Randy Weston en Marruecos
Artículo de • Publicado el 13/02/2017

Randy Weston 1967-1969: Vivir África

Randy Weston se sumergió por fin, de manera plena, en la vida africana, estableciéndose de hecho en Marruecos. Esa será la etapa más fascinante de su periplo vital, un triple salto mortal sin red, una experiencia tan enriquecedora en lo personal como fructífera en lo musical.

“Esa mano en ese tambor”

“Mientras estábamos en California para tocar en el Festival de Jazz de Monterrey recibí una llamada del Departamento de Estado en Washington comunicándome que les gustaría que llevase un grupo de gira por el Oeste y Norte africanos, con escapadas a Beirut (Líbano) y Damasco (Siria), empezando en Enero de 1967” (ver Nota 1).

Randy Weston en Gabón

Randy Weston firmando autógrafos en Libreville, Gabón, en 1967.

Esta era verdaderamente la oportunidad que Randy Weston había deseado siempre: al fin podría viajar a África para dar a conocer ampliamente su música. Y, realmente, el programa era ambicioso. Aquí un párrafo extraído de un artículo firmado por Georgia Briggs, aparecido el 13 de Julio de 1967 en la revista Down Beat (ver Nota 2), que describe en qué consistió la gira: “Se trataba de una de esas giras transoceánicas de representación cultural en que el Departamento de Estado embarcaba a grupos de jazz de vez en cuándo. Esta en particular estaba a cargo del sexteto de Randy Weston. Durante tres meses (de mediados de enero a mediados de abril) visitaron diez países en el oeste africano (Senegal, Mali, Alto Volta –actualmente Burkina Faso-, Nigeria, Ghana, Camerún, Gabón, Liberia, Sierra Leona y Costa de Marfil), uno en el medio oriente (Líbano) y tres en el norte de África (Unión de Repúblicas Arábigas, Argelia y Marruecos)”.

Weston estaba en las nubes. No obstante, aquel hubo de ser un momento con su puntito agridulce para él: recibió el encargo justo cuando su grupo, el grupo con el que sin duda hubiese deseado viajar a su continente añorado (me refiero a su sexteto de los tres últimos años, del que ya hemos hablado en anteriores artículos, formado por Ray Copeland a la trompeta, Booker Ervin al tenor, Vishnu Bill Wood al contrabajo, Lennie McBrowne a la batería y Big Black a la percusión (además de él mismo al piano), se hacía añicos.

“Regresé a la Costa Este y reuní un grupo con Bill Wood al contrabajo, Ed Blackwell a la batería, Chief Bey a la percusión africana, Clifford Jordan al saxo tenor y Ray Copeland a la trompeta. Ray hizo gran parte de los arreglos de este sexteto. Tener a Chief Bey en esta gira fue una de las claves de nuestro éxito. Yo sabía que en muchos lugares era probable que encontrásemos audiencias que no estaban habituadas a los instrumentos occidentales, pero también sabía que los tambores de Chief conectarían con la gente. (…) Puede que no estén seguros del origen de otros instrumentos, pero cuando ven esa mano en ese tambor saben que es de ellos. Jamás habría ido a África de otro modo”.

Aunque la percepción de Weston en torno a cómo se recibía su música en los diferentes países por los que pasaron es en general muy positiva, lo cierto es que las condiciones en que tuvieron que interpretarla fueron muy mejorables, especialmente en lo referente a su teclado:

“En cierto momento mi pobre piano eléctrico, que me vi obligado a tocar durante gran parte del viaje sencillamente porque no había piano en casi ninguno de nuestros destinos, finalmente sucumbió por el exceso de uso”.

Randy Weston en Camerún, 1967.

Randy Weston tocando ante el público de Camerún en 1967, con su pequeño piano eléctrico.

