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Dave Douglas: el placer de vagabundear
Introducción
La obra grabada del trompetista Dave Douglas es de una dispersión exultante: a lo largo de los últimos quince años ha transitado una alucinante colección de senderos musicales insólitos, utilizándolos no para lucir un superficial exotismo sino para hurgar en situaciones sonoras insólitas y excitantes. Esta actitud nos puede a veces llegar a producir angustia a sus seguidores: si te ha encandilado la grabación de un nuevo proyecto suyo estás de suerte, sabes que a poco que pueda seguirá ahondando en sus posibilidades y grabando el resultado… pero como tras un segundo, no digamos un tercer disco, tengas ganas de más estás jodido, fijo que anda ya en otras historias y te quedas con esas ganas. Aunque lo más probable es que en seguida te apasiones con nuevas facetas de su inquieta personalidad musical, y se lo perdones.
Pero ese es Dave Douglas. Uno echa un vistazo a su discografía (abundante, sobre todo teniendo en cuenta que sus grabaciones no son nunca cómodas, en plan reunirse con un puñado de buenos músicos y grabar unos temas) y queda asombrado ante la variedad de enfoques que caben, ante la originalidad argumental de sus propuestas. Pero, amigo, eso no es nada: lo mejor del caso, lo realmente sorprendente de Dave Douglas, es la consistencia de su obra, su urgencia cristalina, su alcance. Vamos a dar a continuación un breve paseo por esa obra grabada, sin otro objeto que echar un vistazo aéreo que nos ayude a sistematizarla un tanto y, quizá, ser tentados por algún aspecto de ella que desconozcamos todavía:
Proyectos y grabaciones
(Algunos de los discos se pueden escuchar en Spotify, pinchando sobre el título)
Su primera grabación fue Parallel Worlds (1994), una curiosa obra donde el trompetista se rodeó de un grupo formado fundamentalmente por cuerdas (trompeta, violín, cello, contrabajo y batería). La interacción del grupo, la riqueza de su sonido y la originalidad de su planteamiento motivaron otras dos grabaciones con esta formación (Five -1996- y Convergence -1998-).
Ese mismo año (1994) editó The Tiny Bell Trio con una de sus formaciones más exitosas (Douglas a la trompeta, Jim Black a la batería y Brad Shepik a la guitarra). Con esta formación el trompetista ha explorado el folklore musical del este de Europa, extrayendo de él elementos de su interés e insertándolos en un contexto jazzístico aunque muy personal. Este grupo ha editado otros tres discos: Constellations (1996), Live In Europe (1998) y Songs For Wandering Souls (1999).
Trompeta, saxofón, trombón, piano, contrabajo y batería conforman la instrumentación del Dave Douglas Sextet, grupo fundado por el trompetista para homenajear a grandes músicos en proyectos monográficos. Una de las características de las grabaciones de Douglas, ya lo estamos comprobando, es que suele formar grupos para materializar proyectos muy concretos. Con este grupo (integrado por él mismo, Chris Speed, Josh Roseman, Uri Caine, James Genus y Joey Baron) ha grabado tres discos: In Our Lifetime (for Booker Little) (1994), Stargazer (for Wayne Shorter) (1997) y Soul on Soul (for Mary Lou Williams) (2000).
Sanctuary (1997), mira tú por dónde, no cuenta con un soporte conceptual que lo justifique. Se trata de una grabación doble, en directo, con dos grupos diferentes en cada ocasión. Douglas contó en aquellos conciertos con Anthony Coleman y Cibo Matto's Yuka Honda introduciendo samplers por primera vez en su obra: desde entonces Douglas ha utilizado diversas herramientas electrónicas de manera intermitente pero activa.
Tampoco Moving Portrait (1998), en cuarteto, parte de una clara excusa conceptual, aunque quizá esto no sea del todo indiscutible ya que contiene tres versiones de temas compuestos por Joni Mitchell.
Charms Of The Night Sky (1998) supuso la aparición de otro precioso proyecto del trompetista. En esta ocasión se hizo acompañar únicamente por contrabajo (Greg Cohen), violín (Mark Feldman) y acordeón (Guy Klucevsek), y la grabación explora un territorio sonoro delicado, a ratos jovial, a ratos melancólico, original e irresistible. Esta agrupación se reunió de nuevo para grabar A Thousand Evenings en 2000, y aparece en la mayor parte de El Trilogy (2001), grabación realizada a partir de música escrita específicamente para acompañar actuaciones de la Trisha Brown Dance Company.
El Dave Douglas Quartet (trompeta, saxo tenor, contrabajo y batería) ha editado dos grabaciones: Magic Triangle (1998) y Leap Of Faith (2000). De nuevo encontramos al trompetista sin una excusa argumental que justifique la grabación, y de nuevo no sería buena idea dejarlas de lado por ello.
En Witness (2001), en cambio, encontramos a Douglas al frente de un amplio grupo de músicos para interpretar una suite donde cada una de sus nueve partes está inspirada en una figura política relevante de diversos lugares del mundo.
The Infinite (2002) fue el primer disco del Dave Douglas Quintet, integrado por Chris Potter, Uri Caine, James Genus y Clarence Penn. Posteriormente este grupo ha editado Live At The Bimhuis (editado en 2005, aunque se grabó en 2002 con Rick Margitza sustituyendo a Chris Potter), Meaning And Mistery en 2006 con Donny McCaslin al tenor, y otro directo, Live At The Jazz Standard (2007). Finalmente, en Strange Liberation (2004) Douglas contó con la participación de Bill Frisell para transformar el grupo en sexteto.
