Randy Weston y Nigeria
Artículo de • Publicado el 01/10/2016

Randy Weston 1961-1966: El hombre que holló la tierra, la tierra que holló al hombre

En 1961 Randy Weston tuvo ocasión de visitar África, y de empaparse de primera mano de su música y su cultura... como era de prever, ello le cambió para siempre, a todos los niveles.

“Habéis estado fuera cuatrocientos años, ¡qué os llevó tanto tiempo!”

“No puedo describirlo con palabras pero hay cierto olor en el oeste africano, una determinada fragancia, y era particularmente potente aquella noche mientras nos sumergíamos en el aire de la noche. ¡África al fin! Había unos cincuenta percusionistas allí para recibirnos, y algunos de nuestra delegación cayeron de rodillas y besaron aquella buena tierra. Entonces de repente, en mitad de esta escena, un tipo se acerca corriendo hasta mí y dice -bien, al fin decidisteis regresar a casa, habéis estado fuera cuatrocientos años, ¡qué os llevó tanto tiempo!- Amigo, las lágrimas corrían por mi rostro, de tan feliz como me sentía”.

Viaje Randy Weston a ÁfricaAsí habla Weston acerca de sus primeros instantes en África. De hecho, su emoción era tal que comenta que ya desde el instante en que el piloto anunció que habían entrado en el espacio aéreo nigeriano sintió algo en su interior, y que incluso los motores del avión comenzaron a vibrar con un ritmo diferente. Es un verdadero placer leer al propio Weston describir este primer viaje a al continente largamente anhelado, así que voy a dejarle describirlo en primera persona:

“Estaba más que preparado. No puedo transmitir cuán absolutamente condicionado había estado hacia África por mi padre desde que era un niño”.
“Había soñado con viajar, incluso con vivir en África, desde que podía recordar. Mi oportunidad dorada de viajar hasta allí finalmente llegó en 1961. Una organización llamada American Society of African Culture (AMSAC), que promovía programas de intercambio entre EEUU y África, y que algunos de nosotros llegamos a sospechar más tarde que era una de las diversas y aparentemente benevolentes tapaderas de la CIA, seleccionó a 29 de nosotros para viajar a Nigeria. Nuestra misión era pasar diez días allí explorando posibles relaciones artísticas, musicales, filosóficas y lingüísticas entre el oeste africano (en concreto Nigeria) y la América africana”.

La comitiva la formaban, pues, 29 artistas, entre los que se contaban algunos de los colaboradores de Weston en Uhuru Afrika (los cantantes Brook Peters y Martha Flowers, el poeta Langston Hughes); además, viajaron Lionel Hampton y ocho músicos de su orquesta, el pintor Hale Woodruff, la pianista clásica Natalie Hinderas, Nina Simone, Odetta, Ahmed Abdul-Malik…

Randy Weston en el grupo de americanos en Nigeria

Fotografía del primer Presidente nigeriano Nnamdi Azikiwe (en el centro con chilaba blanca y gorro oscuro), al año de la independencia de Nigeria, con el comité norteamericana que viajó a este país africano en 1961. El contrabajista Ahmed Abdul-Malik destacado con un círculo azul, Lionel Hampton con círculo verde, Nina Simone con círculo amarillo y Randy Weston con círculo rojo.

 

“Un típico día de aquel viaje incluía encuentros y conferencias por la mañana, que solían consistir en cosas tales como lecturas a cargo del distinguido escritor nigeriano Chinua Achebe en torno a su trabajo, y como contraste Langston Hughes hablando acerca del suyo, tratando de encontrar conexiones entre las literaturas africana y afroamericana (…). Por la tarde había interpretaciones en directo tales como danza tradicional africana a un lado del escenario y los dos bailarines del Savoy Ballroom, Al Minns y Leon James, al otro lado, para ilustrar los contrastes y similitudes entre la danza tradicional africana y la afroamericana”.

En aquel viaje Weston entabló relaciones ricas y duraderas. El baterista y guitarrista Bobby Benson (cuyo Niger Mambo pasó a formar parte de su repertorio habitual, tanto en directo como en estudio) le impactó vivamente, y en su club en Lagos (el Caban Bamboo) vivió su primera y poderosa experiencia directa con la música tradicional africana:

“La música era tan inspiradora que en un momento dado tuve que levantarme traspuesto, sencillamente necesitaba sentarme con aquella gente. Así que me senté con el grupo, como si formara parte de él. La música empezó a volverse más y más intensa y la siguiente cosa que recuerdo es que podía sentir que me elevaba del suelo. La música era tan poderosa que estaba literalmente levitando, o así lo sentía yo (…) Aquella música era demasiado profunda para mí. Después de aquellos diez gloriosos días estaba determinado a regresar a África tan pronto como pudiera”.

