Artículo de • Publicado el 27/05/2010

Lafayette Gilchrist: la danza del elefante

Quizá el sonido particularísimo de este pianista era inevitable: no se trata del clásico músico que supo desde muy joven que se dedicaría a esto (para el la música es un fruto tardío, y no empezó a tocar el piano hasta los 18 años), ni es el clásico jazzman que escucha también otros estilos.

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“Si amas por igual a Thelonious Monk y a George Clinton, tiene que haber una manera de tender un puente musical entre ambos”.

Gilchrist creció, como tantos otros jóvenes en Washington D.C., impregnado de los sonidos que transitaban las calles de su barrio, y descubrió el jazz mucho después. Prince, rhythm&blues, soul, funk, rap, hip hop, go-go… vivía cerca del llamado padrino del go-go, Chuck Brown, y escuchaba embelesado, desde la acera, los sonidos que salían del local donde aquel ensayaba. Así que no es de extrañar que de su música rebose un sentido rítmico tan rudo y rotundo.

Pero, por el motivo que sea, toda esa densa amalgama estilística se transforma, al ser procesada por la mente, el corazón y los dedos de Gilchrist, en jazz. Jazz rabiosamente personal, esculpido sobre el rocoso cimiento de esos ritmos funk, soul y go-go, infectado de demoledores riffs y electrizado por los arrebatadores vórtices sonoros creados por su piano insólito.

“Para hacer mi propia música he tenido que dejar atrás la música con la que crecí, la música que amo: el hip-hop y el go-go. Porque quiero llegar más dentro de esa música de lo que se escucha en la radio. Cuando dialogo con estas músicas tiene que haber espacio para meterse en ellas más allá de lo que nadie ha llegado. El resultado no es tanto el sonido del jazz como su espíritu”.

“Me gusta que el bajo suene como si retumbara bajo mis pies”.

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La música de Lafayette Gilchrist es preciso experimentarla: no es susceptible de ser asimilada a una sucesión de influencias más o menos evidentes, su visceral sentido musical proviene de una evolución puramente autodidacta difícilmente rastreable en la historia del jazz… si acaso, por su torcido y personalísimo sentido rítmico y, sobre todo, por su irreductible e insólita aproximación “filosófica” al jazz, viene a la mente la figura de Monk: más que ningún otro músico que yo haya escuchado, Gilchrist provoca esa sensación tan monkiana de colisión frontal entre su música y las expectativas del oyente, vulneradas una y otra vez por un corpus musical perfectamente macizo que, en muchos casos, las doblega y rehace casi a la fuerza… así descrito quizá no dan ganas de escucharlo pero creedme, la causa no es la música sino la descripción. Porque el caso es que tanto Monk como Gilchrist lo que hacen es darnos a conocer enfoques musicales inesperados, absolutamente novedosos, teóricamente inviables pero… ¡voila! finalmente fascinantes.

Ya digo, Gilchrist empezó a tocar el piano mayorcito. Vale la pena escuchar su relato de la ocasión en que tocó el piano por primera vez, a los 18 años, mientras vagaba por los salones desiertos del UMBC’s Fine Arts Building después de una clase de literatura.

“Un piano Steinway estaba situado en el escenario, abierto, solitario. Todo el teatro estaba a oscuras excepto una luz que caía sobre el piano. Me senté, puse los pies sobre los pedales y traté de tocar… aquello sonaba bastante bien”.

Pronto conoció a un joven trompetista, Freddie Dunn, que le ayudó a comprender algunos de los arcanos más elementales de la música. Ninguno de los dos sabía muy bien, por entonces, qué era el jazz. Pero ya tenían lo más importante: curiosidad por esa música dominada por la improvisación.

“Wynton[Marsalis] era el único tipo del que habíamos oído que tocaba jazz. Era tan serio… Hablaba de Thelonious Monk como si Monk fuese amigo suyo. Así que pillamos una cassette con éxitos de Monk, la pusimos un montón de veces y decidimos que nos gustaba”.

