Fourteen Bricktops
Artículo de • Publicado el 27/10/2016

La mujer en el jazz: años 30

La década de 1930 estuvo marcada por el peso de la Gran Depresión, con este panorama la mujer en el jazz continuaba teniéndolo muy crudo pero, cómo se verá, su presencia empezó a hacerse visible, y las orquestas de todo mujeres experimentaron un auténtico boom.

Mujeres en manifestación.

Mujeres artistas manifestándose reclamando trabajo durante la Gran Depresión, la mujer en el jazz no era una excepción.

Con la nueva situación económica del país, después del crack de la Bolsa a finales de 1929, la explosiva energía de los años 20 se había agotado. La actividad del Ku Klux Klan aumentó y el número de linchamientos se dobló en el Sur. A mitad de la década se produjeron violentas revueltas en las calles del Harlem neoyorquino. Los felices 20 pasaron a la historia. En muchos Estados, con la crisis, a la mujer le era totalmente imposible encontrar trabajo, entre otras cosas por la idea dominante de que una mujer trabajadora estaba robando el empleo a un hombre, ella debía cuidar de la casa y él debía aportar el dinero con su trabajo, y punto, el asunto no era discutible.

El conjunto de la sociedad norteamericana necesitaba algún espacio donde disimular este sombrío panorama, y lo encontró en las pistas de baile. El número de orquestas creció por todo el país, y la nueva cosa, el swing, se impuso al hot jazz y al ragtime. Los músicos encontraron gran receptividad en Europa, y el mercado se ensanchó. El número de integrantes de las orquestas aumentó, y sofisticaron su sonido haciéndolo más comercial para el público blanco, las mejores orquestas blancas cada vez se sentían más atraídas por lo que hacían las bandas afroamericanas, y las más influyentes contrataban a arreglistas negros: Fletcher Henderson, Eddie Durham, Don Redman, Jimmy Mundi, Benny Carter… y en este selecto grupo de arreglistas tan solicitados no faltaba una mujer: Mary Lou Williams, que hizo arreglos para Earl Hines, Benny Goodman o Tommy Dorsey.

Down Beat 1936

Primera página de un número de 1936 de la revista Down Beat. Es muy significativa la atención al aspecto físico de la mujer en una revista musical especializada. En el pie se destaca la “voluptuosa belleza” de Margie Lindt a la que se rinden los caballeros Eddie Miller y Nappy Lamare, músicos de la orquesta de Bob Crosby que la flanquean en el montaje fotográfico, y abajo a la izquierda aparece Red Norvo contemplando sonriente como la cantante Mildred Bailey mide su cintura sumada a la del actor Romo Vincent.

En 1934 nacía una nueva publicación en Chicago dedicada a la música popular, y la música de jazz era la dominante, el Down Beat Magazine. Helen Oakley Dance fue una de los (las) articulistas (y también productora musical) que prestaba atención a las mujeres del jazz, aunque en la propia revista se suscitaban acalorados debates sobre si la mujer tenía sitio en el jazz, y en esos debates no se imponía una respuesta afirmativa ni mucho menos.

En febrero de 1938 se publicó un artículo apócrifo titulado “Por qué las mujeres son inferiores”, esgrimiendo una serie de argumentos como que la mujer es, en esencia, emocionalmente inestable, y que nunca sopla bien por miedo a parecer fea, que no tenía la experiencia que había acumulado el hombre tras siglos de soplar vientos, y que les faltaba tiempo, ambición o paciencia para practicar, insistiendo en la idea tradicional de que sólo el piano y los instrumentos de cuerdas empatizaban con ellas.

En definitiva, ese artículo del Down Beat reflejaba una idea compartida por la mayoría de la sociedad de la época, la idea de que, para tocar bien, la mujer debía tocar como un hombre, y para eso debía suceder algo antinatural: la mujer debía perder sus atributos femeninos esenciales, o sea los esenciales según el hombre, los que el hombre de la época valoraba, y por una perversa contaminación, también los que valoraba una gran mayoría de mujeres.

