Artículo de • Publicado el 15/06/2016

Randy Weston: ¿Hacía realmente falta esta introducción?

Esta es la primera entrega de una serie de artículos dedicados al pianista Randy Weston, que Jazzitis publicará en sucesivas entregas. Se trata de la crónica de una vida y obra tan genuinas como fascinadoras.

El pianista Randy Weston acaba de anunciar la inminente publicación de un nuevo disco, “The African Nubian Suite”. Será, sin duda, otro chute de jubilosa celebración musical y espiritual, como lo han venido siendo todas y cada una de sus grabaciones desde 1955, año en que se editó la primera, “Cole Porter in a modern mood” © Riverside, 1955 (¡61 años hace de aquello!).

Porque estamos ante un músico que, más allá de lo excepcional que pueda parecernos su música (que nos lo parece), ha tratado siempre de fundamentar su obra en algo que va muchísimo más allá de… la propia música. Para él la música no es sino un medio, una herramienta (maravillosa herramienta) para alcanzar algo mucho más importante:

“A menudo sucede que estamos “desafinados” con la Naturaleza, es entonces cuando necesitamos armonizarnos con sus fuerzas espirituales, que nos guían. La música, ese arte sagrado, ese lenguaje universal desde el principio de los tiempos, ha sido una fuerza sanadora que ha protegido siempre la belleza de la vida”. (Nota 1)

Ambicioso, quizá… pero lo cierto es que Weston ha triunfado plenamente en su empeño. Su música ha sido siempre, además, fiel reflejo de su fascinante periplo vital, que le ha llevado a transitar senderos jamás hollados hasta que los desbrozó él… Siempre ha sido la suya música profundamente humana, en el sentido más hondo posible; siempre conectada con nuestra esencia más pura, esa que hemos ido olvidando con el paso de los siglos pero que, aunque oculta, continúa presente en nuestro interior.

Ese periplo vital que antes comentaba llevó a Weston, ya desde niño, a renegar del poderoso yugo que mantenía a los negros firmemente aplastados contra el duro asfalto de la sociedad blanca. De ahí surgió en él el impulso de explorar la cultura negra más allá de esa negativa e interesada corrupción social y vital impuesta por los blancos:

“Siento que el motivo por el que estoy en este planeta, el motivo por el que Dios me ha otorgado este tiempo en el planeta, es la protección y transmisión de un poderoso mensaje espiritual en torno a quiénes somos y qué hemos conseguido (…). Mi música es eterna porque Dios me ha otorgado ese regalo, que yo proyecto a través del piano. Mi mensaje en la música es la unidad para nuestra gente, y el sentimiento de orgullo por ser quienes somos y por lo que hemos aportado al mundo. Esta música vivirá para siempre, ese es mi mayor éxito”. (Nota 2)

“Antes que la música está el orgullo de ser negro (…). La música ha sido para mí una manera de colaborar en esa lucha; he sido bendecido con el poder de la música. Pero antes de la música estaba ese tremendo orgullo, mezclado con la rabia por lo que el racismo había hecho con mi gente. Todo ello proviene del hecho de haber crecido en una sociedad segregada, profundamente racista (…)”. (Nota 3)

Resultaba inevitable que, antes o después, Weston volviese su mirada a África, la cuna de su raza (y, al parecer, de la humanidad toda). Allí descubrió una cultura asombrosamente rica, imbuida de espiritualidad y de un profundo sentido vital y filosófico… una cultura que, a pesar del rodillo implacable de la civilización occidental, había pervivido, plena de una humanidad genuina que faltaba por completo en aquella. Así que desde entonces Weston se ha entregado a la ardua, aunque emocionante y enriquecedora, tarea de, por un lado, convencer a los negros americanos (y africanos) de que ese yugo que los mantenía artificialmente convencidos de ser hombres y mujeres de segunda fila era falso, de que las ricas, milenarias, profundas culturas africanas eran suyas de pleno derecho; y, por otro lado, convencer al resto del mundo de la vigencia, necesidad y universalidad de todas esas culturas para todos los seres humanos, con independencia de su raza y condición.

“Ninguna civilización puede rivalizar con África en la complejidad y sutilidad de sus ritmos”. (Nota 4)

“La música gospel, el blues y, especialmente, esa increíblemente diversa música que llamamos jazz, son una especial contribución de los negros americanos a la cultura de América y del mundo: una combinación única de sonidos musicales africanos, ritmos, melodías, patrones y armonías, utilizando instrumentos, formas musicales y melodías europeos”. (Nota 5)

“La música africana está basada en el ritmo, la clase de ritmo que lleva a la gente a moverse, porque nuestra música es música para elevar los espíritus. En la tradición africana la audiencia y la música son todo uno, no hay separación entre ellas. Así que cuando haces música para un público negro o africano, y estás sintonizado con él, la audiencia es parte integral de la actuación (…)”. (Nota 6)

En fin, supongo que uno siempre siente la tentación de justificar el hecho de haberse lanzado de cabeza a la tarea que supone profundizar en la obra de un músico concreto, y escribir acerca de él con cierta extensión, con argumentos como que el tío es uno de los esenciales, un artista único, y que ha habido un antes y un después de su figura artística… todo ello es cierto, también, con respecto a Randy Weston. Pero el hecho es que para mí ha sido un placer haberle dedicado todo este tiempo sencillamente porque me encanta su música, porque me emociona y llega muy adentro, porque me parece un hombre de fascinante trayectoria vital, por la belleza y vigencia de su mensaje filosófico y musical… y, en fin, porque me cae fenomenal.