En el ya mencionado artículo de DownBeat se comenta también la anécdota: “El otro problema importante fue el pequeño piano eléctrico que Weston hubo de utilizar cada vez que no había uno “de verdad” disponible. Este instrumento (un eufemismo para no decir simplemente “juguete”) era totalmente inadecuado para un pianista-líder, o para cualquier pianista que toque con fuerza o que quiera expresar ideas. Unas veces sonaba como una mala guitarra excesivamente amplificada, otras como si fuese el más barato órgano eléctrico del mercado, y nunca podía ser equilibrado con el sonido del resto de instrumentos. No solo sonaba horriblemente, además resultaba absurdo ver a Weston (con sus 2,01 metros de altura) sentado tras él”. Al tratar de imaginar al inmenso Randy Weston encogido, durante tres meses de conciertos a lo largo de toda África, tras un viejo teclado como el descrito por Briggs, no puedo evitar que se me dibuje en el rostro una sonrisa: Weston impone por su tamaño incluso sentado a un piano de cola normal, como he tenido la fortuna de comprobar en alguna ocasión.

Al parecer, en El Cairo tuvo lugar uno de los conciertos más potentes del viaje:

“Llegamos a El Cairo (Egipto) en abril, y aquella fue una de las experiencias más memorables del viaje. El concierto que hicimos allí fue sencillamente explosivo, quizá la actuación más poderosa de toda la gira. Tocamos African Cookbook para terminar el concierto, como siempre. La viva emoción de la gente egipcia era tan fuerte en aquel teatro que en cierto momento, cuando Chief Bey empezó su solo de batería durante ese tema, la audiencia se metió en él hasta el punto de que sencillamente nos arrebataron el ritmo con sus vigorosas palmadas. En verdad estaban arrojándonos de vuelta todos aquellos ritmos, como diciéndonos ‘conocemos esos ritmos, son nuestros ritmos’, lo cual era totalmente cierto, desde luego. Chief Bey estaba agotado pero sencillamente no podía dejar de tocar los tambores; no le dejaban terminar”.

De manera típica, el éxito de la aventura desde el punto de vista puramente musical contrastó vivamente con la negativa sensación que transmitieron a los músicos los representantes de la administración que los acompañaban; al parecer procuraron en teoría tutelar, en la práctica entorpecer, el intercambio cultural que era, en el fondo, el (supuesto) motivo central del viaje… si bien habría que ser muy inocente para no comprender que en realidad estas giras culturales eran operaciones puramente propagandísticas en el mejor de los casos, tapaderas para establecer relaciones políticas y económicas poco confesables en el peor y más creíble.

“Esa misma actitud protectora se reflejó en la incapacidad, por parte de los americanos (Weston se refiere a estos representantes de la administración) para entender por qué los miembros del grupo estábamos tan ansiosos por escuchar la música tribal africana, y por contactar con músicos locales africanos y, en general, con gente interesada en la cultura africana”.

Rabat, Tanger

Cuando Weston regresó a Estados Unidos después de terminar la gira encontró en su buzón, reenviadas desde la Embajada en Marruecos, emocionadas cartas de los aficionados que habían asistido a su concierto en Rabat, o escuchado su emisión radiofónica. La propia embajada ponderaba, en una de sus misivas, la importancia de los esfuerzos de Weston para tratar de acercar las culturas americana y africana, la de su música, etc; describía después el entusiasmo que su actuación había levantado entre la gente, y finalizaba sugiriendo la posibilidad de ahondar en todo ello proponiendo a Weston su regreso a Marruecos para participar en el festival de jazz, en julio. Ya podéis imaginar los emocionados temblores que estas misivas provocaron a Weston: su traslado a África se convirtió ya, prácticamente, en un hecho.

Curiosamente, Weston justifica su decisión final de mudarse a África poniendo en la balanza motivos que, aparentemente, nada tienen que ver con la lógica del acontecimiento: no le gustaba el giro que estaban tomando tanto la música comercial como el jazz estadounidenses. Comenta respecto a la primera:

“Cuando los Beatles actuaron en el show de Ed Sullivan y vi la reacción histérica a su música, y vi cómo todo el mundo flipaba con aquella música, me dije ‘amigo, la música negra está en apuros ahora en América’”.

Y, en referencia, al jazz:

“A pesar de toda la euforia crítica en torno a lo que se dio en llamar free o avant-garde jazz, cuando lo escuché no me excito en lo mas mínimo, me pareció opuesto a la música negra (…). Me sorprendió que la audiencia estuviese perdiendo su gusto por la música negra, por lo que hace de nuestra música algo único, lo que convierte a la música negra en algo diferente de otras clases de música; yo verdaderamente deseaba permanecer en esa tradición. Pero en EEUU parecía que nos estábamos alejando de ella en todas direcciones”.

