Randy Weston 1956-1961
Artículo de • Publicado el 17/08/2016

Randy Weston 1956-1961: El poema por la libertad

Primeros pasos de Randy Weston fuera del sello Riverside, que marcan el inicio de su largo vagabundeo discográfico; entre tanto él se aleja paulatinamente de un jazz más o menos mainstream para ir perfilando una concepción musical mucho más personal.

Randy Weston - How High the Moon y  Piano á-la Mode

“How High the Moon” y “Piano á-la Mode”, discos grabados por Randy Weston en 1956 y 1957 respectivamente.

“How High the Moon” (Dawn, 1956), última grabación del prolífico 1956 westoniano, arranca mostrando claramente cómo la influencia de Monk alcanza no solo al Weston pianista sino también al compositor (Loose Wig).

Se trata de otra equilibrada colección de temas de variado pelaje (hay Monk, sí, pero también algo de Bud Powell –In a Little Spanish Town-, y también alguno de los típicos calipsos que Weston introducía a menudo en sus discos de la época –Run Joe-), interpretada en trío o quinteto (se añade la trompeta de Ray Copeland al ya conocido cuarteto junto a Cecil Payne). Obligado a elegir una grabación de Weston de los años cincuenta, esta sería sin duda una de las candidatas.

En 1957 Weston regresó temporalmente al trío para grabar “Piano á-la Mode” (Jubilee, 1959) junto a Peck Morrison y Connie Kay (curiosamente, el pianista solo ha regresado a esta formación en dos ocasiones más, el “Berkshire Blues” de 1965 y “Zep Tepi” de 2005). El batería del Modern Jazz Quartet (con quien Weston había coincidido años atrás en la banda de Bullmoose Jackson) le da al grupo una vibrante levedad rítmica, que contrasta curiosamente con el vigor inherente al pianista.

“Aquella preciosa hermana en la sección de trombones…”

Melba Liston

Melba Liston, trombonista pionera entre las mujeres con este instrumento, y reconocida compositora y arreglista cuya fértil colaboración con Randy Weston se prolongó durante cerca de cuarenta años.

Fue aquel año que Weston conoció a uno de los personajes esenciales en su carrera musical: la trombonista y arreglista Melba Liston. Ciertamente la relación entre ambos fue musicalmente muy fructífera, y se prolongó hasta el fallecimiento de la trombonista en 1999.

“Una noche en 1957 bajé a Birdland para escuchar a Dizzy Gillespie y su big band (…). Al entrar y mirar quién estaba en el escenario con Dizzy aquella noche inmediatamente me fijé en aquella preciosa hermana en la sección de trombones (…). Con aquel peinado tan natural que llevaba, y con la belleza de Melba, aquello debió ser amor instantáneo”.

“Eventualmente Melba y yo nos enrollamos y me invitó a vivir en su pequeño apartamento”.

“Siempre fue una relación amorosa la nuestra, pero fue más bien amor a la música y a la gente”.

“Desarrollamos un intenso vínculo y sí, tuvimos un romance durante algún tiempo, pero nuestra relación era mucho más profunda que eso.”

Randy Weston discography

“New Faces at Newport”, “Little Niles” y “Destry Rides Again”, álbumes de 1958 el primero y de 1959 los otros dos.

“New Faces at Newport” (Metro Jazz, 1958) (Metro Jazz, 1958) documenta el paso de nuestro pianista, así cómo el del vibrafonista Lew Winchester, por el célebre festival newyorkino. El trío de Weston, completado por el baterista Wilbert G T Hogan y por un exuberante Jamil Nasser al contrabajo, desgranó aquel día un extracto de la Bantu Suite (composición de Weston que no se ha grabado antes ni después, que yo sepa), así cómo dos agradables blues (Beef Blues Stew y Machine Blues) y, en dúo con Nasser, la primera aparición discográfica del inmortal High Fly. Breve, insuficiente para captar los poderes de Randy Weston en directo, el disco es, no obstante, un muy agradable entrante: no sacia pero resulta igualmente suculento.