Dibujo realizado por Elton Fax, acompañante de Randy Weston en su segundo viaje a África.

Dibujo realizado por Elton Fax mientras acompañaba a Randy Weston en el segundo viaje a África de este.

Las impresiones que Weston extrajo de aquel viaje evidentemente fueron muy positivas; por suerte ese sentimiento fue compartido por sus organizadores, pues dos años después nuestro hombre fue invitado de nuevo a Lagos a través del AMSAC, en esta ocasión con la única compañía de Elton Fax, el gran ilustrador americano. Se trataba fundamentalmente de dar charlas en universidades locales, pero claro, Weston aprovechó para estrechar lazos con sus conocidos nigerianos y compartir con ellos su música:

“También toqué más el piano durante aquel viaje de lo que lo había hecho en 1961, incluyendo una actuación junto a cinco percusionistas africanos en un concierto en el local de Bobby Benson, solo piano y tambores tradicionales Yoruba”.

Highlife

El otro acontecimiento importante en la vida de Randy Weston en 1963 fue la grabación de “Highlife” (Colpix, 1963), disco que hubo de producir por su cuenta y riesgo. El highlife es un estilo musical que apareció en Ghana a principios del siglo XX, y que a lo largo de los años se fue extendiendo y creciendo en popularidad en el centro del continente. Weston adaptó a este estilo fundamentalmente festivo su Zulu (que conocíamos de “Randy Weston Trio and Solo” –Riverside, 1957-), interpretó el Niger Mambo del mencionado Bobby Benson, introdujo Mystery of Love de Guy Warren y compuso otros cuatro temas para redondear una grabación llena de luz y color; junto a Weston, un nutrido conjunto de músicos (Ray Copeland, Broker Ervin, Quentin Jackson, Charlie Pership…) comandado de nuevo por los arreglos de Melba Liston. Weston prosiguió así su inmersión musical en su continente de adopción, con una grabación que comparte la densidad del anterior “Uhuru Afrika” (Roulette, 1960), si bien no su sonido vagamente ominoso. Weston se muestra particularmente poderoso al piano (magnífica, por ejemplo, su improvisación en Blues to Africa, concisa, certera), plenamente “westonizado” su monkianismo. Pero hay algo más que eso: la nueva rotundidad rítmica de su piano, plena de ricos matices sonoros y emotivos, evidencia la honda verdad de la fascinación que el pianista había sentido durante su estancia en África, que ya había permeado por completo su estilo instrumental. Y a resultas de todo ello su personalidad pianística se vio disparada hacia el exterior, completamente libre al fin.

Randy Weston - HighlifeDe todos modos “Highlife” no es una grabación, como cabría esperar, particularmente jubilosa. El highlife queda confinado a unos pocos temas (Caban Bamboo Highlife, Niger Mambo, Congolese Children), ya que la revisión de Zulu no ha perdido (más bien al contrario) ese tono un puntito amedrentador que caracterizaba a su primera encarnación, y Blues to Africa, In Memory Of y Mystery of Love tienen una gravedad solemne que, al fundirse con el ritmo y tono africanizantes, crean un fascinante y originalísimo conjunto sonoro. Personalmente encuentro muy atractiva esa gravedad en esta grabación: precisamente esos cortes (por otro lado excelentemente arreglados por Melba Liston) muestran a un Randy Weston particularmente sobrecogedor.

La banda entre dos mundos

Dejando temporalmente de lado las orquestas (“Uhuru Afrika”) y grupos grandes (“Highlife”, “Little Niles” -United Artists, 1959-) de sus grabaciones previas, en “African Cookbook” (así como en las posteriores “Berkshire Blues” y “Monterrey ’66”) Weston se centró en un pequeño grupo de músicos para constituir una banda estable (Ray Copeland a la trompeta, Booker Ervin al tenor, Vishnu Bill Wood al contrabajo, Lennie McBrowne a la batería y Big Black a la percusión) que se mantuvo unida durante tres años, y con la que Weston puso en pie música de forma y sonido netamente jazzíticos. Obviamente las fugas africanas de Weston se dejan sentir, pero hay en estas grabaciones un evidente regreso al jazz (que, por otra parte, nunca había desaparecido de su música).