En todo caso, lo cierto es que Weston marchó a Rabat, donde había triunfado en su gira de principios de año. Al parecer su emigración coincidió con la obtención de la custodia de sus hijos, así que poco después también Pam y Niles viajaron a Marruecos para establecerse allí con él. En seguida se materializó una gira por todo el país. Y, aunque Weston deseaba traer de Estados Unidos un sexteto, hubo de conformarse, por motivos económicos, con un trío que completaban nada menos que Ed Blackwell y Bill Wood. Blackwell y Wood también se establecieron en Rabat:

“Todos compartíamos aquella casa: Pamela, Niles, Bill Wood, Ed Blackwell y su mujer y tres niños pequeños”.

Durante el año que estuvieron allí, aunque espaciadas, hubo diversas ocasiones para girar con el trío.

“Aquel primer año en Rabat no trabajé mucho, un par de conciertos por aquí, unos pocos hoteles por allá, un concierto en el Hot Club de Francia en Meknes… esa clase de cosas. Ni siquiera tenía acceso a un piano la mayor parte del tiempo; así que desde ese punto de vista fue un año artísticamente frustrante, el que pasé  en Rabat”.

Randy Weston, Pam and Niles

Randy Weston con sus hijos Pamela y Niles, en África.

Al cabo de un año, en 1968, Weston y los suyos se trasladaron a Tánger, al parecer debido a que allí estaba el American College, colegio al que el pianista deseaba llevar a sus hijos. Ciudad mediterránea, cosmopolita, refugio de artistas acomodados en busca de cierto exotismo, Tánger se convirtió en el hogar de Weston durante cuatro años. Hombre de culillo inquieto, Weston (y con él sus hijos, naturalmente) se mudó en varias ocasiones dentro de Tánger durante aquellos años, en función de las circunstancias y de los avatares sentimentales del pianista. Es gracioso cómo se refiere Weston a ese ambiente bohemio-occidental:

“Viviendo en Tánger conocí a muchos de los llamados americanos expatriados, gente como los escritores Allen Ginsberg, Paul Bowles y otros, quienes parecían estar buscando algo, nunca supe qué. Todos ellos vivían en Tánger por entonces, lo que la convertía en una ciudad todavía más internacional. Además todos estos artistas y escritores parecían genuinamente interesados en tener cerca a alguien como yo, un músico de jazz de cierto renombre, llegado de los Estados Unidos para vivir allí”.

“Tánger es una ciudad realmente especial, construida en las colinas, con una hermosa playa y la increíble Bahía de Tánger a sus pies. Se encuentra en el punto más al norte de África, allí donde el Atlántico y el Mediterráneo se unen  en el Estrecho de Gibraltar, y la bahía es de un siempre cambiante azul y verde, permanentemente fascinante. Te encuentras con ella en cualquier momento cuando paseas por la ciudad, ¡wow!,  de repente…¡ ahí está!”.

Intelectuales en Tánger, 1961

De izquierda a derecha: Peter Orlovsky, poeta y actor pareja de Allen Ginsberg, el escritor William Burroughs, el poeta y activista Allen Ginsberg, los también poetas Alan Ansen y Gregory Corso, apoyado en la pared Ian Sommerville, brillante técnico informático británico amante de Burroughs, y sentado en el suelo el elegante Paul Bowles, escritor y compositor con casa en Tánger y anfitrión del grupo de autores relacionados con la Beat Generation norteamericana, en Tánger en 1961, concretamente en el Hotel Villa Muniria, dónde Burroughs escribió su novela “El almuerzo desnudo”.

A pesar de toda la excitación y los prometedores augurios que motivaron el traslado de nuestro hombre a Marruecos lo cierto es que, si en Rabat tuvo pocas ocasiones para interpretar su música, en Tánger la situación fue, en ese sentido, al menos durante el primer año de su estancia allí, todavía más desalentadora: algún concierto allí o en otra ciudad de la zona, alguna velada en hoteles… al parecer simplemente encontrar un piano digno de tal nombre era toda una peripecia. 

