todo estricto incluirla entre las cantantes de jazz, su actividad artística como compositora innovadora, y su aportación a la técnica vocal, abrió nuevos caminos a cantantes y músicos de diversos géneros vanguardistas, incluido el jazz.

El jazz avanzado

La mujer en el jazz - Joanne Brackeen en los años 70

La pianista Joanne Brackeen en los años 70.

El camino imparable de la evolución del jazz, en paralelo al free jazz, contó con la aportación de mujeres tan innovadoras en su terreno como las adscritas al movimiento free, por ejemplo la pianista californiana Joanne Brackeen, que entre otros trabajó con Dexter Gordon, Teddy Edwards, Harold Land, Don Cherry, Charlie Haden, Charles Lloyd, Stan Getz, Joe Henderson, Jack deJohnette o Cecil McBee, en los 70 formó su propio grupo, su amplia discografía supera los veinte álbumes, toca con frecuencia sola al piano sin acompañamiento, es docente en el Berklee College, Brackeen es un ejemplo de las mujeres que no disfrutan ni de lejos de un reconocimiento popular acorde a su gran talento y calidad de su trabajo; la mencionada Carla Bley, pianista, saxofonista, compositora y directora de orquesta, pronto sus composiciones fueron interpretadas por Jimmy Giuffre, Art Farmer, Paul Bley, George Russell, Charlie Haden o Gary Burton, revolucionó con su actividad diversos aspectos del negocio de la música creando sus propios sellos y canales de distribución alternativos a la gran industria, con su iniciativa proveía por primera vez al colectivo de músicos creativos nuevas opciones con las que obtenían un mayor beneficio y garantizaban su independencia artística al gestionar ellos mismos la producción y comercialización de su música, abriendo el camino a una nueva manera de enfocar el negocio con el concepto de autogestión. En 1965 la Jazz Composers Orchestra fundada por ella, publicó su primer disco, y en 1968 bajo la dirección de su segundo marido Michael Mantler y con la participación de Cecil Taylor, Roswell Rudd, Don Cherry, Gato Barbieri, Pharoah Sanders y Larry Coryell, publicó un álbum doble; la pianista y compositora Toshiki Akiyoshi se casó con el saxo alto Charlie Mariano, y juntos formaron varias bandas y grabaron varios discos; June Tyson, cantante, bailarina, percusionista y violinista (en la imagen de cabecera), en 1968 fue la primera mujer en incorporarse de manera fija en la orquesta de Sun Ra, participaba en los conciertos en directo y en las grabaciones de estudio estudio hasta su muerte en 1992, a ella se debe la llamativa estética de Sun Ra.

Barbara Donald y Sonny Simmons

Barbara Donald con su marido Sonny Simmons.

En esta década dos mujeres destacaron por su significativa participación en un jazz innovador: la torrencial trompetista Barbara Donald, que empezó muy joven, con 18 años estuvo con Dexter Gordon, luego tocó con John Coltrane, Roland Kirk, Stanley Cowell y otros grandes, en 1965 se asoció con el saxo alto Sonny Simmons, con el que se casó más tarde, un matrimonio interracial inusual en aquella época, y en los 70 montó sus propios grupos, su forma de tocar es densa y furiosa, toca también el piano, el trombón y el saxo; y la pianista y arpista Alice (Mc Leod) Coltrane, discípula de Bud Powell en Europa, luego trabajó y grabó con el vibrafonista Terry Gibbs, y a principios de los 60 se casó con John Coltrane incorporándose a su banda en 1964. Después de la muerte de este en 1967 ella continuó explorando en su propia música la dimensión espiritual a la que le había llevado las inquietudes musicales de John Coltrane, manifestando una creciente influencia de la música de la India.

El nuevo Mainstream

La mujer en el jazz - Vi Redd

La saxofonista Vi Redd y Roland Kirk en 1967.

En el plano de un mainstream decididamente avanzado fueron varias las instrumentistas destacadas: Vi Redd, saxo alto de línea bop, cantante, líder de su banda y docente, tocó con Roy Ayers, Roland Kirk, Berney Kessel, Max Roach, Dizzy Gillespie o David Bailey, hizo giras en Europa, una de ellas en la orquesta de Count Basie. Es oportuno destacar que Vi Redd, a pesar de su innegable talento, en esta década sólo grabó dos discos a su nombre, y eso se explica por la dificultad de desarrollar una carrera como mujer en el ambiente sexista del jazz (al respecto es muy ilustrativo el artículo publicado en la página del Brooklyn College “Invisible Woman: Vi Redd’s Contributions as a Jazz Saxophonist”); la curtida trombonista, compositora y arreglista Melba Liston que en esos años ya había comenzado su intensa y fértil colaboración con Randy Weston y con la big band de Quincy Jones; Gloria Coleman, poderosa organista que había empezado como contrabajista en la década anterior y que en esta lideraba su propio grupo en el que figuraba Booker Ervin al saxo tenor; Mary Lou Williams, desilusionada con el negocio de la música, después de un periodo de inactividad profesional en el que se había dedicado a labores sociales siguiendo el mandato de su profunda religiosidad, volvió a la música y fundó su propio sello discográfico que le aseguraba libertad artística; Shirley Horn, gran pianista y cantante que había formado su propio grupo en la década anterior, debutó discográficamente con Stuff Smith en 1959, grabó en la década de los 60 con Miles Davis y publicó varios discos a su nombre, pero el cuidado de su familia le obligó a reducir su actividad profesional hasta su vuelta en los años 80, un caso típico de mujer que con la maternidad interrumpió su carrera hasta que sus hijos alcanzaron la mayoría de edad; la pianista, compositora y directora de orquesta Patti Brown, que en los 50 empezó con Billy Eckstine y Jimmy Rushing, y en los 60 grabó con Gene Ammons, Oliver Nelson, Cal Massey, Duke Ellington, Roland Kirk, George Russell y Harry Edison, también grabó con Aretha Franklin o James Brown y ejerció de directora musical de las bandas de Dinah Washington y Sarah Vaughan. Con el revival del folk y el blues volvieron a la escena las veteranas Lil Hardin Armstrong, Lovie Austin, Sweet Emma Barrett o la nuevaorleanera Billie Pierce, y también las cantantes de blues Lucille Hegamin, Alberta Hunter, Sister Rosetta Tharpe o Victoria Spivey (fundadora de su propio sello en 1967), siguiendo el ejemplo de tantas otras, y otros, cantantes de blues que vieron renacer inesperadamente sus carreras profesionales.