Randy Weston - African CookbookLa formación en “African Cookbook” (Bakton, 1964) es el mencionado sexteto en cuatro temas (Berkshire Blues, Portrait of Vivian, Willie’s Tune y Blues For Five Reasons), incrementado con las percusiones africanizantes de Big Black y Harold Murray en los tres restantes. Como había hecho con “Highlife”, Weston editó personalmente la grabación (esta vez en su sello Bakton, que tengo la impresión de que se creó expresamente para la ocasión) con el bonito, muy boppish título “Randy (Rabat!! Beep Boo-Bee Bap)”, aunque en 1972 esta música pudo disfrutar al fin de una distribución algo mejor a través de Atlantic, con el nombre que ahora conocemos (una liosa decisión, pues ya había otra grabación posterior a esta con ese nombre, como veremos). Desde su salida de Riverside en 1957, y hasta su fichaje por el sello Verve en 1989, las grabaciones de Weston saltaron constantemente de un sello a otro, habitualmente diminuto, lo que motiva que muchas de ellas resulten aún hoy difíciles de encontrar: su itinerario vital le llevó a vivir experiencias fantásticas, pero no a labrarse una discografía constante… ni necesariamente fácil de localizar. Ya en este momento encontramos un buen ejemplo de todo ello: “Blues” (Trip, 1970), grabado por este mismo grupo (salvo que el tenor Frank Haynes sustituye a Booker Ervin) entre 1964 y 1965 es una de esas grabaciones inencontrables con las que nos toparemos de aquí en adelante.

Pero volvamos a “African Cookbook”: el relajado Berkshire Blues que abre la grabación, enésimo vals de Weston, muestra la maestría del pianista para imbricar el blues y el vals sin chirrido alguno (magnífico el solo del pianista, por cierto, pleno de sobria emoción y sentido estructural), impregnando además su música de un color y ligereza que instantáneamente nos retrotraen a África. Ese mismo color permea Willie’s Tune y Niger Mambo, en bonito contraplano con el piano grave, tan monkiano, de Weston. Pero el epicentro de la grabación es, indudablemente, el African Cookbook que la titula, un tema (este sí) de tono y formas netamente africanos (de hecho se convertiría en el caballo de batalla de Weston en su gira africana de 1967), con sus abigarradas percusiones, su estructura modal sobre la que improvisan a placer Ervin, Copeland y Weston, y su hipnótico balanceo rítmico… hay una maravillosa coherencia global en esta música, constantemente enriquecida por la inspirada aportación de los músicos.

Duke Ellington's sister Ruth Ellington

Ruth Ellington, hermana de Duke Ellington

Durante los tiempos de la African American Musicians Society Weston había entablado amistad (y vivido un romance que no se prolongó, según comenta nuestro hombre, debido a la pretensión de ella, no correspondida por él, de pasar por la vicaría, y a que le costaba manejarse, como buen chico de Brooklyn que era, en los ambientes acomodados de su pareja) con Ruth Ellingon, hermana del mismísimo Duke; esa amistad pervivió para siempre. A través de Ruth, que adoraba su música, Weston conoció al Duke, que en seguida le ofreció una grabación para su nuevo sello Tempo. Si bien el sello no prosperó, la grabación sí tuvo lugar (Weston estaba lógicamente fascinado con la idea de ser el primer artista grabado por el sello de Ellington… igual que había sido el primer jazzman del sello Riverside); dos sesiones en 1965 constituyen lo que finalmente editó Arista en 1977: “Berkshire Blues” (por cierto que en su autobiografía a Weston le traiciona en alguna ocasión la memoria, una de ellas aquella en que afirma que esta grabación tuvo lugar a su regreso de África en los setenta).

Randy Weston - Berkshire BluesEl disco lo constituyen tres temas en trío (da grima pensar que Weston no volvería a grabar en este formato hasta el “Zep Tepi” de 2006) y cuatro en solitario, y constituye una buena muestra del estilo sutil y poderoso que con los años había ido forjando el pianista. Curiosamente los temas en trío suenan en cierto modo más “clásicos” que otros discos de Weston en este formato (aunque su expresividad y capacidad dramática no tienen un pelo de clásicas). En Three Blind Mice el trío hace una vertiginosa lectura del tradicional tema, con Weston zanjando la parte pianística a base de secos acordes de aires monkianos y Wood adoptando un sonido potente, de líneas tortuosas y aromas que acortan distancias, en cierto modo, con el estilo de Scott LaFaro. Los otros dos cortes en trío son dos composiciones de Ellington, la reposada, preciosa Perdido (sonidazo del trío) y el alegre y juguetón Purple Gazelle, espléndidamente interpretados por un trío que se conocía de maravilla. Los cuatro temas en solitario son composiciones de Weston, y dan fe de la sólida evolución musical que había sufrido desde aquella primera sesión en solitario de septiembre de 1956: aquí el pianista sabe aprovechar a fondo los recursos a su alcance para plasmar una miríada de pequeños detalles que evocan paisajes y situaciones con notable intensidad. Es un Weston perfectamente conocedor del valor de su piano nada pirotécnico, y posee un ritmo propio esplendoroso, igualmente sólido al plasmar interpretaciones más o menos literales de los temas (Berkshire Blues, Ifran) que al perderse en magníficos soliloquios improvisados, perfectamente imbricados en la estructura de las composiciones y tendentes a un impresionismo tan opaco como pleno de color (Lagos, Sweet Meat). “Berkshire Blues” constituye un espléndido retrato de los poderes pianísticos y musicales del Randy Weston de mediados de los sesenta.