Así que, a lo largo de 16 artículos, trataré de desvelar un poquito del misterio y la fascinación que este músico maravilloso ejerce sobre tantos aficionados; será a través de su vida y de su música, dos aspectos que siempre están muy vinculados entre sí pero en pocas ocasiones con la potencia con que lo están en el caso de Weston. Ahí va el índice de este trabajo, el más ambicioso en el que me he embarcado nunca:

Randy Weston: 1 ¿Hacía realmente falta esta introducción? Se trata de unas pocas líneas generales en torno a la figura de este músico fabuloso.
Randy Weston: 2 Un gigante de Brooklyn. Primeros pasos de nuestro hombretón, y el primer ramillete de grabaciones.
Randy Weston: 3 Enroscado en su obra (Little Niles). Uno de esos temas a los que nuestro hombre ha vuelto en infinidad de ocasiones, mirándolo desde una multitud de puntos de vista.
Randy Weston: 4 El poema por la libertad. Los años en que Weston empezó a plasmar con pulso firme su discurso vital en forma puramente musical.
Randy Weston: 5 Hollando la tierra, hollado por la tierra. Los primeros, y reveladores, viajes a África.
Randy Weston: 6 Enroscado en su obra (African Cookbook). Otro de los temas inmortales del pianista, que ha grabado en multitud de ocasiones y con multitud de formaciones diferentes.
Randy Weston: 7 Vivir África. Un sueño hecho realidad: Weston se establece en Marruecos..
Randy Weston: 8 Espiritualidad y finanzas. Los proyectos locos de Randy Weston en Marruecos: el club, el festival.
Randy Weston: 9 Enroscado en su obra (Blue Moses). La composición secreta de Randy Weston, su poema tribal y místico.
Randy Weston: 10 Un lago y montones de cisnes. Los años del dulce “exilio” europeo.
Randy Weston: 11 El pianista expatriado. Años de incansables viajes por todo el mundo, quebrando las (ficticias) barreras culturales entre los diferentes pueblos.
Randy Weston: 12 Enroscado en su obra (Hi-Fly). Otra de las creaciones eternas de Weston, quizá su composición más versionada.
Randy Weston: 13 La Reina africana. Weston continúa embarcado en su inacabable vagabundeo, combinado con un constante goteo de grabaciones.
Randy Weston: 14 Enroscado en su obra (Mystery of Love). El pulso implacable del desierto a través de esta preciosa composición de Koffi Ghanaba.
Randy Weston: 15 Un griot del siglo XXI. Algo más espaciadas, las últimas grabaciones de Randy Weston continúan aquilatando la gloriosa universalidad de su mensaje vital y musical.
Randy Weston: 16 Enroscado en su obra (African Sunrise). Un (otro) hermosísimo canto a la amada África de Randy Weston: esperanzado llamamiento al amanecer que ha de sacar al continente de su angustiosa pobreza.

© Ricardo Arribas, 2016

 
Notas
Nota 1: Notas de carpetilla del disco “The Healers” (Cora, 1980).
Nota 2: “African Rhythms, The Autobiography or Randy Weston” (Duke University Press, 2010) p. 299.
Nota 3: “African Rhythms, The Autobiography or Randy Weston” (Duke University Press, 2010) p. 301.
Nota 4: Notas de carpetilla del disco “Rhythms-Sounds Piano” (Cora, 1978).
Nota 5: “African Rhythms, The Autobiography or Randy Weston” (Duke University Press, 2010) p. 299.
Nota 6: “African Rhythms, The Autobiography or Randy Weston” (Duke University Press, 2010) p. 298.

 
Adelanto de su próximo disco “The African Nubian Suite” presentado en la web de Randy Weston http://www.randyweston.info/randy-weston-resume-pages/randy-weston-nubian-suite.html

 
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Artistas:

Autor: Ricardo Arribas

Nacido en 1972, 44 añazos ya, ha pasado la mayor parte de ellos disfrutando y aprendiendo con la música, si le preguntas te dirá que incluso entendiendo, a través de ella, un poquito mejor cómo funciona el mundo. El hecho de gozar con músicas no siempre mayoritarias le llevó con el tiempo a descubrir otro placer muy especial: escribir acerca de la música, tratar de transmitir y compartir con otros aficionados las sensaciones que le provoca, escuchar con oídos distintos tras haber escuchado/leído las que provoca en ellos... Y en esas anda.

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