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Esopus Opus
Ben Perowsky
Esopus Opus © 2009, Skirl
Ben Perowsky (batería), Chris Speed (clarinete y saxos), Ted Reichman (acordeón y piano), Drew Gress (bajo).
Bastante reciente en la memoria su papel en la cachonda Millenial Territory Orchestra, he escuchado este disco por primera vez sin tener ninguna información previa sobre de que iba el asunto, y ha sido un acierto porque me ha sorprendido como hacía tiempo no me sorprendía un disco.
De entrada la formación ya tiene un punto, un cuarteto sin piano ( a pesar de que en los créditos figura el piano, este pasa totalmente inadvertido) y con acordeón, con mucho clarinete y a veces saxo. Le das al play y empieza a sonar algo con un groove pastoso y ya ves que con al acordeón se puede improvisar un solo urbanita que está muy lejos de sonar a música de marinero marsellés.
Y el comienzo del segundo es muy emocionante para aquel que ha escuchado a Hendrix y le gusta. Es una estupenda versión del Manic Depression, Perowski hace de aquella batería fantástica de Mitch Mitchell en el histórico Are you Experienced una máquina brutal tocando lo mismo (o casi) que aquel inglés, pero corregido y aumentado.
Y luego un tema que poco a poco se va revelando como el psicodélico Can You See Me de George Harrison, aquel con sitar del Sgt. Peppers, otro disco icono. Y luego el tema que da título al disco, Esopus Opus. A las primeras de cambio ya te das cuenta que hay sentido del humor. Perowsky parece una orquesta.
El siguiente se llama Perolas y tiene cierto tono entre tanguero y judio, con el lírico clarinete de Chris Speed.
En Nem Um Talvez sí que hay un algo marsellés, pero la máquina de Perowsky sigue a su rollo potente, y lo que está pasando por la zona del contrabajo, acordeón y saxo, triste y solemne, no tiene nada que ver con lo pasa en la zona de los tambores y platos, energético y vital. Atrevido contrastre.
La séptima vuelve a darle un meneo al recuerdo, es el Flying de The Beatles, del psicodélico Magical Mysteri Tour, una fantástica versión por lo sencillo que se lo montan, muy Beatle, si señor.
Y luego Murnau on the Bayou, que es de Perowsky, pero parece una canción popular irlandesa con más años que el respirar. El saxo roto de Spedd le da ese tono tabernario que pide el tema, y el solo de Drew Gress es de los de disfrutar. Present Distance y Red Hook, también estupendas composiciones de Perowsky, cierran brillantemente el disco que le ha salido tan redondo.
Cuando ya lo llevas escuchado unas cuantas veces, y empieza a desprenderse del efecto sorpresa, es cuando sosegadamente puedes reconocer claramente que es un disco que te gusta. Me refiero a mí, claro.
Tocho
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Es facilísimo caer bajo el influjo de esta grabación de Ben Perowsky, la primera que escucho a su nombre y, creedme, no será la última. Esopus Opus se dedica a recrearse en el precioso sonido del cuarteto: clarinete/tenor, acordeón, contrabajo y batería son los instrumentos, sin duda una formación atractiva y original. Pero lo más positivo del disco es que los músicos consiguen trascender esa originalidad inicial y convertirla en música arrebatadora.
Esopus Opus se balancea constantemente en esa suave contradicción: sobrevive a su peculiar instrumentación pero retoza gozosamente en su sonido, en su química. De hecho muchos de los cortes del disco parecen meros apuntes sin desarrollar, como si los músicos quisieran tan solo dejar constancia de las posibilidades que han descubierto para sacarles jugo en el futuro (el contraste instrumental entre Perowsky -en plan resoluto- y el resto de músicos, muy sosegados todos, en Nem Um Talvez; los relajantes efectos vocales en Flying, que te ponen inevitablemente de buen humor). Otras veces el grupo sí se toma su tiempo para ahondar en la música que está interpretando: la funkarra Key Lime, la preciosa revisión del Within You Without You de George Harrison, los aromas de blues arrastrado de Murnau On The Bayou... Solo un corte resulta insulso y carente de fuerza en estas orejas: la versión del Manic Depresion de Jimi Hendrix, quizá a causa del sonido apolíneo y forzosamente dulce del clarinete de Speed.
De todos modos, Esopus Opus trata más del glorioso empaste entre los músicos que de investigaciones musicales concretas o meditadas: la batería precisa y resoluta de Perowsky, el contrabajo noble y profundo de Drew Gress, las cañas discretas del infravalorado Chris Speed y el acordeón magníficamente integrado de Ted Reichman (que a más de uno nos ha obligado a reconsiderar las posibilidades jazzíticas de este sorprendente instrumento) juegan constantemente unos con otros, buscando y encontrando matices sonoros, posibilidades expresivas, gestos y giros que inundan la grabación de riqueza y nuestro salón de placenteros sonidos.
Ricardo Arribas
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