Carla Bley «Fleur Carnivore»

Reseña de • Publicada el 01/03/2010

Miles Davis comentó en una ocasión que un día determinado cada año, todos los músicos de jazz deberían reunirse para arrodillarse y dar gracias a Duke Ellington. Posiblemente sea una verdad como un templo. Esta orquesta, una de las muchas que ha tenido Carla Bley a lo largo de su carrera, a pesar de que esta grabación tiene más de veinte años es de las más modernas que yo he escuchado en mi vida, y a su vez, bebe de las fuentes de la música del Duque en todo su espectro, desde el Cotton Club de finales de los años veinte a los conciertos sacros o las últimas suites. A pesar de que esta música fue encargada unos años antes para conmemorar el décimo aniversario del fallecimiento de Ellington, no es una especie de “Carla plays Duke”, ya que no hay ninguna composición de éste, sólo es su espíritu el que pareció descender de las alturas para estar presente aquellas noches de noviembre de 1988 en el Montmartre de Copenhague, lo cual no es poco.

El concierto se abre con Fleur carnivore, una hermosísima composición de Carla Bley, en la que Wolfgang Puschnig se viste de Johnny Hodges, aunque su sonido sea otro, y le extrae a su alto un solo de gran lirismo. También Lew Soloff, así como Gary Valente en sus intervenciones en otros temas, parecen querer evocar a Bubber Miley y Tricky Sam Nanton respectivamente, mediante aquellos gruñidos tan característicos de la jungle-music. En Song of the eternal waiting of canute, los solistas son Gary Valente, portentoso a lo largo de todo el concierto, y Christof Lauer, un saxo tenor de la escuela breckeriana, con un sonido duro, durísimo, muy eficaz en los tempos rápidos. El trabajo de Don Alias a las percusiones es magnífico en todo momento, aunque en este tema es particularmente impresionante. Ups and downs tiene una melodía que parece seguir un juego de pregunta-respuesta entre Christof Lauer y Frank Lacy en uno de sus instrumentos secundarios, el fliscorno. Ellos son los solistas, y Carla Bley aunque no hace solo, con un acompañamiento muy particular, parece querer rendir un pequeño y fugaz tributo a Monk. The girl who cried champagne es una pequeña suite en 3 partes muy diferenciadas entre si, una primera a ritmo infernal con dos solos abrasadores, primero Lew Soloff llegando casi al sobreagudo, seguido por el británico Andy Sheppard, un saxofonista que siempre se ha mantenido muy cerca de Carla Bley y que últimamente, en sus proyectos en solitario, está haciendo una música francamente interesante. En la segunda parte, mucho más calmada que la anterior, hay una intervención de Karen Mantler a la armónica, y en la tercera, una especie de “latinización” del primer movimiento, los protagonistas son de nuevo Wolfgang Puschnig y Gary Valente, aunque Soloff y Sheppard vuelven a la carga para el cierre. El concierto finaliza con Healing power, un tema con cierta atmósfera mingusiana, con un fondo sonoro a cargo de la tuba y el órgano de Karen Mantler verdaderamente espectaculares, y que vale todo el disco, aunque sólo fuera por escuchar la soberbia superposición de instrumentos en la introducción, un soprano descarnado, la subida gradual y el estallido, un esquema que se repite al final. Los solos de Valente y Steve Swallow al bajo eléctrico, con algunas frases cargadas de buen humor, son para aprendérselos de memoria.

En definitiva, estamos ante un concierto magnífico, con un sonido espectacular, directísimo, que parece querer trasladarnos a las primeras mesas frente al escenario. A pesar que contar con unos solistas excepcionales, los verdaderos protagonistas son las composiciones y arreglos de Carla Bley, quien sabe llevar como nadie a su terreno muchos conceptos de un jazz de hace muchos años, hacerlos suyos y que suenen terriblemente modernos. El jazz no entiende de fechas. También me queda claro que el sentido del humor es absolutamente necesario en esta música, y que en esta faceta, así como en otras muchas, la Bley siempre se ha mostrado prácticamente intratable. Es una de las mejores, no tengo ni la más mínima duda.

© Paco «crimson» Albert, 2010

 
Carla Bley Sextet en un concierto de 1986.

Autor: Paco Albert

Autoexiliado de la gran urbe al gustarle demasiado la vieja Castilla y sus palomares salpicando esas llanuras infinitas desde las que da la paliza hablando de jazz en el programa de radio “Del Adaja al Mississippi”. Como arquitecto, al no estarle destinadas obras solemnes, prefiere degustar un vino con los albañiles de siempre y rehabilitar viejos corrales en pueblos perdidos. Siendo heterosexual ama profundamente a Bill Murray en Lost in Translation, a Mingus y a Monk y, entre sus otros amores, con muchísima moderación, se encuentran el tabaco de pipa, el Islay escocés y, sin moderación alguna, escuchar y enseñarles a amar el jazz a sus hijos

  • Artista o Grupo

    Carla Bley
  • Título del disco

    "Fleur Carnivore"
  • Sello discográfico y año

    © Watt (1986)
  • Músicos del disco

    Lew Soloff (trumpet), Jens Winther (trumpet), Frank Lacy (french horn/fluegelhorn), Gary Valente (trombone), Bob Stewart (tuba), Daniel Beaussier (oboe/flute), Wolfgang Puschnig (alto saxophone/flute), Andy Sheppard (tenor saxophone/clarinet), Christof Lauer (tenor and soprano saxophone), Roberto Ottini (baritone and soprano saxophone), Karen Mantler (harmonica/organ/vibes/chimes), Carla Bley (piano), Steve Swallow (bass), Buddy Williams (drums), Don Alias (percussion).

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