Artículo de • Publicado el 28/08/2010

Bill Dixon: hurgando en el sonido (1/3)

Bill Dixon, uno de los músicos clave del free jazz, declaraba: “Todo mi trabajo es válido porque, a diferencia de muchos otros músicos, sé que en cada ocasión hice todo lo que pude hacer, todo lo que fui capaz de hacer. Jamás tendré que excusarme por ninguno de mis trabajos.”

“Todo el mundo sabe que, cuando toco una nota, la toco de verdad. Si toco una nota, esa nota se percibe, se siente.”

Unas palabras previas

BillDixonPortrait

Bill Dixon falleció en la noche del 15 al 16 de Junio de 2010, en su casa en Vermont, mientras dormía. Hoy hace dos meses. Deja viuda (Sharon Vogel, su compañera de toda la vida), dos hijos y dos nietos… y un vacío sorprendentemente grande en el mundo del jazz. Siempre sentí una simpatía especial y absolutamente irracional hacia este señor, que fue tanto un magnífico músico como un pensador esencial para el desarrollo del free a finales de los sesenta.

Digo que esa simpatía es irracional porque es previa a la escucha de su música y la lectura de algunos (pocos) de sus textos. A veces ocurre eso ¿no? Ves la foto de un personaje, lees algo acerca de él y te prendas de su trabajo ya antes de acceder a él… es más, he de confesar que en mi caso el disfrute de la música de Bill Dixon (hermosa, intrigante pero, para estos oídos, a menudo algo repetitiva) y la identificación con sus pensamientos e ideas son bastante menores que esa simpatía natural hacia la persona que hay detrás.

Para nosotros, aficionados, es siempre triste que fallezca uno de esos seres maravillosos cuya música nos inflama. En el caso de Bill Dixon consuela saber que se trataba de un hombre ya mayor (84 años) con una vida bien aprovechada a sus espaldas, apurada hasta el último momento… tanto es así que su último concierto tuvo lugar el pasado 22 de Mayo en Victoriaville. Allí Dixon presentó nuevas composiciones para su Small Orchestra (con la que ya había grabado el año pasado), y al parecer grabó el concierto con intención de editarlo en un futuro inmediato… no me cabe duda de que el hecho de haber fallecido tres semanas después le ayudará a conseguirlo. Su colega (y músico de la Small Orchestra) Taylor Ho Bynum ha comentado, en referencia a ese concierto, que Dixon estaba musicalmente en plena forma pese a su ya delicado estado de salud. Siempre exigente en lo que a su música respecta, Bynum afirma que “el maestro se podía permitir ser tan exigente porque siempre se negó a comprometer la calidad de los sonidos que tan afanosamente buscó”. En palabras de Dixon durante los ensayos previos al concierto: “¿Sabéis? Podrían arrojar la Bomba mañana, y ser este el último concierto de cada uno de nosotros. Así que ¡tocad en consecuencia!”.

Ese era Bill Dixon.

Unas palabras finales

Bill Dixon en su último concierto. Victoriaville, el 22 de Mayo de 2010.

Bill Dixon en su último concierto. Victoriaville, el 22 de Mayo de 2010.

Se trata de unas palabras finales porque las escribo después de completar al artículo, después de repasar sosegadamente la discografía de Bill Dixon. Me tomo la libertad de colocarlas casi al principio quizá influido por las ideas del trompetista, que siempre antepuso la libertad creadora a cualquier otra consideración (difícilmente estas líneas suponen un acto de libertad creadora, pero a quienes no somos artistas nos toca aplicar esas ideas libertarias a otras actividades más de andar por casa). Sea, pues, este detalle, una especie de homenaje personal a un hombre particularmente notable.

Durante estos dos meses de escucha atenta de su música, Bill Dixon me ha resultado unas veces fascinante, otras incomprensible, otras intrigante, algunas aburrido. Y siempre interesante. Lo cierto es que he gozado más de su música cuando me he desentendido de sus aspectos más concretos para atender a la impresión global que produce. Quiero decir que sus composiciones (tan similares melódicamente a sus improvisaciones) me resultan mucho más enriquecedoras por lo sugerente de la atmósfera que materializan en torno a sí que por su recorrido musical; por eso disfruto mucho más de la música de Dixon cuando no sigo atentamente su discurrir y me centro en dejarme llevar por sus fascinantes juegos expresivos. En ese sentido Dixon propone un mundo musical tan personal como absorbente, y una experiencia singularmente enriquecedora.