NewVulcanoes

Gilchrist pretendía investigar los límites entre el hip-hop y el jazz, así que pronto (1993) el duo se transformó en cuarteto, con la llegada de dos músicos que se encontraban cómodos en ambos estilos: el bajista Vince Loving y el batería Dennis Chambers. Habían nacido los New Volcanoes. El grupo se transformó en sexteto con la adición de Mike Cerri a la trompeta y James DePhilipo al eufonio, y grabó “The Art Is Life”. El saxofonista John Dieker sustituyó a Dephilipo para la grabación del segundo disco, “Asphalt Revolt”. No he tenido ocasión de escuchar ninguno de los dos.

Lafayette Gilchrist con David Murray.

Lafayette Gilchrist con David Murray.

En 1999 Gilchrist conoció a Vernon Reid, guitarrista del grupo de rock Living Colour, que eventualmente le presentaría a la gente de Hyena Records (“no quiero grabar un disco de bebop de los jóvenes leones”, dijo Gilchrist a su productor Joel Dorn). Poco después entró en contacto con el saxofonista David Murray, que terminó invitándole a formar parte de su cuarteto. Dos encuentros afortunados, que se saldaron con palabras de aliento de ambos hacia el talentoso pero completamente desconocido músico. Respecto a la circunstancia negativa de ser haber sido “descubierto” para el gran publico tras largos años de esfuerzo, comenta Gilchrist:

“Ha sido una suerte estar lejos del foco de atención y no sentirme presionado para hacer lo que todo el mundo estaba haciendo. Es como la libertad de que disfrutó Prince cuando desarrolló ese nuevo sonido en Minneapolis. Esa libertad le dio coraje para probar cosas nuevas, coraje para ser vulnerable, coraje para sacar toda esa música extraña ahí fuera y soportar las críticas, como Ornette Coleman o Cecil Taylor”.

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En 2001 Gilchrist había formado un octeto formidable, que grabó el último disco pre-Hyena (“Collage Dreams”), otra pieza difícil de encontrar. Por suerte este grupo no es flor de un solo día, había costado demasiado esfuerzo reunirlo como para permitir su rápida desbandada. Así, hemos tenido finalmente ocasión de escucharlo en tres de las cuatro grabaciones para el sello Hyena Records.

A continuación se incluyen enlaces a comentarios específicos de cada uno de sus discos en este sello (donde ha desarrollado todos sus discos desde 2004), así como de las dos (magníficas) grabaciones de David Murray en las que ha intervenido Gilchrist, “Waltz Again” (Justin Time, 2005) y “Sacred Ground” (Justin Time, 2007):

Lafayette Gilchrist: “The Music According To” (Hyena, 2004)
Lafayette Gilchrist: “Towards The Shining Path” (Hyena, 2005)
Lafayette Gilchrist: “Three” (Hyena, 2007)
Lafayette Gilchrist: “Soul Progressin’” (Hyena, 2008)
David Murray: “Waltz Again” (Justin Time, 2005)
David Murray: “Sacred Groud” (Justin Time, 2007)

Ardo en deseos de escuchar lo próximo que lance este músico.

© Ricardo Arribas, 2010

Todas las declaraciones de Lafayette Gilchrist han sido extraídas del artículo de Geoffrey Himes publicado en el Baltimore Citipaper el 25 de Julio de 2007.

Autor: Ricardo Arribas

Nacido en 1972, 44 añazos ya, ha pasado la mayor parte de ellos disfrutando y aprendiendo con la música, si le preguntas te dirá que incluso entendiendo, a través de ella, un poquito mejor cómo funciona el mundo. El hecho de gozar con músicas no siempre mayoritarias le llevó con el tiempo a descubrir otro placer muy especial: escribir acerca de la música, tratar de transmitir y compartir con otros aficionados las sensaciones que le provoca, escuchar con oídos distintos tras haber escuchado/leído las que provoca en ellos... Y en esas anda.

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