Rudresh Mahanytappa
Artículo de • Publicado el 01/12/2016

Concierto: Rudresh Mahanthappa’s Bird Calls en Madrid

Crónica del concierto del 17 de Noviembre en el Cuartel Conde Duque de Madrid, a cargo del alto Rudresh Mahanthappa y su quinteto (Adam O’Farrill a la trompeta, Joshua White al piano, Francois Moutin al contrabajo y Rudy Royston a la batería).

Rudresh Mahanthappa

Rudresh Mahanthappa.

Rudresh Mahanthappa es un atractivo estadounidense nacido en Trieste, Italia, de padres indios (indios de Asia, no de América); salió a escena elegantemente vestido (pantalón de raya, zapatos negros de corte clásico, camisa lisa y chaqueta desabrochada), el semblante serio, concentrado, supongo, para presentar su música con el máximo rigor posible… Algo en su rostro, no obstante, parecía sugerir que tras aquella seriedad se agazapaba un cachondo mental dispuesto a mostrarse tan pronto como la ocasión lo propiciase.

Esa sensación de cachondo camuflado la desprendía también el trompetista Adam O’Farrill (nieto de Chico O’Farrill, e hijo de Arturo O’Farrill), situado a su izquierda sobre el escenario, solo que a él no le traicionaba el rostro sino la presencia física entera y verdadera. El pianista Joshua White y el contrabajista Francois Moutin aparentaban ser, ya que nos hemos metido a fisonomistas de baratillo, genuinamente serios; el baterista Rudy Royston, en cambio, doblaba con su alargada figura las funciones de pasota despreocupado y tipo divertido (divertido sin necesidad de las coartadas que sus colegas sí aparentaban precisar).

Los envolventes sonidos del alto y la trompeta nos introdujeron al instante en un ambiente de reposada meditación yóguica: los orígenes musicales de los padres del saxofonista (en los que él ha profundizado desde hace años) se dejaron sentir con fuerza en esta primera interpretación de la noche, y se asomaron abundantemente durante sus improvisaciones a lo largo de toda la actuación. Se trata de música absorbente, que te mece como una marea tenue y que al cabo, sin haberte dado apenas cuenta, notas que te ha arrastrado lejos de la orilla… aunque no llegas nunca a alarmarte, pues en seguida sientes cómo ahora te va llevando, calma pero firme, de regreso.

Pero la música de Mahanthappa es un poliedro inasible, y en seguida nos mostró un rostro mucho más fiero: uno ya sabe por las grabaciones que se trata de música ordenada, finamente hilvanada sobre el papel y enérgicamente resuelta en el estudio; lo que no esperas es recibir un impacto sensorial tan poderoso al presenciarla en directo. Pero es que el quinteto de de Mahanthappa hierve sobre el escenario, es una fantástica maquinaria jazzítica cuya energía fluye, vigorosa, entre cada uno de los músicos y el resto, y entre todos ellos y nosotros, afortunados asistentes a su combustión en absoluto espontánea.

La excusa que pone en funcionamiento esta encarnación concreta del grupo de Rudresh Mahanthappa es la música de Charlie Parker, algunas de cuyas composiciones sirvieron como inspiración para las del saxofonista (si bien cuesta encontrar algo más que lejanos ecos de Bird en ellas). Y, ya lo comentábamos antes, en verdad se trata de música magníficamente estructurada; es un placer seguir las líneas a veces caprichosas, siempre exactas, de la pluma de Mahanthappa. Pero todo gira, en buena medida, en torno a la química existente entre los miembros del quinteto, un puñado de músicos relativamente dispares cuya sólida compenetración diluye todas esas diferencias para proyectarlas en forma de jazz fiero y conmovedor.

Bird Calls de Rudresh Mahanthappa

Los cuatro acompañantes de Rudresh Mahanthappa: Adam O’Farrill a la trompeta, Francois Moutin al contrabajo, Joshua White al piano y Rudy Royston a la batería.

