Artículo de • Publicado el 29/01/2012

Ronnie Free: uno de los que no salen en la foto

Son cantidad los músicos que se embarcaron en la práctica de un jazz avanzado en los años 50, pero se reduce a unos cuantos los que llegaron a ser conocidos. Esta es la historia de uno de los músicos con talento que no culminaron con éxito su gran vocación.

Es muy célebre la fotografía A Great Day In Harlem tomada en Agosto de 1958 por Art Kane del grupo de 57 músicos (ver la entretenida y documentada web de www.harlem.org) en el que se encuentran verdaderos iconos de la historia del jazz, pero es menos conocido que algunos convocados llegaron tarde y se perdieron la histórica oportunidad. Por ejemplo llegaron tarde Mose Allison, Charlie Rouse, y… Ronnie Free.

Ronnie Free era el batería fijo del loft situado en el número 821 de la Sexta Avenida. No tenía casa, llegó a Nueva York con 21 años,  y el fotógrafo Eugene Smith, que compartía el alquiler de una de las plantas del mencionado edificio, le ofeció hospedaje, les unía una amistad basada en una común poli toxicomanía y un determinado concepto existencialista radical. Estuvo viviendo en el 821 dos intensos años, de mitad de 1958 a mitad de 1960 (años gloriosos para el bop), durmiendo en un sillón y tocando en las jam sessions nocturnas que allí se organizaban en las que participaban músicos cómo Sonny Rollins, Gerry Mulligan, Pepper Adams, Zoot Sims, Thelonious Monk, Warne Marsh, Paul Bley, Henry Grimes, Eddie Costa, Jimmy Giuffre, Steve Swallow y docenas de jazzmen de este calibre. El loft estaba en un lugar muy céntrico, los músicos se reunían allá después de sus trabajos en los clubes de la zona, y tocaban hasta que se hacía bien de día. Un lugar mítico este 821 de la Sexta Av. Hay una cinta grabada de una sesión de Roy Haynes con Ronnie Free que los que la han escuchado dicen que es memorable.

Dizzy Gillespie, que no se perdía una, como casi siempre llevaba una cámara, y después de la famosa instantánea "A Great Day In Harlem" hizo una foto de un reducido grupo compuesto por (de izquierda a derecha) Ronnie Free, Mose Allison, Lester Young, Mary Lou Williams, Charlie Rouse y Oscar Pettiford.

Dizzy Gillespie, que no se perdía una, como casi siempre llevaba una cámara, y después de la famosa instantánea “A Great Day In Harlem” hizo una foto de un reducido grupo compuesto por (de izquierda a derecha) Ronnie Free, Mose Allison, Lester Young, Mary Lou Williams, Charlie Rouse y Oscar Pettiford.

La pianista Marian McPartland (que sí sale en la foto charlando con Mary Lou Williams) lo fichó allá por 1960 para formar parte de su trío estable. Estaba muy contenta porque era uno de los mejores baterías que había visto nunca, un estilo personal, sutil y con un swing especial, tenía la seguridad que este joven (tenía 22 años en aquel momento) iba a aportar grandes cosas al jazz. Pero una noche, imprevisiblemente, no se presentó a la sesión en el club donde estaban tocando, y no volvió a aparecer nunca más. McParland le estuvo buscando, pero nadie del entorno sabía que había sido de él. Desapareció de la noche a la mañana. Sus colegas no podían explicarse la desaparición de la escena del jazz de aquel extraordinario batería al que se le adivinaba un gran futuro.

Treinta y tantos años más tarde, en los 90s, Marian McParland tuvo un encuentro totalmente inesperado. Mientras caminaba por una calle de Columbia, en Carolina del Sur, se tropezó con él. No se lo podía creer. Se reconocieron, ella era bastante famosa y él tenía el mismo aspecto que entonces. Después de saludarse ella enseguida le preguntó con curiosidad por la razón de su desaparición de Nueva York sin decir ni una palabra a nadie, y él le explicó que aquella noche lejana la policía le detuvo porque estaba totalmente colgado caminando desorientado por la calzada jugándose la vida mientras los coches trataban de esquivarle, y le ingresaron en un hospital psiquiátrico, en el mismo en el que había estado Charlie Parker y Charles Mingus. Después de unos meses, ya dispuesto a darle la patada definitiva a la heroína, le dieron el alta, tomó el tren y se volvió a la casa de su familia en Charleston, Carolina del Sur, dejando atrás el ambiente de las drogas que estuvo a punto de aniquilarle, y no regresó nunca más a Nueva York, dando pie a las más diversas especulaciones entre sus colegas, que le consideraban un músico excepcional. Vendió su batería y abandonó la música durante más de quince años, ni siquiera escuchaba jazz. Durante este tiempo se ganaba la vida cómo taxista.

El escritor y documentalista Sam Stephenson le buscó y se entrevistó recientemente con él, y cuenta que éste se sorprendió de que su testimonio intereresara a nadie, mostrándose incómodo rememorando aquellos años. Ronnie Free no mencionaba en su entorno actual su reputación anterior, muy pocos de sus amigos próximos sabían de sus colaboraciones en sesiones de grabación en estudio con Mose Allison, Oscar Pettiford, Sonny Clark, Bill Evans, Lee Konitz, Chico Hamilton, Woody Herman… Tampoco conservaba ninguna copia de los discos en los que había participado. El único vínculo con el pasado era una doble página de una revista con una foto de Miles Davis que tenía colgada en la pared de su habitación.

Actualmente lleva muchos años empleado en un hotel-balneario de alto standing situado en un idílico paraje natural, tocando valses y números de baile para una clientela distinguida. Un confortable trabajo a kilómetros de distancia de Nueva York, donde hacía 50 años era solicitado por los líderes de los grupos más prestigiosos. Quizás el jazz perdió a un músico fenomenal, pero él salvó la vida. Supongo que para él, con sus 73 años cumplidos, la vida continúa igual, y que la entrevista con Stephenson y la publicación de ese encuentro en el libro “The Loft Jazz Project” no le debe haber satisfecho demasiado.

¿Cuantos músicos desconocidos con talento no encontraron el camino que les hubiera permitido el desarrollo de una obra para nuestro disfrute? Son muchísimos los que no salen en la foto, pero la vida es así. Ronnie Free al menos está contento de su decisión, a pesar de todo salió bien parado.

© 2012 Tocho

Autor: Carles "Tocho" Gardeta

Nacido en Barcelona de toda la vida, varón de 1,78 mt de altura y de complexión normal. Especialista en proyectos sin futuro y en producciones totalmente improductivas. Entre sus numerosas habilidades se cuentan las de montar en bicicleta, comer con cubiertos o hacer click con el mouse. Perdidamente enamorado de la música cultiva el vicio de escribir sobre ella, a pesar de entrar en conflicto con su admirado Frank Zappa respecto a lo que este dijo sobre lo de escribir sobre música, que es tan absurdo como bailar sobre arquitectura.

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