Artículo de • Publicado el 13/10/2010

Bill Dixon: hurgando en el sonido (2/3)

La carrera discográfica de Dixon ha sido bastante irregular siempre, pero en los setenta esa irregularidad alcanzó niveles enfermizos: no se editó nada a su nombre en toda la década. No es que el trompetista no grabase, al contrario, sino que no consiguió poner su música en el mercado.

(Paréntesis: Dixon habla de sus intereses musicales)

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“Siempre quise saber acerca de la música, cómo se hacía, quiénes eran los tipos que la hacían, por qué, cuáles eran los componentes a su disposición de modo que cuando un músico tocaba algo sonaba tan diferente de cuando otro músico tocaba algo aparentemente idéntico.
El músico con quien yo estaba entonces [se refiere a sus primeros pasos como músico] era mayor que yo. Le pregunté qué era un acorde C7, qué significaba, qué le decía ese acorde al músico. Él me miró con la clase de desdén que solo los ignorantes pueden adoptar cuando son presentados ante algo que o bien desconocen o bien saben que no serán capaces de expresar de manera coherente. “¿Qué crees tú que es?”, dijo adoptando la pose señorial que él imaginaba debía adoptar para dirigirse a un inferior. Supe en el acto que aquel músico no sabía nada, del mismo modo que era consciente de que tampoco yo sabía nada. La diferencia era que yo quería saber.”

“He dejado hace tiempo de sentir que la trompeta tiene que estar eternamente apegada a lo que ya ha sido (excelentemente) realizado en el pasado, y que continúa siéndolo, en las manos de músicos increíbles, en el presente. Personalmente, por diversos motivos, no estoy interesado en ese aspecto de la trompeta.
En cambio sí me interesa tratar de encontrar esas otras cosas que me atraen sin saberlo realmente… hasta que me enfrento con el hecho de que están emergiendo de la trompeta conforme voy tocándola. Tengo una visión de cómo empezar a colocar algunas cosas: líneas, texturas, puntos de interrupción rítmica de los sonidos; pero la mayor parte del tiempo me conformo con dejar a los sonidos decidir a dónde desean llegar, qué desean ser, qué cualidades desean tener, sus interconexiones, duraciones y densidades. Trato de estar preparado para forcejear con los elementos que van surgiendo.”

El profesor Dixon

En 1968 Dixon entró como profesor en el Bennington College, en Vermont, donde permaneció hasta 1996. Allí fundó (en 1973) la Black Music Division, entre otras actividades que le convirtieron en miembro esencial del departamento de música.

Edificio Jennings Hall perteneciente al Bennington College, en Vermont, donde se imparten cursos de teoría, historía, composición e improvisación musical.

Edificio Jennings Hall perteneciente al Bennington College, en Vermont, donde se imparten cursos de teoría, historía, composición e improvisación musical. Una geografía esencial en la vida de Dixon.

“Iba a viajar a Europa y decidí trabajar antes durante un año o dos para ahorrar (…) Jamás ahorré el dinero para aquel viaje, ¡todavía trabajo para llevarlo a cabo!”.

De todos modos, ya antes de su ingreso en Bennington Dixon había dado muestras de ser un magnífico maestro.

“Prácticamente todos los trompetistas de cierto nivel vinieron a visitarme en algún punto de su carrera. Hay un motivo para que así lo hiciesen: yo era muy didáctico y organizado”.

“Siempre se me ha dado bien explicar las cosas; es un don que tengo”. “Ciertamente, aunque mucha gente desprecia la enseñanza, son pocos los que pueden abrir todas las puertas del conocimiento por sí solos: casi todo el mundo necesita que alguien le guíe un poco”.

Los años setenta

Quizá su puesto en Bennington le permitía no tener que soportar gilipolleces de la industria musical, y la consecuencia fue que los aficionados tuvieron que esperar a los años ochenta para tener acceso a parte de ese material grabado. En referencia a un trabajo suyo que permanece todavía inédito (Pages As In Pages In A Book), Dixon ha dicho “a lo largo de los años unas pocas discográficas han hecho tibios intentos para editar parte de la obra. Ninguna de ellas, hasta ahora, me ha dado la impresión de ser seria al respecto”.

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En todo caso, «Considerations» (1980) incluye grabaciones de 1972, 1975 y 1976; «Collection» (CadenceJazz, 1985) documenta fundamentalmente actuaciones en solitario entre 1972 y 1976 (posteriormente incluidas en el mastodóntico trabajo «Odyssey»); «1982» contiene también piezas en solitario (grabadas entre 1970 y 1973); y «Opium», firmado por Franz Koglmann, incluye una larga composición de Dixon grabada en 1976 (For Franz).

