XX Festival Jazz San Javier
Artículo de • Publicado el 25/07/2017

XX Festival Internacional Jazz San Javier: Manantial Monk

Crónica del concierto celebrado la noche del sábado 15 de julio de 2017, a cargo de T.S. Monk Sextet & Nnenna Freelon, en el Auditorio Parque Almansa de San Javier, Murcia, en el marco del XX Festival Internacional Jazz San Javier.

XX Festival Internacional Jazz San Javier

Cartel del XX Festival Internacional Jazz San Javier 2017.

Abuelos, padres y tíos; / de los buenos manantiales / se forman los buenos ríos. [Copla popular]

Chapeau! ¡Veinte ediciones ya! Mi más sincera enhorabuena, en primer lugar, al Ayuntamiento de San Javier por mantener e impulsar, pese a tantos largos años de crisis, el Festival Jazz San Javier, uno de los grandes referentes a nivel nacional e internacional prácticamente desde su nacimiento; y en segundo lugar, cómo no, a su ideólogo y director, Alberto Nieto, por su gestión impecable y su fervor innato, casi religioso, por la música en general y por el jazz en particular. A lo largo de mi vida he visto a muy pocos aficionados disfrutar en los conciertos tanto como él, y no puedo dejar de agradecerle desde aquí la invitación puntual que año tras año me brinda para participar de esta gran fiesta para los sentidos que es Jazz San Javier. Sólo lamento no poder corresponderle todo lo que me gustaría, ya que mi día a día no me permite asistir a todos los conciertos.

Sí, veinte años ya… ¡que nos quiten lo bailado, lo vivido y lo escuchado! Seguro que es gracias a ellos por lo que nos mantenemos tan jóvenes. Porque es volver cada año al Auditorio Parque Almansa y el tiempo se detiene. El mismo aire, la misma luz, los viejos amigos, los rostros de siempre…Claro que también hay rostros nuevos, pero la inmensa mayoría de los cientos de aficionados que allí nos damos cita formamos ya una gran familia muy bien avenida en la que todo fluye cadenciosamente, con naturalidad y armonía.

Antes de continuar, he de advertir (si es que no lo habéis advertido ya) que cuando hablo de jazz me detengo más en todo aquello que rodea al jazz que en el propio jazz. El jazz, sencillamente, hay que ‘sentirlo’, que es también sinónimo de ‘escucharlo’. Un concierto es siempre una escucha compartida, en la que los oyentes vibran y palpitan al unísono. Sobran las palabras. Si acaso, alguna exclamación. Cuando escribo, por ejemplo, sobre un libro que me gusta me impongo siempre no desvelar demasiado su contenido. Procuro sobre todo incitar a su lectura y detenerme en el mundo que lo rodea, en las circunstancias o en el milagro que lo han hecho posible. Por su parte, el jazz, la música, no admite ‘traducción’, no la necesita. Entra a saco en el cerebro. Lo único que puedo intentar transmitir tras escuchar un disco o asistir a un concierto son mis propias impresiones; no todas, claro, eso sería imposible (además de insoportable); y lo mejor que alguien puede llegar a decirme de ellas es que le he contagiado las ganas de oír a este o aquel músico o grupo.

XX Festival Internacional Jazz San Javier

El elegante John Pizzarelli mostrando el premio recién recibido del Festival Internacional Jazz San Javier 2017.

Dicho lo cual, ¡qué monumental la velada central en la programación de este XX Festival Internacional Jazz San Javier! Sin duda, una gran noche más para añadir al libro de oro de la historia del festival; noche de tributos y homenajes (a Thelonious Monk y a Antonio Carlos Jobim); noche de reencuentros y evocaciones, en la que además le fue entregado el Premio del Festival al paradigmático guitarrista y vocalista John Pizzarelli, de cuyo concierto hablaré más detenidamente en otro momento si el tiempo y mi agitada vida me lo permiten. Porque el ya histórico concierto de T.S. Monk Sextet con Nnenna Freelon dio muchísimo de sí.

Thelonious Monk no es sólo uno de los mayores referentes para cualquier músico o aficionado; muchas de sus composiciones figuran entre las más interpretadas y versionadas de toda la historia del jazz; y es que Monk es un manantial inagotable y constituye en sí mismo una vasta enciclopedia, asequible para músicos y aficionados de absolutamente todos los niveles. Pero sucede que, en manos de músicos como los que acompañaron a su hijo T.S. Monk el pasado día 15, su música se expande a cotas en verdad estratosféricas. ¡Menuda banda!