Las investigaciones electrónicas volvieron a cobrar protagonismo en una grabación de Dave Douglas en 2003 con la edición de Freak In. El trompetista supo integrarlas perfectamente en su música, de manera que no resultan un mero adorno sino parte esencial del resultado: no se trata de experimentos técnicos sino de instrumentos musicales.
Otra curiosa colaboración fue la que unió a Douglas con la chelista Peggy Lee y el batería Dylan van der Schyff en 2004 (Bow River Falls, donde participó también Louis Sclavis) y 2005 (Mountain Passages, en que lo hicieron Marcus Rojas y Michael Moore): música muy libre, donde la escucha atenta al resto de músicos era lo esencial.
Keystone es otro de esos proyectos tan originales que Dave Douglas se saca de vez en cuando de la chistera. En esta ocasión se trataba de musicar algunas películas mudas del director Roscoe 'Fatty' Arbuckle. Lejos de tender sólidos puentes sonoros hacia el pasado, Douglas decidió incluir de nuevo elementos electrónicos en la ecuación. Le acompañaron en el empeño Jamie Saft al wurlitzer, DJ Olive a los platos, Marcus Strickland a los saxos, Brad Jones al bajo y Gene Lake a la batería, y el resultado fue el doble álbum Keystone (2005). En 2007 el grupo (con Adam Benjamin sustituyendo a Saft) editó Moonshine, grabación interpretada en directo en el estudio de grabación, inspirada igualmente por las películas de Arbuckle pero en esta ocasión no pensada para servirlas de banda sonora.
Por último, en 2009 Douglas editó dos grabaciones bien diferentes, dos proyectos nuevos que es probable, a la vista de su solidez, que vuelva a visitar en un futuro (me pillasteis, esto es más un deseo que una conclusión razonada): en Spirit Moves presentó a la Brass Ecstacy, formación que celebra las gloriosas bandas de metales de New Orleans con la Brass Fantasy de su admirado Lester Bowie como referente; en A Single Sky le vimos por primera vez al frente de una big band.
Colaboraciones
Dave Douglas no ha reservado únicamente para sus grabaciones el sonido de su trompeta y su capacidad como músico: su nombre aparece en más de cincuenta grabaciones ajenas, si bien el ritmo de esas apariciones se ha reducido un tanto. Podemos rastrear su sonido igual en grabaciones de músicos de jazz tan interesantes como Myra Melford, Kenny Werner o Misha Mengelberg que en las de artistas ajenos al género como Sean Lennon o The Band.
Estas y muchas otras colaboraciones son dignas de mención, pero hay una que resalta sobre el resto ya que supuso uno de los capítulos más brillantes del jazz de los años noventa: la que le unió al saxofonista John Zorn, el contrabajista Greg Cohen y el batería Joey Baron en Masada. Este grupo realizó una jugosa actualización del concepto musical del antiguo cuarteto de Ornette Coleman, integrando multitud de elementos klezmer en la música resultante y produciendo una asombrosa colección de grabaciones plenas de expresividad, belleza formal y capacidad de diálogo. Tras diez álbumes en estudio y unos cuántos más en directo, Masada es un proyecto solo relativamente aparcado (de hecho en 2009 se editó un nuevo álbum a nombre del grupo, con el saxofonista Joe Lovano sustituyendo a Zorn).
Bio
Nos hemos lanzado directamente a repasar brevemente la obra grabada de Dave Douglas, pero no estará de más mirar por un momento un poco más atrás y repasar telegráficamente algunos datos de su vida anterior a las grabaciones:
Dave Douglas nació en 1963 y creció en New York. En seguida tuvo claro que quería hacer música, pero le costó un poco decidir de qué manera: empezó tocando el piano a los cinco años, se pasó al trombón a los siete y se topó con la trompeta a los nueve. Estudió armonía durante su adolescencia y se introdujo en el mundo de la música improvisada durante un intercambio estudiantil ¡en Barcelona! Siguió estudiando algún tiempo, primero en Boston (1981-1983) y luego en New York, pero en seguida empezó a tocar activamente y a grabar.
Trompeta
Se acaba el artículo y todavía no hemos hablado del Dave Douglas trompetista. Y creedme, vale la pena hacerlo: como trompetista Douglas es uno de los irrenunciables de su instrumento a finales del siglo XX y principio del XXI. Tiene un sonido liso y sedoso, dulzón, que se deja retorcer y maltratar sin que el resultado resulte cargante. Pero es su técnica deslumbrante lo que más poderosamente llama la atención: Douglas cuenta con un arsenal de recursos expresivos que parece inagotable, muchos de ellos basados fundamentalmente en un absoluto control de la emisión sonora (sobre todo dentro de la propia boca, más que de digitación). Ciertamente es inevitable pensar en Lester Bowie al escucharle, tanto por el uso de este tipo de efectos sonoros como por el sentido del humor que desprende su música y la inabarcable curiosidad que la alimenta.
Coda
Dave Douglas es uno de esos músicos cuyas propuestas tienen siempre el aroma de lo sorprendente, de lo nuevo. Estamos sin duda ante uno de los músicos más refrescantes del panorama jazzístico, un tipo que con su trabajo sacude un poco más la ya de por sí convulsa escena del jazz actual: sin duda representa como pocos esa realidad cambiante y caprichosa, esa túrmix sonora que tan gozosamente espolea la creatividad de los músicos. Y lo mejor de todo: a sus cuarenta y seis años Douglas tiene cuerda para rato, sigue espoleado por esa curiosidad devoradora y esa necesidad de sacar adelante música que nadie ha escuchado jamás.
Ricardo Arribas
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