Asombra especialmente el material grabado por Dixon en solitario durante los años setenta: sin duda no se trata de música apta para corazones que tienden a la dispersión, pero es enigmáticamente entretenida y absorbente, requiere cierta atención pero la obtiene por sí sola, sin necesidad de un esfuerzo consciente por parte del oyente. Son pasmosas la variedad de registros que utilizaba Dixon (aunque claramente le gustaba más soplar en la zona de los graves); la lógica y el sentido que gobiernan la emisión de cada nota; la imaginación con que levanta sus composiciones; la que le sirve para plasmarlas instrumentalmente (que le lleva de pasajes hondos y serenos a arrebatados y emocionantes remolinos de intensidad y volumen)… estas grabaciones son una ventana privilegiada al interior de un músico esencial e inolvidable, no son quizá música para consumir glotonamente pero su escucha atenta resulta una experiencia arrebatadora, inolvidable y terriblemente íntima.

Sería osado recomendar un sextuple cd compuesto casi exclusivamente por música trompeta en solitario (como es el caso de «Odyssey», editado en 2001, donde Dixon reunió todo ese material de los setenta, junto unos pocos cortes posteriores, y una magnífica grabación del trompetista hablando con voz profunda y calma de su música), pero es probable que más de un aficionado temeroso del free se sorprenda ante la profunda humanidad, la discreción, la humildad y la hondura de estas interpretaciones. Eso sí, conviene no tratar de zampárselo de un tirón: estas cosas se degustan mejor en pequeñas dosis.

(Paréntesis: Dixon habla de… bueno, de varias cosas)

“Empiezas desde donde estás. Para escribir una novela no tienes que estudiar a Charles Dickens… eso lo harás a su debido tiempo. De todos modos la tradición te rodea por completo, estás hundido en ella aunque no seas consciente de ello, no puedes escapar de ella ni resistirte. El arte siempre avanza; mi experiencia es que empiezas desde el punto en que ese arte te excita y, si eres inteligente, te preguntarás de dónde salió todo ello.”

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“Una vez superado el shock inicial del surgimiento de algo, una vez todo ello ha sido asimilado, si no hay algo que lo mantenga avanzando hacia adelante tenderá a desaparecer. Este es uno de los motivos por los que algunos músicos rebatimos la idea de qué límites debería tener el desarrollo de esta música, porque si es una verdadera forma de arte no hay límites para ella. No debes preocuparte demasiado al respecto: si algo sin importancia se cuela en una forma de arte desaparecerá de todos modos.”

“La música no surge de mí con facilidad porque siempre estoy tratando de hacer algo que no haya hecho nunca antes.”

“No te limites a lanzarte sin más sobre ello… escucha la nota que estás formando antes de empezar a tocarla. Quiero decir que verdaderamente la escuches.”

“Cuando alguen está haciendo algo, decir [respecto a la música que estamos escuchando] “esto o aquello no resulta interesante”…bien, puede muy bien no ser de interés para ti, pero a no ser que ese artista esté haciendo deliberadamente algo sin interés para sí mismo, ese comentario resulta obviamente injusto.”

The Cloisters, obra de Bill Dixon de la serie Red Dot; sin fecha (antes de 1990); técnica mixta sobre papel;  © Bill Dixon Estate, 2010

The Cloisters, obra de la serie Red Dot; sin fecha (antes de 1990); técnica mixta sobre papel. © Bill Dixon Estate, 2010

“Enfrentarse al arte desnudo es algo que puede resultar temible, incluso para los críticos más astutos, pero todo lo que cualquier artista necesita es lo que el batería Ted Robinson dijo a Ami Baraka en 1965: -Puesto que Dios me ha concedido el deseo de ejecutar los sonidos que siento, lo haré-”.

© 2010 Ricardo Arribas

 
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Autor: Ricardo Arribas

Nacido en 1972, 44 añazos ya, ha pasado la mayor parte de ellos disfrutando y aprendiendo con la música, si le preguntas te dirá que incluso entendiendo, a través de ella, un poquito mejor cómo funciona el mundo. El hecho de gozar con músicas no siempre mayoritarias le llevó con el tiempo a descubrir otro placer muy especial: escribir acerca de la música, tratar de transmitir y compartir con otros aficionados las sensaciones que le provoca, escuchar con oídos distintos tras haber escuchado/leído las que provoca en ellos... Y en esas anda.

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