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MensajePublicado: Vie Feb 20, 2009 22:47 
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Madrid, del 24 de octubre al 29 de noviembre de 2008.
27º Festival de Jazz San Juan Evangelista


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Un ciclo ejemplar.


Resulta difícil recordar algo igual en esta ciudad. Quizá, porque nunca se dio algo así, un festival de jazz con un nivel de calidad tan alto y tan regular. Un prueba más de que la gestión de la Asociación Cultural Club de Música y Jazz San Juan Evangelista continúa madurando, superándose y planteándose nuevos retos. Si ya en las últimas ediciones sus ciclos de conciertos comenzaron a enseñar unos criterios más selectivos a la hora de dibujar sus programaciones, en este festival lo ha bordado. Sin necesidad de contrataciones derrochonas ni de sacar los pies del estricto ámbito del jazz, el Johnny ofreció a sus asistentes unas noches de música inolvidables, la mayoría de ellas con agrupaciones que nunca habían estado en Madrid.

Comenzó con William Parker presentando su homenaje a Curtis Mayfield. Un proyecto empapado de soul en el que se trenzaron de un modo vibrante la contrastada jerarquía de Dave Burrell, William Parker y Hamid Drake, las voces de Leena Conquest y Amiri Baraka y los vientos de Darrill Foster, Lewis Flip Barnes y Sabir Mateen. Los vocalistas, que se lucieron en piezas como People Get Ready o We the People Who Are Darker than Blue estuvieron en todo momento respaldados por una rítmica de ensueño que dejó los mejores solos de la noche y que a punto estuvo de poner a bailar a toda la sala. El hecho de que músicos de la talla de Burrell, Parker y Drake estén dotados para acometer obras más complejas, no le quitó mérito al que fue el concierto más divertido del festival.

La segunda jornada, trajo a Henry Threadgill & Zooid (con el bajo de Stomu Takeishi sustituyendo al chelo del anunciado Robin Khodeli) y nos dejó un concierto que pese a su brevedad dejó multitud de pasajes de extraordinaria belleza. Todo fue de menos a más dentro de esos mágicos cruces de sonoridades que tan bien sabe tejer Threadgill. Si bien brillaron su saxo (el líder se declaró incapaz de tocar debido a la baja temperatura de la sala, pero a pesar de ello logró crear alguna improvisación extraordinaria) y la técnica exquisita de Liberty Ellman, el verdadero protagonista fue el sonido del grupo, en el que también resultó decisivo el pulso que supo imprimirle la percusión de Elliot Humberto Kavee y los colores que aportó José Dávila desde la tuba y el trombón. Nos quedamos con ganas de más pero en una hora de esta banda hay más música que en la carrera entera de otras.

Dos días después, Dave Holland fue recibido con esas ovaciones que el público reserva únicamente a los que son tan queridos como admirados. Quienes pensaron que el quinteto del contrabajista iba a ofrecer más de lo mismo no dieron precisamente de pleno en sus pronósticos. Manteniéndose fiel al estilo del grupo, Robin Eubanks, Chris Potter, Steve Nelson y Nate Smith montaron junto al líder una fiesta de combinaciones que volvió a sorprendernos: el quinteto fue mutando a lo largo del concierto en diferentes cuartetos, tríos y dúos que volvieron a enseñar el excelente nivel de entendimiento con el que interactúan sus miembros. Los aplausos fueron tan entusiastas que seguramente Holland no tardará mucho en volver a visitar el Johnny.

Las tres primeras presentaciones dejaron el listón muy alto, pero el jueves 6, de la mano de la Barry Guy New Orchestra, disfrutamos de una actuación deslumbrante, uno de esos conciertos que quedan grabados a fuego en la memoria. Un auténtico “dream team”, hecho a la medida del proyecto, respondió de maravillas a las trabajadas partituras, las constantes indicaciones y los espacios de libertad proporcionados por un activísimo Barry Guy a lo largo de un único tema, Oort-Entropy, dividido en tres partes. Per “Texas” Johansson fue de los primeros en llamar la atención con su clarinete bajo; los solos de Mats Gustafsson fueron sorprendentes y demoledores al barítono y al “fluteophone” (un instrumento que en sus manos era casi como un arma de cañón recortado); el potente trombón de Johannes Bauer llegó a lanzar sonidos como cañonazos; Evan Parker soleó al tenor y al soprano con su reconocida capacidad para la respiración circular; la trompeta del gran Herb Robertson estuvo concisa pero siempre certera; un creativo y muy aplaudido Agustí Fernández actuó en buena medida como armazón de la banda y representó como ningún otro la capacidad de la orquesta para transitar con la misma eficacia por pasajes de calmo lirismo o de una intrepidez furibunda; la tuba de Per Ake Holmlander se complementó inteligentemente con Guy y las baterías de Paul Lytton y Raymond Strid fueron dos luchadoras incansables en un mar de poderosas abstracciones, atonalidades y disonancias. Barry Guy estuvo impecable en la dirección y siempre original a la hora de sacarle partido a su instrumento. Tras la extensa composición presentada, el público estalló en una larga ovación que hizo salir a saludar a los diez músicos una y otra vez. No era para menos, conciertos así no los escuchamos todos los años.