El bizarro trompetista Randall Haywood me dejó patidifuso en su primer solo, en el temazo de Wayne Shorter que, aun tratándose de un tributo a Monk por el primer centenario de su venida a este planeta, abrió no obstante el concierto: One by One, uno de los temas estandarte de los Jazz Messengers de Art Blakey a mediados de los 60. Haywood estuvo soberbio y extrajo de su trompeta todo su arsenal de notas y sonidos vivísimos, diamantinos. Qué agilidad, qué sentido de la oportunidad, qué nitidez en el fraseo…, ¡se notaba que había calentado! Pero hay que decir que Haywood fue un joven prodigio. Nacido en 1980, no había terminado aún de cumplir los quince años y ya tocaba junto a Wynton Marsalis nada menos que en la Lincoln Central Jazz Orchestra. Hoy es un verdadero maestro al que no se le caen los anillos a la hora de aventurarse en otros géneros. Impactante.

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T.S. Monk, líder del sexteto.

No anduvieron a la zaga, ni en One by One ni en los tres temas posteriores, sus compañeros de grupo, T.S. Monk incluido, por supuesto. La sección de vientos era una maquinaria perfecta en cada exposición, en todos los unísonos y matices; y la sección rítmica, poderosamente comandada por T.S. Monk, el pianista Theo Hill y el contrabajista Beldon Bullock, caminaba con rumbo, energía y solidez; pero, a mi entender, Theo Hill y el saxofonista tenor Willie Williams se llevaron la palma. Hill demostró que lleva a Monk en las venas y dio la talla con creces en todo momento. Muchísimo peso el suyo. Pero él estaba encantado, liberando con frenesí toda su energía de la cabeza a los pies y mirando en todo momento al boss de la banda. Éste, es decir, T.S. Monk, acometió su primer solo en Evidence, un rítmico y vigoroso tema de su padre plagado de anticipaciones. Aprovechó, jadeante pero dicharachero, para presentar a la banda y contar algunas cosas sobre su progenitor, a quien verdaderamente idolatra. De su interesante retahíla me quedo con esta frase que, a buen seguro, habrá dicho en público en multitud de ocasiones: “Sí, soy hijo de Thelonious Monk; pero yo no soy Thelonious Monk Jr.: ¡mi padre es Thelonious Monk Jr.!”. ¡Cuánta razón la suya! He de decir, no obstante, qué el vástago de Monk, con setenta y tres años a sus espaldas, está hecho un pincel. Lo vi por primera vez en 1999 (tuve la suerte de compartir, con Quasar, mi grupo de entonces, escenario con él ) y continúa exactamente igual. Vamos, que yo a mis sesenta y un años me veo ya un abuelo a su lado…

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Theo Hill (piano), Willie Williams (saxo tenor); Patience Higgins (saxo alto) y Randall Haywood (trompeta y fiscorno).

Tras Evidence, el sexteto abordó Sierra, una dinámica y brillante composición de su primogénito dedicada a su hija Sierra, en la que ese espíritu puro que es Willie Williams demostró su poderío con un solo descomunal, límpido, intachable, y Randall Haywood nos embargó de nuevo a todos, pero esta vez con el fiscorno. En la parte B, el ritmo se doblaba vertiginosamente. Qué alarde, qué nivel, qué gozada de tema.

La primera parte del concierto, enteramente instrumental, culminó con el archiconocido pero siempre novedoso y trepidante Rythm-A-Night, con inefables solos, nuevamente, de Williams y Haywood, que desplegaron elocuencia e impecabilidad en su grado más alto. A ellos siguieron el primer solo, cálido, coherente y expresivo del contrabajista Belden Bullock, (a quien yo conocía por sus colaboraciones en los 80 con Georges Adams, uno de mis saxofonistas predilectos, y los pianistas Andrew Hill y Ahmad Jamal), más el segundo y último solo de Monk, quien en todo momento me recordó muchísimo a Art Blakey en sus maneras y en sus desarrollos.

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Nnenna Freelon y el contrabajista Belden Bullock.