Cantantes en los 60

En el ámbito de las cantantes de jazz ocurrió que muchas mujeres que durante las anteriores décadas no habían dejado de trabajar, en esta fueron condenadas al ostracismo, debido por un lado al cambio en el gusto de los nuevos aficionados de un nuevo jazz, y por otro a la exigencia de las discográficas para que incluyeran en su repertorio temas pop, hegemónico en las listas de ventas. La cantante Norma Shepherd o la trompetista Clora Bryant describían desilusionadas los sesenta como una década ordinaria y sin nada que ofrecer al jazz.

Betty Carter

Betty Carter.

Seguían en la cúspide Ella Fitzgerald, Sarah Vaughan o Anita O’Day, y la cantante Betty Carter se consolidó en una línea más avanzada, cultivando la improvisación, la transgresión armónica y sus innovadoras propuestas melódicas. A posteriori la propia Betty Carter describía esta década como la más triste de la historia a causa de la banalización de la música popular y la dictadura de la canción fácil, de tres minutos y cuatro acordes que imponía la industria estimulada por el éxito comercial de la música para una audiencia joven, cuyo máximo exponente eran los Beatles.

La temperamental Nina Simone consiguió en esta década su reconocimiento con varios éxitos discográficos de alcance internacional, su posición extremadamente crítica con la política de los EEUU le impulsó al exilio, fijando finalmente su residencia en el sur de Francia; Karin Krog, cantante noruega con interesantes incursiones en una improvisación de carácter avanzado, ha cantado con Kenny Drew, Dexter Gordon, Carla Bley o Steve Kuhn, y en proyectos en estrecha colaboración con John Surman, actualmente en plena actividad, interesada por las melodías del folklore del norte de Europa; Mary Stallings, cantante de jazz y R&B empezó con Louis Jordan, Ben Webster o Earl Hines, pero fue en esta década cuando empezó a ser conocida por su actividad profesional con la orquesta de Dizzy Gillespie y con Cal Tjader, y a final de la década con Count Basie, hasta su maternidad, y a finales de los 80, con la mayoría de edad de su hija, volvió a los escenarios con gran éxito; Carole Sloane después de grabar en los 60 dejó la música y reemprendió su carrera en la siguiente década impulsada por su éxito en Japón; Irene Reid, cantante de la orquesta de Count Basie a principio de la década de los 60, grabó para Verve, pero tuvo un bajón hasta los 90 en los que volvió a grabar varios discos para Savant Records hasta 2004.

En los 60 la situación de la mujer en el jazz experimentó un cambio ganado a pulso, ya no había vuelta atrás, el tabú de la distinción entre jazz de mujeres y jazz de hombres quedaba significativamente tocado, aunque en la práctica la actitud misógina en general de los músicos varones de más edad, y demás ejecutivos del negocio, no cambió de la noche a la mañana. Ahora se trataba de que la incorporación de la mujer fuera aumentando gradualmente para recuperar el terreno perdido tras una historia de segregación por cuestión de género que en esta década mostraba reales síntomas de estar en vías de superación.

© Carles “Tocho” Gardeta, 2017
(Con el agradecimiento a Cayetano López Rueda por su inestimable colaboración)

 
Capítulos de la serie “La mujer en el jazz”
La mujer en el jazz: Intro
La mujer en el jazz: Años 20
La mujer en el jazz: Años 30
La mujer en el jazz: Años 40
La mujer en el jazz: Años 50
La mujer en el jazz: Años 60 (es donde estás ahora)
La mujer en el jazz: Años 70

Autor: Carles "Tocho" Gardeta

Nacido en Barcelona de toda la vida, varón de 1,78 mt de altura y de complexión normal. Especialista en proyectos sin futuro y en producciones totalmente improductivas. Entre sus numerosas habilidades se cuentan las de montar en bicicleta, comer con cubiertos o hacer click con el mouse. Perdidamente enamorado de la música cultiva el vicio de escribir sobre ella, a pesar de entrar en conflicto con su admirado Frank Zappa respecto a lo que este dijo sobre lo de escribir sobre música, que es tan absurdo como bailar sobre arquitectura.

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