Con una trayectoria de más de treinta años a sus espaldas, el String Trio of New York presentó su personal cruce de música de cámara y jazz, en el que también asoman sutiles pinceladas del vasto folclore americano. Si bien el último violinista en incorporarse al grupo, Rob Thomas, desplegó una técnica intachable (evidenciando la tendencia del trío hacia lenguajes más complejos), fueron sus miembros fundadores, un profundo John Lindberg y un luminoso James Emery, quienes destacaron con más personalidad. En un estupendo concierto, el trío armó un variado repertorio con material procedente, en su mayor parte, de diferentes álbumes de su discografía. Así, escuchamos nuevas improvisaciones sobre composiciones como The Anticipator, Cobalt Blue, The River of Orion, Frozen Ropes o Nature, Time, Patience.

En el programa doble del viernes 14, Sumrrá y Alboran Trio confirmaron las buenas sensaciones que nos habían transmitido en sus últimos trabajos discográficos. Ya era hora de que el trío gallego comenzara a ser convocado en otros escenarios de la península. Sus discos, su personalidad y su sólida trayectoria les acercaron por fin a Madrid y, desde que abrieron su actuación con Believe in Trane, un swing contundente planeó sobre las butacas enseñando la perfecta sintonía que hay entre Manuel Gutiérrez, Xacobe Martínez Antelo y L.A.R. Legido. Los italianos, por su parte, especialmente marcados por el pianismo poético y mediterráneo de Paolo Paliaga (autor de casi todas las composiciones interpretadas), brillaron en temas de sus dos discos, Meltemi y Near Gale, y en una celebrada versión de Ponciana (de Ahmad Jamal) con la que cerraron otra noche para no perderse.

La presentación del Henri Texier Strada Sextet, al día siguiente, fue probablemente la gran sorpresa del festival. Incluso los conocedores de sus últimos trabajos quedamos impresionados con el dinámico juego que brindaron François Corneloup, Sebastien Texier, Gueorgui Kornazov y Alain Vankenhove (en sustitución del guitarrista Manu Codjia) por delante de unos sólidos Henri Texier y Christophe Marguet. La jubilosa crudeza de los cuatro vientos alternándose, complementándose, desafiándose, utilizando (o dejando de utilizar) los micrófonos para ofrecer diversos planos de sonido, hizo las delicias de un público que no pudo menos que despedir al sexteto aplaudiendo en pie.

El miércoles 26, la “Noche Clean Feed” ofreció el proyecto Four Corners de Adam Lane, con Ken Vandermark, Magnus Broo y Paal Nilsen-Love con un repertorio extraído de su álbum debut en el sello portugués. Temas como ChiChi Rides the Tiger, Alfama, Spin with the EARth o Tomorrow Now ofrecieron un jazz urgente y feroz, que no se perdía demasiado en abstracciones, bien dirigido desde la retaguardia por Lane, con un granítico Vandermark en primera línea (sobresaliente con el barítono y el clarinete), Broo como un secundario de lujo y Nilsen-Love sembrando esas tormentas percusivas que tan bien sabe administrar en músicas de este perfil. Una actuación desbordante de energía que estuvo a la altura de las cuatro esquinas que conforman la agrupación.

Como colofón, el Festival ofreció una producción propia, ¡Charles Mingus Vive!, en la que, por fortuna, se dio entre músicos y público un ambiente casi de entrecasa. Con el liderazgo de Miguel Ángel Chastang, Jordi Vila y Baldo Martínez, diferentes formaciones en las que también intervinieron Iñaki Salvador (piano), Guillermo McGill (batería), Víctor de Diego (saxo tenor), Mikel Andueza (saxo alto) y Antonio Giménez (trompeta), se escucharon versiones -con una elegancia bien trabajada-, de composiciones tan celebradas como Faubus Fables, Old Portrait, O.P. (Oscar Petifford), Duke Ellington's Sound of Love, u Orange Was the Color of Her Dress, Then Blue Silk. Especialmente original y acertada fue la lectura de Goodbye Pork Pie Hat, con arreglos de Baldo, a cargo de los tres contrabajistas y Victor de Diego. Un bis improvisado por Chastang, Vila y Martínez en torno a “Noddin Ya Head Blues” cerró el cálido fin de fiesta de un ciclo ejemplar. Ojalá el 2009 continúe así.

Ricardo Arribas & Sergio Zeni
© Cuadernos de Jazz 2008


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