Concluido Rythm-A-Night, T.S. Monk se levantó de nuevo y, con la voz aún más jadeante, desabotonándose la camisa por el calor, presentó a la gran invitada de la noche: la sublime, incomparable vocalista Nnenna Freelon, a quien también tuve la suerte de escuchar junto a Monk en Murcia capital en 1999 y que bien merecería una crónica aparte. Por esta mujer tampoco pasan los años… ¡Está más joven que por aquel entonces! Y más guapa, todo hay que decirlo, con ese peinado etno y ese alegre vestido de flores. También ha ganado en calidad y en esencia. Nos sobrecogió a todos en su arranque con In Walked Bud, en el que volvió a destacar, proverbial, Theo Hill con un solo efervescente; para seguir con un Nature Boy tintado de cumbia y chachachá en el que la voz de Nnenna Freelon reinó sobre el silencio hasta que brotaron nuevos solos de Williams, Hill y la propia Freelon, cuya improvisación vocal arrancó incluso los aplausos de sus compañeros de grupo. A continuación, ella anunció: “Esta es la historia de un pájaro” y, a dueto con Belden Bullock, nos extasió con Skylark, de Johnny Mercer. Aunque la plenitud, el momento (iba a decir el orgasmo) en que Nnenna nos erizó más la piel llegó cuando, tras una intro profundamente lírica de Theo Hill, solos ella y él se internaron en el mítico, inmortal Round Midnight, al que poco a poco se fueron sumando las escobillas y el contrabajo. Tras una exposición lenta, grave, litúrgica, la banda nos sorprendió doblando el ritmo y haciendo literalmente otra versión, más enérgica y osada, más innovadora, con un solo del saxofonista Patience Higgins altamente inspirado, vibrante y coltranesco, tras el que regresaron al principio con la exposición final de Nnenna, cuya voz nos llegó al alma. Comprendí una vez más que todo tema, cualquier tema, por muchas miles de veces que haya sido interpretado, se toca o se oye siempre por primera vez. Y en ese instante sentí de nuevo el privilegio, la sensación de plenitud y gratitud por ser partícipe de esta magia. Magia, paradójicamente, real, sin truco alguno.

“Lo dulce pierde encanto si es frecuente”, escribió Shakespeare en uno de sus sonetos; pero… ¡ay, si todos los días fuesen así! Sería capaz de escuchar durante meses a una banda como esta.

No hubo bis, por mucho que insistimos. Cuestión, sin duda, de tiempos y de horarios. Pero nuestra enorme gratitud quedó patente. Lo que vino a continuación, con John Pizzarelli y Daniel Jobim (nieto del legendario compositor, cantante y guitarrista brasileño Antonio Carlos Jobim) fue, nunca mejor dicho, otro cantar. Y otro contar, del que en otra ocasión nos ocuparemos.

Gracias, T.S. Monk. Gracias, San Javier.

© Sebastián Mondéjar
Murcia, 20 de julio de 2017
Fotografías: © Goio Villanueva [http://www.fotosdelconcierto.com/]

 
Concierto: T.S. Monk Sextet & Nnenna Freelon en el XX Festival Internacional Jazz San Javier.
Fecha: Sábado, 15 de julio de 2017.
Lugar: Auditorio Parque Almansa, San Javier, Murcia.
Formacion: T.S. Monk (batería); Randall Haywood (trompeta, fiscorno); Willie Williams (saxo tenor); Patience Higgins (saxo alto); Theo Hill (piano); Belden Bullock (contrabajo); Nnenna Freelon (voz).

 
T.S. Monk Sextet & Nnenna Freelon interpretando ‘Round About Midnight en el XX Festival Internacional Jazz San Javier 2017.

 

Autor: Sebastián Mondéjar

Nació en Murcia en 1956. Es músico (percusionista) y cultiva la poesía desde muy joven. Ha fundado y formado parte de numerosos grupos y ha colaborado con multitud de músicos. Tiene en su haber cinco libros de poemas. Ha ejercido de columnista, articulista de opinión, crítico de jazz y crítico literario en Diario 16 de Murcia, Diario La Opinión, La Crónica de El Pajarito, Tomajazz y en revistas y blogs de diversa índole; aunque, sin duda, lo más importante es que padece jazzitis desde la infancia, de manera que su ingreso en esta unidad jazzística estaba predestinado desde hace mucho tiempo.

2 Comentarios
  • Alejandro Díaz 19:04h, 27 julio Responder

    ¡Qué bonita crónica! Da gusto leer a alguien que sabe transmitir así la pasión que siente por la música. Desde luego me has dado ganas de ver a este grupo. Qué pena lo del bis.

    • Sebastián Mondéjar 22:33h, 27 julio Responder

      Vaya, muchas gracias, Alejandro. Celebro que te guste, y más siendo como eres un experto aficionado y un veterano colaborador de Jazzitis. Nos iremos conociendo. Saludos y salud, compañero.

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