BillDixonDe Espaldas

Lo que siempre resulta impactante es el Bill Dixon trompetista: su permanente búsqueda de sonidos profundamente expresivos en los graves de la trompeta (búsqueda que siempre ha trascendido a la propia composición de sus agrupaciones, cuajadas de trombones, tubas y contrabajos) se saldó en seguida con el hallazgo de un sonido personal e instantáneamente reconocible que él siguió explorando durante toda su vida. El tono y la emisión de las frases de Dixon siempre fueron enigmáticamente vocales, siempre tuvieron una asombrosa cualidad humana que acercó emocionalmente su música al oyente… sus incansables experimentos electrónicos (especialmente su adorado efecto delay, del que se sirvió expresivamente como nadie) le abrieron puertas a infinitas posibilidades cuya dificultad jamás le echó atrás, y pueblan su discografía sin desvirtuar ni por un instante la pureza y humanidad de su sonido.

Pero, en el caso de Bill Dixon, tratar de separar al compositor del instrumentista resulta especialmente estéril: no existe tal distinción. Ambos aspectos de su música están definitivamente fundidos en un magma musical hermético en ese sentido y singularmente libre en su búsqueda de la emoción sonora pura.

Los inicios

MobyDick

Nuestro trompetista nació el 5 de Octubre de 1925 en la Isla de Nantucket (un lugar que quienes veneramos el Moby Dick de Melville conocemos bien: ¿escucharía el joven Dixon, de primera mano, las fantásticas historias que se contaban en la taberna “El Surtidor de la Ballena”?).

“Era idílico… siempre podías, estuvieses donde estuvieses, escuchar el rugido del oceáno. Ese sonido siempre estaba allí”.

De todos modos, su familia se mudó a Brooklyn y Harlem en 1932. “Me crié en un entorno muy pobre y muy orgulloso, y lo que siempre me dijeron mis padres fue –William, no tienes por qué hacer nada que no desees hacer-“. Estas valientes y sorprendentes lecciones paternas calaron hondo en el ánimo del joven Dixon, ya lo veréis.

Litografía de Bill Dixon dedicada a Charlie Parker.

Litografía de Bill Dixon dedicada a Charlie Parker.

Dixon volcó desde pequeñito todos sus esfuerzos en la pintura. De hecho cursó estudios y durante toda su vida siguió pintando apasionadamente. La trompeta se cruzó en su camino relativamente tarde, tras su paso por el servicio militar en 1945.

“No quería tocar como Louis Armstrong; quería tocar como Miles, Diz, Kenny Dorham, Fats Navarro, Idrees Sulieman y todos aquellos trompetistas que vi en directo. No fue hasta años después de aprender a tocar que volví atrás y descubrí que sin Louis no hubiese habido nada más”.

Los años cincuenta y sesenta

ConSheep

Dixon se enredó durante los años cincuenta con músicos poco conocidos de Queens y el Bronx, participando en diversos combos durante aquellos años (en 1954 llegó a tocar regularmente ¡¡en un local de Alaska!!). A principios de los sesenta formó un cuarteto con Archie Shepp que, a diferencia de otros grupos suyos de la época, llegó a grabar: «Archie Shepp/Bill Dixon Quartet» (Savoy, 1962) presenta música plenamente integrada en el movimiento free que surgía durante aquellos años, y permite ya apreciar el sonido cálido, rotundo y versátil de Dixon. Esa colaboración con Shepp se prolongó discográficamente en 1964 (Bill Dixon 7-tette/Archie Shepp and the New York Contemporary 5, también para Savoy).

1964 fue un año crucial para Dixon porque en ese año se vio envuelto en la formación de una importante agrupación de músicos (la Jazz Composers Guild) y varios festivales de free-jazz independientes. No es que se viera envuelto, es que fue el principal instigador y organizador de todo ello. Se trataba de hacer algo para solucionar un grave problema práctico (muchos de los principales músicos que estaban investigando nuevos horizontes expresivos –vía freejazz, fundamentalmente- no conseguían ni actuaciones ni grabaciones) y otro, consecuencia de aquel, de índole puramente moral (lo injusto de una situación en que los músicos no lograban vivir dentro de una industria que se alimentaba precisamente de ellos).

“Lo que estaba tratando de transmitir a la gente en la Guild era que teníamos la posibilidad de obtener el control de la música interpretándola únicamente en lugares de nuestra propiedad”. “Ojalá llegue el día en que los músicos comprendan que, dado que ellos hacen la música, ellos tienen el poder sobre ella (…). Nosotros podemos hacer música sin el apoyo de la industria, pero la industria no puede sostenerse a sí misma sin los músicos. Así que nosotros tenemos el poder”.