Jillalah, Jajouka, Gnawa

En cambio Weston estaba más y más emocionado según iba descubriendo y conociendo diferentes, ricas y atractivas culturas locales.

“Los primeros de los hermanos espirituales marroquíes con los que conecté fueron los Jillalah”. “Los Jillalah son una secta sufí; consideran a sus instrumentos como un medio para comunicarse directamente con Alá. Tocan esta especie de flautas llamadas qsbah o gisbah, y unos tambores llamados bendir; es su manera de comunicarse con el Creador”.

“Hubo tres tradiciones espirituales y musicales marroquíes con las que conecté. Otra de ellas fueron los Joujouka, con quienes Ornette Coleman conectó más tarde, y con quienes grabó un disco” (ver Nota 3).

“Joujouka es un pueblo que no tiene electricidad; es realmente el Marruecos profundo, con hermosas vistas de las montañas circundantes. Los músicos Joujouka son sanadores; tocan un doble instrumento de madera llamado ghaita, parecido a un oboe, y también esos tambores llamados bendir”.

Los gnawas en Khamlia, enero de 2017

Los gnawa
Khamlia es un pueblo diminuto en mitad del desierto, al sur de Marruecos, cerca ya de la frontera con Mauritania. Los habitantes de Khamlia descienden de esclavos raptados por los árabes hace siglos en Centroáfrica, y no se han mezclado con otras gentes a lo largo del tiempo: son negros como tizones.
En Khamlia hacen música los gnawa. Ya podéis imaginar la emoción que podía sentir alguien como quien os escribe cuando, después de tanto buscar y leer cosas acerca de ellos, me encontraba ahora allí sentado, en aquella umbrosa sala de techo bajo, con los gnawa haciendo música ante mí.
Varios qarqabú (una especie de castañuelas metálicas) y un gran tambor fueron los instrumentos en la primera parte del recital; qarqabús y guembri (instrumento de tres cuerdas) lo fueron en la segunda. Música hipnótica, de suave cadencia, resultaba fácil perderse entre su cálidos pliegues…
El nombre de Randy Weston no les era familiar… habría sido hermoso, pero poco razonable encontrar aquí una conexión directa con nuestro hombre: él contactó con los gnawa en Tánger décadas antes de que este pueblo diminuto, perdido entre las dunas del desierto, apareciese en algún mapa. (foto: Ricardo Arribas, en Khamlia, enero de 2017)

Los jajouka siguen, como los jillalah, la tradición musical sufí, aunque en ellos hay una importante influencia bereber. Se localizan geográficamente en el sureste del Rif marroquí, y su música era muy apreciada por los americanos expatriados a los que se refería Weston, Paul Bowles y demás. No solo Ornette Coleman sino músicos como Brian Jones de los Rolling Stones (que grabó con ellos antes incluso que Ornette Coleman) o escritores como Jack Kerouac o William S. Burroughs se admiraron con su música (Burroughs dijo que “los músicos maestros de Jajouka son una banda de rock de 4000 años de antigüedad”).

Pero es sin duda con la cultura y la música del pueblo Gnawa con las que Weston estableció un contacto más fuerte, rico y duradero. Los gnawa son descendientes de esclavos negros subsaharianos, llegados a Marruecos como consecuencia de antiguas conquistas (s. XV y posteriores). Han conservado rasgos culturales de sus lugares de procedencia (de hecho, se han mezclado poco con la población en general más clara de Marruecos, por lo que conservan una tez marcadamente oscura). Su música se diferencia marcadamente de la de influencia árabe y bereber del resto del país, y contiene poderosos elementos claramente subsaharianos: carácter fundamentalmente social y utilitario (se utiliza para sanar dolencias, enfermedades y desordenes mentales), fuerte presencia de ritmos de origen claramente centroafricano, canto en el que un cantante invoca mediante textos más o menos dialogados y el resto de participantes responde en bloque…

“Los Gnawa tienen una carta de colores y cada una de sus canciones se corresponde con un color. Tienen diferentes ritmos para cada color, y cada color representa a un determinado santo, un determinado espíritu; consideran que unos colores son más peligrosos que otros”.