“Little Niles” (United Artists, 1959) es, sin duda, la grabación más célebre de Randy Weston en los años cincuenta, y no le faltan motivos para serlo. Weston había mostrado ya antes su querencia por el vals, y en esta ocasión le dedicó el disco entero a ese ritmo; de hecho, volvió a grabar en él tres valses ya incluidos en otros suyos anteriores (Earth Birth, Little Niles y Pam’s Waltz), iniciando así una de las costumbres más arraigadas en su música: la reinterpretación constante de temas favoritos. Compuesto únicamente por originales del pianista (otra primicia discográfica), “Little Niles” presenta su música en sexteto, con arreglos de Melba Liston, y es todo equilibrio y calor dulce, una hermosa grabación que pierde algo de fuelle en su tercio final pero que apuntala las peculiaridades musicales hasta entonces conocidas de Weston mientras señala algunos de los senderos que recorrería en el futuro.

Weston ya le estaba dando vueltas a su ambicioso “Uhuru Afrika”, pero United Artists le pidió una grabación “más comercial”, basada en un espectáculo de Broadway de su elección, antes de embarcarse en la producción de ese proyecto. Así surgió “Destry Rides Again” (United Artists, 1959), con música de Harold Rome, una grabación de la que el propio Weston dice “francamente no estuvimos muy inspirados al grabar Destry; lo hice únicamente pensando en la promesa de grabar a cambio “Uhuru Afrika” para United Artists”. Aún así, la verdad es que sobre el papel la cosa promete: el piano de Randy, cuatro trombones, contrabajo, Elvin Jones a los tambores y los arreglos de Melba Liston…. En la práctica el resultado se resiente de cierta blandura de conjunto, parece justamente lo que es, una obra de compromiso grabada con Weston pensando ya en su siguiente y más personal proyecto, largamente deseado además. No obstante, la grabación no está exenta de momentos atractivos, cómo Rose Lovejoy of Paradise Alley, en que Weston consigue introducir con éxito sus ritmos de tendencia africana en un ritmo de vals, o el bonito Antone Would Love You.

Randy Weston - Live at the Five Spot

“Live at the Five Spot”, grabado en 1959 y último disco para el sello United Artists.

Pero ¡ah! a pesar de todo United Artists finalmente no financió “Uhuru Afrika”, y Weston tuvo que buscarse la vida en otro sello (finalmente Roulette) para plasmar su ambicioso proyecto. Aún así, nuestro hombre todavía grabó un último disco para el sello (la secuencia de grabaciones es tan seguida que probablemente el pobre todavía no sabía que United Artists se disponía a dejarle en la estacada): “Live at the Five Spot” (United Artists, 1959), en quinteto junto a Kenny Dorham, Coleman Hawkins, Wilbur Little, Clifford Jarvis, Roy Haynes y Brock Peters. Fue la plasmación de un sueño, una de esas ocasiones en que un músico finalmente graba junto a uno de sus ídolos venerados desde jovencito (en este caso Coleman Hawkins). De nuevo Liston preparó arreglos para la ocasión, aunque los problemas de salud que la condicionarían durante toda su vida la mantuvieron hospitalizada en California desde antes de terminarlos. Al parecer la misma noche del concierto los arreglos y parte de la banda llegaron a New York procedentes de diferentes lugares, así que no hubo tiempo para ensayos; solo una breve charla y ¡ale! al escenario. El resultado no se resiente de ello, sucede quizá justo lo contrario: “Live at the Five Spot” es otra grabación repleta de espontaneidad y buen feelin’, punteada por un buen puñado de intervenciones solistas de gran calado.

Uhuru Afrika

“Mientras escribía “Uhuru Afrika” invoqué muchas imágenes del continente extraídas de las enseñanzas de mi padre (…). Reuní a mis espíritus, busqué oraciones de los ancestros y traté de plasmar fielmente lo que surgiese de mi interior (…). Estuve constantemente poniendo discos de música tradicional en mi casa, absorbiendo esta música mientras cocinaba, comía y seguía mi rutina diaria. Tenía esta música sonando todo el tiempo, no es que estuviese allí sentado totalmente concentrado en ella sino simplemente teniendo aquel espíritu musical africano en la casa, y absorbiéndolo. Cuando escribí “Uhuru Afrika” todos estos elementos sencillamente salieron de mi interior, cómo una especie de proceso mágico, sobrenatural. Una vez más los espíritus me sirvieron bien”.

Eandy Weston - Uhuru Afrika

“Uhuru Afrika”, publicado en 1960.

De aquí en adelante veremos a Randy Weston tomando con pulso firme las riendas de su vida, decidiéndose a mirar hacia África con fijeza, empapando en ella su música (y su vida) primero intuitivamente, después chapoteando en la orilla y, por fin, sumergiéndose por completo en su seno… “Uhuru Afrika” (Roulette, 1960) fue la primera zancada que le llevaba claramente hacia ese continente anhelado.