Orquestas femeninas, un fenómeno de los años 30

Dado el éxito en los años 20 de las orquestas de chicas, el filón comercial siguió siendo explotado por los empresarios en los 30. Las orquestas femeninas fueron un fenómeno muy destacable en esta década, las más populares de los años 20 continuaron su actividad, como las Fourteen Bricktops (imagen superior de cabecera) y las Ingenues, y se crearon un gran número de nuevas orquestas. En 1932 Lil Hardin montó una orquesta femenina de alto nivel, la Lil Hardin’s All-Girl Band, y poco más tarde se fundaron dos de las mejores, la Dixie Sweethearts liderada por Mayme Lacy, y la Harlem Playgirls. Estas tres bandas, a pesar de estar compuestas por mujeres, fueron muy bien consideradas por la crítica especializada. Dos mujeres dirigiendo sendas orquestas de hombres, Ann Dupont y Ana Webster, vencieron el estereotipo sexual que impedía a las mujeres trabajar en orquestas de hombres, y aún menos dirigirlos.

Y no solo en los EEUU había mujeres que se sentían atraídas por el jazz. El padre de la inglesa Ivy Benson, músico de orquesta sinfónica, ambicionaba convertir a su hija en pianista de concierto, pero cuando tenía catorce años ella escuchó al joven Benny Goodman y dejó el piano para dedicarse al clarinete y saxo alto. Ya era una destacada solista cuando en los 30 formó su propia banda en Inglaterra de todo mujeres, muy popular y activa hasta los años 80.

Audio e imágenes de la banda de Ivy Benson:

A pesar de la existencia de orquestas femeninas, la mujer permanecía subordinada y prácticamente considerada inexistente como músico en comparación con su decorativa presencia delante de la orquesta en su papel de cantante, o de animadora, en el que se enfatizaba su buena apariencia, glamur y sex appeal, o sea el estereotipo de los atributos de femineidad del momento. Las instrumentistas no estaban libres de esta condición, por ejemplo el estereotipo de femineidad obligaba a las mujeres que tocaban vientos a pintarse los labios con mercromina, para que no se les deshiciera el pintalabios embocando su instrumento. Si a los solistas masculinos en general se les daba libertad para expresarse con su propia personalidad, a las mujeres se les obligaba a tocar como tal o cual famoso músico masculino.

Otro hecho que reforzaba la situación de desventaja de la mujer instrumentista era la dificultad en ser aceptadas por los hombres en las habituales y competitivas jam sessions al cierre de los locales, un campo de pruebas donde los músicos experimentaban y medían sus limitaciones, aprendiendo unos de otros en un ejercicio vital para su progreso como músicos, y donde el sexismo se manifestaba en su máxima expresión.

Las cantantes se reinventan

Sin embargo a las cantantes les favoreció la progresiva tendencia de las grandes orquestas de sustituir a los vocalistas varones por cantantes atractivas para el público masculino. Con la mejora de la tecnología de los micrófonos ya no eran necesarias esas voces poderosas que se tenían que imponer a pelo, o con un cucurucho, al sonido de la orquesta, y aprovechando el rendimiento comercial del estereotipo sexual, contrataban a una mujer cantante para dotar a la orquesta de una imagen glamurosa, aspecto que aumentaba notablemente el interés de la audiencia masculina.

Esta década significó un periodo de experimentación sin precedentes con la voz cómo instrumento, tanto cantantes de grupos pequeños cómo de grandes orquestas. Las, y los, vocalistas actuales están en deuda con las mujeres y hombres de aquella década que con su esfuerzo en explorar un nuevo fraseo musical, su juego con los tempos y la expresividad en la interpretación de las letras, definen el salto a la modernidad en lo que al canto se refiere, proponiendo un camino original diferenciado de las tradicionales cantantes líricas.

De esa época del swing en periodo formativo cabe citar a Helen Ward, que cantaba en la orquesta de Benny Goodman; la popular cantante Lee Wiley, que tuvo su mejor momento discográfico en la siguiente década; Helen Forrest, que ejerció de cantante en las grandes orquestas de Artie Shaw, Benny Goodman y Harry James; y la irresistible Lena Horne, cantante, bailarina y actriz de cine, activa hasta final de los años 90, y fuertemente comprometida en la lucha por los derechos civiles.