“Mi primera experiencia con una ceremonia espiritual Gnawa, una verdadera Lila, tuvo lugar en 1969. (…) Yo vestía el djellabah, el atuendo marroquí tradicional, y me senté en silencio en una esquina para observar la ceremonia. En mitad de toda aquella música y danza empecé a experimentar los colores; vi rojo, y muy especialmente vi azul, que resultó ser mi color según confirmaron los Gnawa. (…) Se suponía que yo regresaría a la noche siguiente, para experimentar el color negro y no sé qué más, pero decliné. Pensé que mi cabeza ya había sido suficientemente zarandeada, de momento”.

“El primer tema que compuse en honor de los Gnawa fue Blue Moses (…). Pero el jefe Gnawa en Tánger me prohibió tocarla. Dijo ‘No la toques en público, es música sagrada’. Así que durante un año no la toqué (…) Finalmente me dio el ok, me permitió interpretar Blue Moses. Pero puedes apostar a que si no me hubiese dado ese ok, no se me habría pasado por la cabeza interpretar aquella pieza, porque he visto suceder cosas muy extrañas en África cuando hay la menor sospecha de que se ha cabreado a un espíritu”.

“Cuando estoy con quienes denomino gentes tradicionales, como los Gnawa o los Joujouka, siento que estoy acudiendo a una escuela de música (…). El concepto africano de la música es mucho más profundo que el concepto occidental, y está basado en poderosos valores espirituales y fuerzas sobrenaturales, y magia pura. He tenido algunas alucinantes experiencias con música tradicional que jamás experimenté con ninguna otra clase de música. El mero poder de la música te hace comprender que no se trata solo de sus orígenes, sino que está basada en determinados valores espirituales”.

Y así dejamos a Weston por el momento, alucinando literalmente en colores con las culturas locales más añejas de Marruecos, musical y espiritualmente fascinantes, mientras su carrera discográfica (y, dadas las dificultades que tenía durante aquella época para encontrar un piano, también su carrera musical a secas) se estancaba momentáneamente. No obstante, por suerte aquella sequía no iba a durar mucho, como veremos en el próximo artículo de la serie.
 
© Ricardo Arribas, 2017

Nota 1: Todas las citas están extraídas de “African Rhythms, The Autobiography of Randy Weston” (Duke University Press, 2010), compuesta por Randy Weston y arreglada por Willard Jenkins (la firman así, no es coña).
Nota 2: Este extracto procede, al igual que el resto del artículo, de la autobiografía de Randy Weston ya mencionada. No obstante, lo cierto es que en ella, supongo que por error (si bien el error, si tal es, se repite en un par de ocasiones), se cita como fecha de la publicación el 13 de Julio de 1966, es decir, el año anterior a llevarse a cabo la gira. Dado que el artículo es evidentemente posterior, asumo que el año real de publicación es 1967, aunque no he podido constatarlo de manera fehaciente.
Nota 3: Se trata de la grabación “Dancing In Your Head” (Horizon, 1977), grabada entre enero de 1973 y diciembre de 1975.

 
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Autor: Ricardo Arribas

Nacido en 1972, 44 añazos ya, ha pasado la mayor parte de ellos disfrutando y aprendiendo con la música, si le preguntas te dirá que incluso entendiendo, a través de ella, un poquito mejor cómo funciona el mundo. El hecho de gozar con músicas no siempre mayoritarias le llevó con el tiempo a descubrir otro placer muy especial: escribir acerca de la música, tratar de transmitir y compartir con otros aficionados las sensaciones que le provoca, escuchar con oídos distintos tras haber escuchado/leído las que provoca en ellos... Y en esas anda.

4 Comentarios
  • doctorsientetebien58@hotmail.com'
    Julián Vicente González Bueno 19:19h, 14 febrero Responder

    Buenas tardes.
    Ya estaba echando de menos un nuevo capítulo de la serie.
    Gracias.

  • Ricardo Arribas 08:47h, 16 febrero Responder

    Gracias a ti, Julian Vicente, como siempre. Sí, se ha retrasado más de la cuenta esta entrega; espero que las siguientes vengan más seguidas unas de otras.

    ¡Un saludo!

  • kerouack@gmail.com'
    javier 08:25h, 17 febrero Responder

    Interesante, quedo a la espera del siguiente.

    • Ricardo Arribas 07:57h, 20 febrero Responder

      Muchas gracias Javier.

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