Neil Young en Madrid
Artículo de • Publicado el 20/06/2016

Neil Young en Mad Cool Festival: el señor que contemplaba la luna

Crónica del magnífico concierto ofrecido por el veterano y carismático Neil Young + Promise of the Real durante el Mad Cool Festival, en La Caja Mágica de Madrid, el sábado 18 de Junio de 2016 ante un público intergeneracional.

Neil Young

Aspecto del acceso a La Caja Mágica a primera hora para ver a Neil Young en Mad Cool Festival.

Ya sé que la frasecita es tan chorra como la que más, pero hubo una anécdota relacionada y, además, como Neil Young lleva muchos años dando la brasa con lo de conservar el planeta y tal (espero que el tono zumbón no lleve a nadie a engaño: también un servidor da bastante la plasta con ese tema) la cosa viene muy a cuento.

Pero primero una nota al margen por un detalle que me encantó ayer por la noche: muchísima gente mayor en la Caja Mágica, claro; pero de alguna manera se notaba que era gente mayor que escucha música joven. No se trata de hacer comparaciones odiosas e innecesarias, pero digamos que no era el público de un grupo viejales que viene para seguir dándoles el gusto de disfrutar de nuevo de lo mismo de siempre (por poner nombres cercanos, The Who, que tocaron en este mismo escenario hace una par de noches, y que por otro lado debieron sonar de muerte).

Por cierto que Young, quizá para estropearme el argumento, tocó cantidad de temas tirando a viejos: setenteros casi todos, de los ochenta solo el Someday y Rockin’ in the Free World que yo recuerde, de los noventa cuatro o cinco, de este siglo creo que ninguno. Lo que no quita para que su música siga sonando increíblemente joven; yo creo que maneja una enrevesada ecuación mediante la cuál, aunque sus canciones no sean últimamente tan brillantes como solían, el hecho de que siga apostando fuerte por ellas mantiene impoluta la fuerza de las antiguas. Bueno pues se notaba que los viejales que andaban (¿andábamos?) por allí escuchan música hoy, ayer y siempre; que no han desempolvado su chaqueta de cuero para la ocasión. Además había mogollón de familias, papás y mamás con carritos de bebés, con niños de 5, de 8, de 12 años, papás con con hijos e hijas veinteañeros, treintañeros… un ambiente fantástico. La música es la polla.

Neil Young

Neil Young en una de las dos grandes pantallas del escenario.

Impresiona ver salir al escenario a Neil Young. Es un señor mayor (70 años) y lo parece. Se sentó al piano y tocó After the Goldrush para empezar. Joer. Cuando cogió la guitarra fue cuando nos señaló la luna que, llena, tenía él justo delante y nosotros justo detrás. Hay gestos que definen mejor que miles de palabras a las personas; el hecho de que este tipo se fijase en la luna cuando tenía frente a él a unos cuantos miles de admiradores, y que sintiese el deseo de compartir esa impresión tan fuera de contexto con ellos, es uno de esos gestos, eso creo. La cosa no queda ahí porque más de dos horas después, en mitad del Love and Only Love que cerró la actuación, al cantar “trying to find peace of mind” echó los ojos al cielo y los dejó allí más de lo necesario; me extrañó porque me pareció una especie de oración, y en el acto pensé que igual tenia relación con el hecho de que el hombre ha tenido sus revoltijos sentimentales recientemente… pues no, en seguida volvió a señalarnos la luna, que había vuelto a dejarle turulato.

Tras cuatro temas interpretados en solitario, durante los cuáles Young transitó entre el piano, la guitarra y el órgano (para hacer una versión del Mother Earth que resultó francamente emocionante, pedazo de silencio en la Caja Mágica, y mira que me fastidia no escucharle ese tema en solitario y con la eléctrica), salieron a escena los Promise of the Real. Hubo todavía un puñado de temas acústicos, el muy sinvergüenza tiraba de momento de oficio y repertorio sin enseñar todavía sus cartas ganadoras (en realidad con su oficio y su repertorio todas las cartas son ganadoras, pero bueno, dejadme hacer un poco de poesía). Personalmente he encontrado siempre bastante irregular “Harvest” (Reprise, 1972), el disco más famoso de Neil Young; en La Caja Mágica sonó la mitad del disco, y aunque entre esos temas estaba lo más glorioso de la grabación (The Needle and The Damage Done, Words, Alabama), también hubo algún corte que creo quedó un tanto en evidencia (pienso en el Out in the Weekend, tras el cuál sonó el precioso From Hank to Hendrix de la supuesta “mediocre” continuación de “Harvest”, “Harvest Moon” (Reprise, 1992), para este rebelde cronista una preciosidad, y por favor no me hagáis elegir entre esos dos discos, igual habría quien me corriera a gorrazos y no es plan).

Neil Young

La banda en el escenario del Mad Cool Festival.