Y un puñado de innovadoras y revolucionarias voces femeninas que crearon nuevos estilos, harmonías y texturas en el jazz: las deliciosas Boswell Sisters de Nueva Orleans, un trío de voces blancas que destacaban por sus intrincadas armonías y la experimentación rítmica, también tocaban banjo, saxofón y piano, no era un trío vocal estrictamente de jazz, pero sí con grandes influencias del boogie, hot jazz y la música sincopada, con un éxito tremendo dentro y fuera de los EEUU, con decenas de imitadoras.

Billie Holiday y Ella Fitzgerald en 1947.

Billie Holiday y Ella Fitzgerald en 1947.

En esta década surgieron dos de las mujeres más transcendentes para la historía del jazz, y que enseguida destacarían sobre todas las demás: en 1935 irrumpió la superdotada Ella Fitzgerald descubierta por Chick Webb, y a la muerte de este, cuatro años más tarde, ella continuó al frente de la orquesta, Ella Fitzgerald está considerada como la más brillante cantante de toda la historia del jazz, con una carrera que se prolongó hasta finales del siglo XX; y Billie Holiday, la más innovadora y original vocalistas de todos los tiempos, en sus inicios trabajó brevemente con Count Basie y al final de los 30 con Artie Shaw, pocas cantantes han conseguido transmitir tanta emoción y sentimiento como ella, y ejercer tanta influencia en el resto de músicos de jazz y en cantantes posteriores, con un estilo único y verdaderamente vanguardista.

Pero el número de cantantes fue enorme, para citar a algunas: Mildred Bailey, cuyo primer marido fue Red Norvo (ambos aparecen en la portada de la revista Down Beat reproducida más arriba), obtuvo mucha popularidad con la exitosa orquesta de Paul Whiteman, pero su proyección no fue todo lo grande que se merecía porque su físico no coincidía con el canon impuesto por la industria del espectáculo hegemónicamente masculina, ella sufría sobrepeso, era diabética, y esa fue la causa de su temprana muerte a los 44 años; Ivie Marie Anderson (o Ivy Anderson), estuvo desde 1931 con la orquesta de Duke Ellington con el que trabajó cerca de doce años, una de las cantantes preferidas de Ellington; Helen Humes, que en 1938 ingresó en la orquesta de Count Basie, poderosa cantante de jazz, blues y R&B; Blanche Calloway, líder de orquesta, cantante y compositora, hermana mayor de Cab Calloway, grabó acompañada por Louis Armstrong; la aclamada y comercialmente exitosa Maxine Sullivan, que tras dejar los escenarios en 1958 para dedicarse a labores sociales para su comunidad, reanudó su carrera en 1966 hasta los años 80; Ina Ray Hutton, cara visible de la orquesta Ina Ray Hutton and Her Melodears una de las más exitosas bandas femeninas blancas con excelentes instrumentistas; las Whitman Sisters, con su propia compañía afroamericana en la que dio oportunidad a muchos jóvenes talentos negros del mundo del espectáculo.

Gladys Night

Gladys Bentley, cantante en los clubs de ambiente gay de Harlem.

No puedo reprimir el impulso de mencionar a Gladys Bentley, una mujer todo terreno del mundo del espectáculo que tocaba el piano y cantaba blues en cabarets de ambiente gay en el Harlem de los años 30, se había declarado lesbiana desde sus inicios y decía haberse casado con una mujer blanca. En los años 50, con la persecución represiva en la era McCarthy, sufrió un severo acoso institucional que le obligó a declarar públicamente que se había “curado” a base de tratarse con hormonas femeninas. Murió en 1960 con 52 años de edad.