Weston veía en “Uhuru Afrika” muchas cosas: era, obviamente, una grabación discográfica en que él se lanzaba por fin a explorar los elementos africanos de su música; pero para él era también, en igual medida, una llamada de atención hacia los orígenes ancestrales de los negros americanos, y una celebración de la oleada de países africanos que se estaban independizando de sus colonos en aquellos primeros años sesenta: “(…) los países africanos estaban consiguiendo su independencia en 1960. Diez y siete países africanos la alcanzaron aquel año. Por eso yo deseaba crear una obra musical cómo celebración de esta libertad africana”. (Nota)

Melba Liston y Randy Weston.

Melba Liston y Randy Weston.

Para la ocasión, asistido por Melba Liston, Weston reclutó un nutrido conjunto de músicos y encargó a Langston Hughes un poema que se leería cómo una especie de invocación al inicio del disco.

“Yo veía “Uhuru Afrika” cómo la más importante música que había escrito nunca. El preludio era el poema por la libertad de Langston. Escribí la suite en cuatro movimientos: el primer movimiento era Uhuru Kwanza, cuyo tema es el derecho de la gente africana para determinar su propio destino. El segundo movimiento, la pieza cantada por Brock Peters y Martha Flowers, era African Lady, que escribí cómo tributo a todas esas grandes mujeres negras que me han impactado en la vida, empezando por mi madre (…). El tercer movimiento se llama Bantu, que significa todos nosotros juntos en unidad. El último movimiento se titulaba Kucheza Blues, en honor del glorioso momento en que África ganará su total independencia y la gente negra de todo el mundo tendrá una tremenda fiesta global para celebrarlo”.

El disco se completó en dos únicas sesiones, lo cuál sorprende teniendo en cuenta la ambición del proyecto y la cantidad de músicos implicados. Parece ser que los dos días se citó a todo el mundo a las 9 de la mañana ¡y ningún músico llegó tarde! Quizá ese inexplicable milagro hable más alto y fuerte del poder de los espíritus africanos que cualquier otra de las experiencias místicas vividas por Randy Weston en sus viajes.

“África es el latido de la civilización, luego la sección rítmica tenía que ser muy especial. Queríamos una sección rítmica que mostrase cómo todos los tambores descienden del tambor original, el tambor africano. Por eso llamamos a Babatunde Olatunji de Nigeria para coordinar la sección rítmica y tocar los tambores africanos y percusiones. Conseguí a Armando y Cándido Peraza de Cuba para representar al tambor africano vía Cuba. Max Roach tocó la marimba, Charlie Pership la batería de jazz -G. T. Hogan sustituyó a Pership en African Lady (…)- y tuvimos dos contrabajos, George Duvivier y Ron Carter”.

No me hagáis mucho caso, quizá es que soy de sensibilidad algo tosca para estas cosas, pero he de confesar que el tan cacareado poema de Langston Hughes que da inicio a la grabación siempre me ha parecido sonrojantemente infantil. En fin. Por suerte el resto del disco presenta música realmente potente y disfrutable. Muy alejada, desde luego, de cuanto Weston había grabado hasta entonces: aún antes de haber pisado el continente africano por primera vez, la música de Weston se había africanizado enormemente gracias, en gran medida, al poderoso tratamiento rítmico que supo imprimir a su piano y a sus composiciones. Inflamada de música a veces considerablemente ominosa, henchida de ritmo, color y un dramatismo sosegado pero profundo, “Uhuru Afrika” es una obra magnífica, barnizada por una madurez conceptual y expresiva apenas entrevista en la discografía anterior de Randy Weston.

“Fue una obra que conmovió a mucha gente, porque en conjunto tenemos muy poca educación acerca de África. Cuando vamos a la escuela, o al cine… siempre nos adoctrinan con la historia de Europa, por ello todos nuestros héroes tienden a ser europeos. “Uhuru Afrika” fue un completo revulsivo; estábamos diciendo “espera un minuto, ¡pero si África es la cuna de la civilización!” La respuesta crítica fue una combinación de todas esas cosas, pero Melba Liston y yo estábamos tremendamente orgullosos de esta creación”.