El excelente sonido que consiguieron obtener los técnicos (no siempre tenemos la oportunidad de disfrutar en condiciones de un buen sonido y, en consecuencia, de la música en directo) nos permitió apreciar a saco la belleza y matices de la guitarra eléctrica (elecroacústica de momento) de Young cuando la arrancó los primeros acordes de un fantástico Alabama. El vendaval sonoro que se nos vino encima de ahí en adelante no tiene nombre (son más de poner nombres a los huracanes los americanos), qué barbaridad. Era inevitable que el grupo sonase bastante denso, tres guitarras nada menos cuando Young es más que capaz de armarla bien gorda él solito; aún así consiguieron sonar potentes pero no caóticos, y eso que Lukas Nelson se permitía dar ruidosa réplica a un Young que evidentemente goza de ser replicado y espoleado por sus compañeros; Micah Nelson dejó a ratos la guitarra para sentarse al piano o teclado, y con las seis cuerdas se adjudicó un papel más bien discreto (qué chulo verle machacando el arco contra su guitarra en algunos tórridos momentos de la noche). Personalmente hubo ratos en que pensaba que echaba de menos el bajo tan funky y la batería maravillosamente platillera de los Crazy Horse, pero la verdad es que estos chicos tienen un sonido muy agradable, discreto, flexible y evidentemente conveniente para Young. A fin de cuentas no eché de menos nada. Hablaba antes del buen sonido del concierto, bueno pues lo cierto es que el bajo sonaba excesivamente restallante, nada que impidiese disfrutar del concierto pero ahí queda; el hecho de que al percusionista Tato Melgar apenas le escuchásemos dudo que pueda achacarse a los técnicos de sonido, sencillamente el pobre no tenía mucho que hacer ante la chicharra guitarrera que montaron sus compañeros.

Tras Alabama otra joya de “Harvest”, el monumental Words, que nos trajo las primeras largas, catárquicas jams eléctricas de la noche; el sonido del grupo se volvió francamente contundente para poner en pie este clásico incontestable de Young. Winterlong es un tema muy especial para mí por motivos que no vienen al caso; es hermoso, de todos modos, comprobar que tanta gente a tu alrededor disfruta tanto de canciones que no están entre lo más obvio de un músico. Fantástica interpretación, en todo caso. En fin, hubo nuevos huracanes eléctricos (inconmensurable Down By the River, Like a Hurricane, el Love and Only Love con el que nos dejaron descansar aunque no teníamos malditas las ganas), algún tema para reposar un poco sin dejar de sonar tremebundos (Mansion on the Hill), algún tema acústico para desengrasar (precioso Western Hero) y alguna bomba atómica para engrasarnos de nuevo (arrasador, implacable Rockin’ in the Free World).

Neil Young

Resulta una delicia comprobar cómo Young busca constantemente, para entrar en sus trances guitarreros, el contacto visual y casi casi físico con sus colegas: las imágenes más impactantes de la noche son probablemente aquellas en que contemplábamos a los hermanos Nelson, al bajista Corey McCormick y a Young reunidos en corrillo en mitad del escenario, brincando y meneándose (sí, también el frágil señor mayor, pobre, si nos fuimos todos apalizados tras dos horas y media de tralla cómo quedaría él) y alimentándose musicalmente unos a otros. Brutal. Y esos finales interminables, inflamados de acoples que llevaban al grupo a seguir atizando nuevas salvas sónicas contra el cielo de Madrid. Y Young medio arrodillado, hincando el mástil de su guitarra contra el suelo frente a algún ampli, mientras los chicos aullaban a su alrededor armando bulla contra su guitarra achicharrada.

Tengo la tentación de terminar diciendo que no tengo palabras para describir el concierto de Neil Young en Madrid, y es cierto; claro que habrá quien responda que entonces para qué he malgastado tantas, y también es cierto que han sido bastantes. En fin, la verdad es me podría haber limitado a una: memorable.

Pues eso, que memorable.

© Ricardo Arribas, 2016

 

Artistas:

Autor: Ricardo Arribas

Nacido en 1972, 44 añazos ya, ha pasado la mayor parte de ellos disfrutando y aprendiendo con la música, si le preguntas te dirá que incluso entendiendo, a través de ella, un poquito mejor cómo funciona el mundo. El hecho de gozar con músicas no siempre mayoritarias le llevó con el tiempo a descubrir otro placer muy especial: escribir acerca de la música, tratar de transmitir y compartir con otros aficionados las sensaciones que le provoca, escuchar con oídos distintos tras haber escuchado/leído las que provoca en ellos... Y en esas anda.

2 Comentarios
  • Joako 10:22h, 20 junio Responder

    ¡Joder qué bien escribes! Dan ganas de dimitir o algo. Excelente. ¡Plas, plas, etc.!

    • ri.arribasc@gmail.com'
      Ricardo Arribas 12:39h, 20 junio Responder

      Hombre muchas gracias Joako, que bien gustar a los maestros. ¡Por dios, no dimitas, queremos más joakanadas!

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