Rudresh Mahanthappa
Artículo de • Publicado el 19/07/2016

Reseñas norteñas: Mahanthappa en Vitoria

Crónica del concierto ofrecido por el saxofonista Rudresh Mahanthappa y su banda en el Teatro Principal de Vitoria la tarde del sábado 16 de julio de 2016, a las 18:00, presentando el proyecto "Bird Call" dedicado a una reelaboración de la música de Charlie Parker.

Samosas, Chicken Tikka Pasanda, arroz basmati, pan de queso y batido de mango. Eso fue lo que comí en un restaurante hindú a mi llegada a Vitoria. Una buena introducción para ver después a un artista de origen hindú como Rudresh Mahanthappa. Era un día de calor agobiante así que, tras la copiosa comida, opté por reposarla sentado en un banco en las refrescantes sombras del Parque de la Florida.

Mahanthappa

Rudresh Mahanthappa ha conseguido una triple corona en la votación anual de los críticos de la influyente revista Down Beat: Mejor Álbum del Año “Bird Calls”, Mejor Saxofonista Alto y Compositor Artista Emergente.

Mahanthappa venía a presentar su disco «Bird Calls», inspirado en la figura del mítico “Bird”: Charlie Parker. Pero de una forma interesante, ya que no se limita a hacer versiones de los temas de Parker, sino que su aproximación es más original e incluso más parkeriana. Es sabido que varias de las composiciones de Charlie Parker eran reelaboraciones de temas conocidos ya existentes. Así, Moose The Mooche está basada en I Got Rhythm, Ornithology en How High The Moon… Pues bien, lo que hace Mahanthappa en el disco es presentar composiciones propias que son reelaboraciones… de composiciones de Parker. En las notas del disco, Rudresh opina que a Parker le habría gustado esa forma de aproximarse a su música. Yo opino lo mismo.

Nos situamos. Ya estamos en el Teatro Principal, y salen al escenario los músicos: Adam O’Farrill (trompeta), Rudresh K. Mahanthappa (saxo alto), Bobby Avey (piano), Thomson Kneeland (contrabajo) y Rudy Royston (batería). Son los mismos que suenan en el disco con la excepción del pianista (en el disco es Matt Mitchell) y el contrabajista (en el disco es François Moutin). Yo creo que salimos perdiendo con el cambio. Kneeland me gustó, pero Avey está lejos de la intensidad de Mitchell.

La cosa comenzó con Bird Calls y un solo de resonancias hindúes de Mahanthappa, secundado después por O’Farrill. Aquello sonaba muy bien pero parecían algo fríos, sobre todo el trompetista.

El que no estaba frío era Royston, y bien que lo demostró en On The DL, composición de Mahanthappa basada en Donna Lee de Parker (que a su vez estaba basada en Indiana… ¡esto parece una carrera de relevos creativos!). Pues eso, que Royston daba baquetazos a diestro y siniestro y con la oscura pero efectiva colaboración de Kneeland te hacía mover los pies y la cabeza al tiempo que hacía moverse a los músicos, que se embarcaron en vibrantes pasajes al unísono y después en sus correspondientes solos: muy bien Mahanthappa, luego el pianista que no me dijo nada y luego el trompetista, que estuvo mejor pero seguía sin coger el punto.

El joven O’Farrill se puso definitivamente las pilas para Chillin’, que comenzó con un espectacular mano a mano entre él y Mahanthappa. Cada uno tuvo después su solo y a continuación tuvimos un preciosa y rítmica intervención de Kneeland, con una digitación tan ágil y un sonido tan fino y preciso que… bueno, nunca antes había visto a un contrabajo sonar casi como un arpa.

El siguiente tema fue Talin Is Thinking, basado en Parker’s Mood y escrito por Mahanthappa para su hijo Talin, aunque en esta ocasión quiso dedicárselo a las víctimas del horrendo atentado de Niza. Rudresh hizo una hermosa introducción en solitario y después vino la exposición melódica sobre un ritmo casi de marcha, con Royston nuevamente desatado haciendo redobles en la caja. También se desató Mahanthappa, con el mejor solo de la noche hasta el momento. El final fue sublime, con los músicos tocando flojito y Royston haciendo virguerías con los platos y el hi-hat.

Mahanthappa

Disco firmado por Mahanthappa y Rudy Royston dedicado al autor de la crónica.

A continuación sonó Maybe Later, basada en Now’s The Time. Pero los músicos no lo dejaron para más tarde, sino que hicieron caso al título original. Royston seguía dando caña que daba gusto, pero aquí el más destacado fue Adam O’Farrill con un solo espectacular, precedido por un Avey que estuvo mejor que antes y secundado por Mahanthappa, que seguía ciertamente entonado.

La cosa se tranquilizó con la balada Sure Why Not?, que comenzó con una lírica introducción a cargo de Avey. Después trompeta y saxo se embarcaron en una dinámica de llamada-respuesta que dio paso a un estupendo solo de Kneeland, secundado al final por un Avey que por fin había encontrado el tono. Tras ello, saxo y trompeta (sí, cambiaron el orden) volvieron a intercambiar sedosas frases hasta el final del tema.

Con todo el mundo ya a tope, los músicos se embarcaron en el veloz y potente Man, Thanks For Coming, donde Avey tuvo de nuevo ocasión de lucirse y donde Royston volvió a marcar la pauta de forma arrolladora, finalizando el tema con un hiperbólico solo a su cargo. Mahanthappa estuvo muy bien, pero el mejor del concierto fue Rudy Royston, sin duda alguna.

Aplausos, salida del escenario y vuelta al mismo para interpretar el bis: Both Hands. Efectivamente, allí todos empleaban las dos manos, ellos para tocar y nosotros para aplaudir. En este último tema lo más destacado fue el conjunto, con enrevesados y veloces pasajes en ensemble, punteados por cortas y fogosas intervenciones de los solistas.

Y así fue el concierto, del que tras alguna duda inicial acabé saliendo más que satisfecho. La digestión de la música resultó ser tan placentera como lo había sido la de la comida.

© Alejandro Díaz, 2016

 
Vídeo de promoción del proyecto de Rudresh Mahanthappa “Birds calls”


Fragmento de la presentación del proyecto “Bird Calls” en el Festival de Invierno de la Ciudad de Nueva York el año pasado

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Autor: Alejandro Díaz

Nacido en Gijón en 1973, lo del jazz le entró por un oído y, como todavía no le salió por el otro, es de suponer que sigue por ahí dentro, alojado en alguna parte de su cerebro (él asegura que es en la parte buena). Su vida carece de dirección, lo cual no le impide ser un apasionado de la música en directo y prodigarse en ofrecer opiniones directas sobre los conciertos que ve y los discos que escucha. Ustedes verán si le hacen caso, pero les advierto que el hombre es abstemio, y que además no le gustan ni el fútbol, ni los coches, ni los perros. Ya ven, una lindeza de tío. ¡Y encima escribe poemas!

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