Instrumentistas de los años 30

Unos cuantos nombres propios de mujeres instrumentistas y lideresas de banda en los años 30 que lograron hacerse un sitio en el machista mundo del jazz: Ernestine “Tiny” Davis, trompetista y líder de la orquesta Harlem Playgirls y más tarde integrante de The International Sweethearts of Rhythm, orquesta de la que se hablará en el próximo capítulo de los años 40; Valaida Snow, trompetista, cantante, violinista, pianista líder de su banda y bailarina que triunfó en Europa y participó en varias películas, fue encarcelada por los nazis en Dinamarca;

Valaida Snow cantando y tocando la trompeta con un pequeño combo de hombres:

Betty Sattley Leeds, saxo tenor de las Melodears, y que en la siguiente década tocaba swing con su propio trío en la calle 52, compartiendo escenario con todos los mitos del bebop; otra mujer que también frecuentaría los clubs de la mencionada calle 52, donde se gestó el bebop, dirigiendo sus propios combos, fue Marjorie Hyams, vibrafonista, pianista y arreglista que en los 30 formó parte de la orquesta de Wooddy Herman, luego estuvo con Mary Lou Williams, Charlie Ventura y en la orquesta de George Shearing; Estelle Slavin, trompetista y líder de su pequeño grupo y de bandas masculinas, también estuvo en las Melodears de Ina Ray, considerada la Harry James femenina (¡siempre esas referencias masculinas!); Jane Sager, solicitada trompetista que tocó en numerosas bandas, tanto de chicas como de hombres, activa hasta los 70.

Algunas pianistas de los años 30

En los 30 continuaban trabajando gran cantidad de pianistas a lo largo y ancho todo el país: en Nueva York Una Mae Carlisle, protegida de Fats Waller o la prodigiosa Hazel Scott que llegó incluso a tener su propio programa de TV en los 50.

Hazel Scott en una escena de la película “The Heat’s On”, estrenada en 1943, haciendo una exhibición pirotécnica con dos pianos:

En Chicago Cleo Brown, muy de moda en la ciudad antes de mudarse a Nueva York y más tarde a Hollywood; e Irene Kitching, hasta que dejó de tocar al casarse con su primer marido Teddy Wilson y trasladarse a Nueva York alrededor de 1934, aunque siguió componiendo, por ejemplo para Billie Holiday. En Kansas City la mencionada, y siempre adelantada a su tiempo Mary Lou Williams, cuyo talento en esos años ya era muy valorado por todos los grandes músicos. Otras pianistas destacadas de la década de los 30: Julia E. Lee, Rozelle Claxton, Edith Williams, Juanita Bolar, o Margaret Johnson, que sustituyó a Mary Lou Williams en la banda de Andy Kirk.

© Carles “Tocho” Gardeta, 2016

 
Capítulos de la serie “La mujer en el jazz”
La mujer en el jazz: Intro
La mujer en el jazz: Años 20
La mujer en el jazz: Años 30 (es donde estás ahora)
La mujer en el jazz: Años 40
La mujer en el jazz: Años 50
La mujer en el jazz: Años 60
La mujer en el jazz: Años 70
La mujer en el jazz: Años 80

Autor: Carles "Tocho" Gardeta

Nacido en Barcelona de toda la vida, varón de 1,78 mt de altura y de complexión normal. Especialista en proyectos sin futuro y en producciones totalmente improductivas. Entre sus numerosas habilidades se cuentan las de montar en bicicleta, comer con cubiertos o hacer click con el mouse. Perdidamente enamorado de la música cultiva el vicio de escribir sobre ella, a pesar de entrar en conflicto con su admirado Frank Zappa respecto a lo que este dijo sobre lo de escribir sobre música, que es tan absurdo como bailar sobre arquitectura.

2 Comentarios
  • tintachina123@hotmail.com'
    Tinta 18:11h, 07 Febrero Responder

    Ay, que graciosa la explicación de quién eres! Jajajajaja
    Debes de ser todo un erudito.
    Felicidades por tu trabajo y por compartirlo.

    • Carles "Tocho" Gardeta 19:30h, 07 Febrero Responder

      Muchas gracias por tu comentario, Tinta. Me ha faltado poner que también sé hacer mojitos, tortilla de patata y aviones de papel, pero es que ya no cabía.

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