Randy Weston - Monterey'66Todavía grabó Weston un último disco con el mismo núcleo de músicos, antes de zambullirse de lleno en la aventura africana. “Monterrey ’66” (Verve, 1966) documenta el concierto que el grupo dio en el famoso festival el 18 de Septiembre de 1966. El grupo se presentó como sexteto a pesar de ser realmente un septeto (al conjunto ya conocido se agregó Cecil Payne al barítono), pues Booker Ervin tenía un pie fuera del grupo (estaba deseoso de formar el suyo propio) y aparece acreditado como invitado especial.

Se trata de una grabación espléndida, si bien algo irregular. Son magníficos los dos temas largos, más claramente “africanos”: el colorido, alegre Afro-Black, con breves intervenciones de todos los músicos y una más larga, excelente, de Big Black, y, sobre todo, la monumental (25 minutos) revisión de African Cookbook, sostenida por un soberbio colchón percusivo, durante la cuál todos los músicos tienen ocasión de explayarse a placer (y la aprovechan, especialmente un magnífico Ervin, con ese tono exaltado sin estridencias, un pelín retrasado su tempo al estilo de Dexter Gordon). Muy bonito resulta Blues For Strayhorn (dedicada, claro, al entonces recién fallecido Billy Strayhorn), un tema lento, extremadamente sobrio, en que se luce especialmente Cecil Payne y que Weston salpimenta con su toque seco y decidido; Little Niles cuenta con un vibrante arreglo de Copeland y una rica y estructurada intervención solista de Weston; en cambio Berkshire Blues suena algo lastrado a pesar del potente, fresco, abierto solo del trompetista, y Portrait of Vivian, en la estela de los retratos de Ellington (al igual que el ya mencionado Blues for Strayhorn antes mencionado) resulta un tanto forzado, lejos de la naturalidad de su ellingtoniano referente.

Weston tenía especial aprecio a este concierto, el último de una banda que continúa considerando su mejor conjunto, y vivió con emoción su publicación. Ciertamente el concierto atesora momentos de espléndida brillantez, y documenta el trabajo de un grupo fantástico, pero personalmente encuentro más redondas otras grabaciones de la época, mismamente “Highlife” o “African Cookbook”.

© Ricardo Arribas, 2016

Nota: Todas las citas están extraídas de “African Rhythms, The Autobiography of Randy Weston” (Duke University Press, 2010), compuesta por Randy Weston y arreglada por Willard Jenkins (la firman así, no es coña).

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Autor: Ricardo Arribas

Nacido en 1972, 44 añazos ya, ha pasado la mayor parte de ellos disfrutando y aprendiendo con la música, si le preguntas te dirá que incluso entendiendo, a través de ella, un poquito mejor cómo funciona el mundo. El hecho de gozar con músicas no siempre mayoritarias le llevó con el tiempo a descubrir otro placer muy especial: escribir acerca de la música, tratar de transmitir y compartir con otros aficionados las sensaciones que le provoca, escuchar con oídos distintos tras haber escuchado/leído las que provoca en ellos... Y en esas anda.

2 Comentarios
  • doctorsientetebien58@hotmail.com'
    Julián Vicente González Bueno 13:46h, 02 octubre Responder

    Gracias también por esta nueva entrega.
    Me encanta este tema, lástima no poder conseguir todos los discos de este hombre. Los 8 o 10 que tengo me encantan.
    Saludos.

    • Ricardo Arribas 08:36h, 03 octubre Responder

      Gracias a ti, Julián; es un placer enorme compartir en jazzitis este trabajo en torno a Randy Weston.

      Efectivamente, hay varios discos de Weston que no hay manera de conseguir, o que si los encuentras cuestan un riñón. Por suerte la mayoría de los que ha grabado sí están editados en cd y se encuentran con facilidad a precios razonables, incluso muy económicos.

      Un saludo

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