Círculo de músicos de la Jazz Composers Guild.

Círculo de músicos de la Jazz Composers Guild.

La Jazz Composers Guild la integraban músicos como Bill Dixon, Archie Shepp, Roswell Rudd, Cecil Taylor, Paul Bley y Carla Bley… casi nada. Pero pronto la asociación perdió fuelle operativo, quizá porque gran parte de sus miembros empezaron a grabar y las reivindicaciones “prácticas” del grupo se vieron satisfechas. Dixon era más ambicioso y debió llevarse un buen desengaño: él apuntaba a una lucha más amplia y duradera. No obstante, antes de la desbandada tuvo tiempo de organizar algunos importantes festivales: la October Revolution In Jazz en el Cellar Café y los Four Days In December en Judson Hall, ambos en 1964, son los más conocidos.

Dixon ha participado en pocas grabaciones a nombre de otros músicos, pero hay una absolutamente esencial: Conquistador! de Cecil Taylor. “He conocido a Taylor desde tiempos inmemoriales, y soy probablemente la única persona que no le pide nada, que no le va con gilipolleces, y si hace algo que no me gusta se lo hago saber inmediatamente”. “Lo bueno de Cecil es que si le ofreces música que atrae su atención, él te presta inmediatamente esa atención”.

ConquistadorPlusDisc

«Conquistador!» es una grabación de referencia, la que se relaciona inmediatamente con Taylor en los libros de historia, una experiencia fascinante e insólita en 1967… Dixon responde al torrencial e inabarcable Taylor con sobriedad, concisión y sentido dramático. Conquistador! sigue hoy tan fresco como hace cuarenta años.

Curiosamente, solo una semana después Dixon tuvo ocasión de grabar una obra mayor en su discografía: «Intents & Purposes». Se trata de una obra extraña e intrigante, impregnada de un sólido sentido compositivo y un fresco aroma libertario: Dixon maneja en ella con fluidez sus matizadas construcciones armónicas, creando un voluble movimiento estructural sobre el que los solistas navegan (y bucean) a placer. Es freejazz, sin duda, pero imbuido de un plus de sentido compositivo que lo sitúa a un nivel diferente. Es una lástima que la obra de Dixon en general, y esta grabación en particular, sea tan desconocida: «Intents & Purposes» sin duda merece mayor exposición y reconocimiento crítico.

Bill Dixon y la coreógrafa Judith Dunn.

Bill Dixon y la coreógrafa Judith Dunn.

Un capítulo curioso en la carrera de Dixon fue su colaboración con la bailarina y coreógrafa Judith Dunn, que se prolongó entre 1968 y 1974. El trompetista siempre habló muy calurosamente de esta colaboración, que desgraciadamente no tuvo excesivo eco comercial. Siempre dispuesto a encontrar conspiraciones de la industria contra las formas artísticas (son famosos sus enfrentamientos con algunas discográficas, por ejemplo con Cadence con motivo de la edición de «Collection» en 1985), Dixon comentó, respecto a la escasa repercusión de su colaboración con Dunn, que “la Historia que se escribe es la Historia que se permite escribir”.

© Ricardo Arribas, 2010

 
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Artistas:

Autor: Ricardo Arribas

Nacido en 1972, 44 añazos ya, ha pasado la mayor parte de ellos disfrutando y aprendiendo con la música, si le preguntas te dirá que incluso entendiendo, a través de ella, un poquito mejor cómo funciona el mundo. El hecho de gozar con músicas no siempre mayoritarias le llevó con el tiempo a descubrir otro placer muy especial: escribir acerca de la música, tratar de transmitir y compartir con otros aficionados las sensaciones que le provoca, escuchar con oídos distintos tras haber escuchado/leído las que provoca en ellos... Y en esas anda.

2 Comentarios
  • carlosnavarroacosta@hotmail.com'
    Carlos Navarro 14:16h, 12 abril Responder

    Ricardo, increíble trabajo realizaste. Realmente notable. Le hiciste un gran honor a Bill Dixon. Saludos y gracias.

    • Ricardo Arribas 15:50h, 31 mayo Responder

      Hola Carlos, muchas gracias por tus palabras. El honor es de uno al enfrentarse tan a fondo a la música de semejante monstruo… y un placer, además.

      Y más placer todavía descubrir que alguien valora tan positivamente el esfuerzo… muchas gracias de nuevo.

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