African American Musicians Society

En 1961 Randy Weston, junto con un pequeño grupo de músicos afines, fundó la African American Musicians Society (Louis Brown, Nadi Qamar, Sadik Hakim, John Handy, Ray Bryant y Weston fueron los miembros fundadores, y Melba Liston se les unió poco después). Ray Bryant: “La AAMS surgió porque empezamos a reunirnos informalmente para hablar acerca de las condiciones que padecíamos cómo músicos. La unión de músicos era discriminatoria en ciertos aspectos, y queríamos ver si podíamos hacer algo al respecto”.

Un puñado de organizaciones más o menos similares surgieron poco después: la Jazz Composers Guild de Bill Dixon, Archie Shepp, Roswell Rudd, Cecil Taylor, Paul Bley y Carla Bley en 1964; la Association for the Advancement of Creative Musicians (AACM) de Muhal Richard Abrams, Steve McCall, Jodie Christian y Phil Cohran en 1965;… La de Weston y sus colegas, por tanto, fue pionera, aunque tuvo una vida lamentablemente efímera: un año después de su fundación, y a pesar de haber conseguido algunas concesiones de la unión de músicos (en forma de cláusulas anti-discriminatorias para los músicos negros, por ejemplo), y de haber organizado alguna conferencia de cierta relevancia, la organización se disolvió debido a diferencias entre sus miembros.

Para entonces (1961) nuestro hombre ya se había separado de su mujer, y se había trasladado junto a su hijo Niles a un gran apartamento en Manhattan, propiedad de dos amigas a las que había conocido a través de Langston Hughes (Ramona Lowe y Adele Glasgow), y que habían estado muy involucradas en la creación y funcionamiento de la AAMS.

Langston Hughes

Langston Hughes, novelista, columnista, escritor de teatro y ensayista. Destacado intelectual del movimiento cultural conocido cómo Renacimiento del Harlem en los años 20 y 30 del siglo XX. Entre sus numerosas actividades se cuenta su labor cómo corresponsal para diversos periódicos norteamericanos en la Guerra Civil Española acompañando a las Brigadas Internacionales en su defensa de la República.

Resulta llamativa la relación que Langston Hughes (quien también estuvo involucrado en las actividades de la asociación) mantuvo con Randy Weston desde que se conocieran en los años cincuenta en los Berkshires, y que se mantuvo hasta su fallecimiento en 1967. El pianista tuvo acceso, de su mano, a una personalidad esencial del Renacimiento de Harlem de los años veinte, un luchador con quien compartía ideas y objetivos; pero llama la atención hasta qué punto Weston, su música y su personalidad fascinaron al célebre poeta y escritor. Resulta evidente que para él no se trataba solo de dar apoyo a un joven músico en busca de las raíces propias y de su pueblo: existía un interés hondo y sincero, nada circunstancial, por el pianista. Esa admiración compartida terminó llevando a Hughes a dejar establecido en su testamento que deseaba que Weston y su trío interpretasen blues en su funeral. Y así fue: Weston, Bill Wood y Ed Blackwell interpretaron blues durante una hora para el difunto Hughes y el nutrido grupo de asistentes a su funeral. Una imagen poderosa, sin duda, no exenta de atractivo a pesar de las tristes circunstancias que la propiciaron.

© Ricardo Arribas, 2016

 
Nota: Todas las citas están extraídas de “African Rhythms, The Autobiography of Randy Weston” (Duke University Press, 2010), compuesta por Randy Weston y arreglada por Willard Jenkins (la firman así, no es coña).

 
Enlace al índice de ARTÍCULOS PUBLICADOS SOBRE RANDY WESTON

 

Autor: Ricardo Arribas

Nacido en 1972, 44 añazos ya, ha pasado la mayor parte de ellos disfrutando y aprendiendo con la música, si le preguntas te dirá que incluso entendiendo, a través de ella, un poquito mejor cómo funciona el mundo. El hecho de gozar con músicas no siempre mayoritarias le llevó con el tiempo a descubrir otro placer muy especial: escribir acerca de la música, tratar de transmitir y compartir con otros aficionados las sensaciones que le provoca, escuchar con oídos distintos tras haber escuchado/leído las que provoca en ellos... Y en esas anda.

2 Comentarios
  • doctorsientetebien58@hotmail.com'
    Julián Vicente González Bueno 19:32h, 17 agosto Responder

    Muchas gracias por la nueva entrega. Deseando la siguiente.
    Saludos.

  • Ricardo Arribas 20:55h, 17 agosto Responder

    De nuevo muchas gracias a tí Vicente, entraremos a continuación en una fase de la vida de Weston especialmente fascinante, ¡espero que no te defraude cómo la recorremos!

Publica tu comentario