Royston, de quien habíamos podido disfrutar junto a Bill Frisell un par de semanas atrás, presentaba aquí una faceta bien diferente de su baterismo: potente, inabarcable, prendiendo a cada instante mil fuegos insospechados; un insaciable agujero negro rítmico lleno siempre de sentido musical y lógica. Moutin, cuya constante tensión gestual resulta agotadora de observar, si bien extrañamente reconfortante, creó toda la noche ritmos asombrosamente…. entretenidos (sí, esa es la palabra); su contrabajo inquieto sirvió para amalgamar firmemente  el conjunto sonoro del quinteto, pero también fue importante elemento desestabilizador y acicate del resto de músicos. White tocaba el piano con displicencia, como si no necesitase estar demasiado atento para encontrar los atinados acordes que iba colocando aquí y allá… eso sí, en varias ocasiones se lanzó a remachar improvisaciones de asombrosa potencia y desatados poderío y energía. O’Farrill hizo gala de una sobriedad a ratos casi angustiosa… su objetivo parecía ser únicamente arrojar sobre nosotros aquel sonido enorme, tan cálido, absolutamente abierto, y moldear con él esculturas quizá formalmente toscas pero de redondo potencial expresivo. Y, en fin, Mahanthappa se mostró expansivo, locuaz, fantástico al bucear por entre los vericuetos de sus composiciones y empujarlos en todas direcciones; precioso, pleno su sonido; demoledor su efecto en nuestros rostros alucinados.

Coda 1

Bird Calls de Rudresh Mahanthappa

“Bird Calls” de Rudresh Mahanthappa, publicado por ACT.

Ya terminado el único bis de la noche, todos han ido callando y queda solo Royston, que marca un ritmo quedo pero zumbón. Interrumpe el ritmillo ese y hace monadas a sus compañeros, que le jalean y ríen, y él sigue tocando sin apenas golpes, aparentemente más centrado en hacer gracietas con los colegas que a otra cosa. En seguida sus bromas se extienden a nosotros, y nos lanza gestos y risas mientras sigue tocando, ante la distraída hilaridad de sus acompañantes

Resultaba extraña aquella escena; resulta que, entre chistes y risas, lo que estaba haciendo Royston a los tambores me parecía realmente asombroso… aquellos ritmos que se entrecortaban al instante, y que regresaban luego para ser estirados y arrugados a placer, y detenidos, y lanzados luego adelante para enganchar con un pulso subterráneo que, entre bromas y veras, estaba allí todo el rato. Claro que quizá era solo yo, impresionable de por sí, y a aquellas alturas totalmente anonadado.

Coda 2

Moutin está haciendo un solo maravilloso, con Royston asistiéndole displicente. White coloca, muy quedo, unos pocos acordes de tanto en tanto. Pero es la imagen la que te hechiza: el pianista con el brazo izquierdo estirado sobre el piano, la cabeza apoyada en él, la mirada obsesivamente fija en el teclado, a escasos centímetros de su nariz, el brazo derecho vagando por allí sin ningún objetivo discernible hasta que, de repente, se desploma sobre las teclas para empujar fuera del piano uno de esos acordes suyos inflamados de hermoso impresionismo, y que tan enormemente contrastaban con, y enriquecían el, solo de Moutin. Luego, felizmente, White tuvo tiempo para desarrollar largamente, durante su intervención inmediatamente posterior, esa vena insospechadamente mágica.

Coda 3

Mahanthappa, el señor serio, el que toca abrumadoramente concentrado, y que cuando no toca se mantiene igualmente serio, escuchando atento lo que tocan sus compañeros, estirado él, severamente cerrados sus ojos. Ese señor, en varios momentos de la noche, vio quebrada su concentración, al escuchar a sus músicos, por una luminosa, insoslayable sonrisa de satisfacción, de felicidad…. incluso en un par de ocasiones no resistió el impulso de jalear verbalmente a Royston o a Moutin, lógicamente encantado con lo que escuchaba en ellos.

Texto y fotos © Ricardo Arribas, 2016

 
Un breve pero intenso momento de la actuación de la banda de Mahanthappa en Madrid:

Autor: Ricardo Arribas

Nacido en 1972, 44 añazos ya, ha pasado la mayor parte de ellos disfrutando y aprendiendo con la música, si le preguntas te dirá que incluso entendiendo, a través de ella, un poquito mejor cómo funciona el mundo. El hecho de gozar con músicas no siempre mayoritarias le llevó con el tiempo a descubrir otro placer muy especial: escribir acerca de la música, tratar de transmitir y compartir con otros aficionados las sensaciones que le provoca, escuchar con oídos distintos tras haber escuchado/leído las que provoca en ellos... Y en esas anda.

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